ÍNDICE DE AUTORES

(Clica en el autor que deseas leer.)

1 José María Bruna

2 Diego Peral

3 César Villellas

 

 

Nº 1) PÁGINA LITERARIA DE JOSÉ MARÍA BRUNA

(Fecha inicio de publicación en esta Web, 13/ 07/ 15)

Índice de artículos:

I) LA PARTIDA DE AJEDREZ

II) Fantasía sobre “Las Meninas” de Velázquez

 

I

LA PARTIDA DE AJEDREZ

                             (Inspirado en un relato de Woody Allen)

Vincent van Hagen e Isaac Maayer vivían en Rotterdam, en el mismo barrio. Amigos inseparables desde la infancia ambos eran miembros de la comunidad judía de la ciudad. Isaac amasó una considerable fortuna. Empezó con un modesto negocio de ultramarinos que con el tiempo adquirió prosperidad por sus buenas dotes de comerciante. Por doquier era sabido que en la tienda de Isaac se podía encontrar de todo, desde lo más necesario hasta cualquier bagatela.

A Vincent tampoco le fueron nada mal los negocios. Su vocación se inclinó más por las finanzas. Manejaba con destreza créditos, hipotecas, captaciones de capital y cualquier tipo de inversión y a veces incluso ejercía como Monte de Piedad.

Víctimas de la persecución nazi tuvieron que abandonar el país con el rabo entre piernas y sólo con lo puesto. Atrás dejaron casa, familia (aunque no mucha porque los dos eran solteros), amigos, pertenencias y un sinfín de recuerdos y vivencias que la intolerancia y maldad humanas convirtieron en tristeza y desazón.

Nos encontramos en las postrimerías de 1945, justo acabada la II Guerra Mundial. Vincent vive pobremente en una habitación como realquilado en un barrio periférico de Rouen. Por su condición de exiliado de guerra percibe una pensión, ínfima, del gobierno francés. Nuestro otro protagonista, Isaac, malvive en Praga en una mísera buhardilla donde durante una buena parte del año los dientes castañean por el intenso frío que hace. Mensualmente, Isaac recibe un giro procedente de Lausana con algún dinerillo justo para la subsistencia. El manuscrito no especifica la identidad del remitente, parece ser que podría tratarse de un sobrino o algún pariente lejano, eso sí, con un alto sentido de la generosidad.

 Los dos amigos se habían prometido amistad eterna, tanto es así que, si por cualquier causa tuviesen que abandonar la patria y emigrar a destinos diferentes, harían lo imposible para que uno diera con el paradero del otro. Bien, pues tal sucedió. Acabada la guerra ambos pusieron manos a la obra y a través de contactos y con la ayuda de las embajadas empezaron a intercambiar misivas.

Un día de especial añoranza, Vincent tuvo una original idea. Temiendo que esta relación epistolar se enfriara, sugirió jugar una partida de ajedrez por correspondencia, de tal forma que, cada carta implicaría un movimiento de la partida. Ni que decir tiene que cada carta sería, además, un pretexto para expresar sentimientos, noticias y experiencias de cada uno.

Veamos cómo se desarrollaron los hechos:

Primera carta.- Querido amigo Isaac:  No podéis imaginaros la alegría que siento al enviaros estas líneas. Hoy he salido a por un poco de comida y ha venido a mi mente el recuerdo de cuando iba a comprar a vuestra tienda. Después salíamos a tomar un café, le dábamos a la sinhueso y arreglábamos el mundo. ¡Ay amigo! ¡Cómo pasa el tiempo! El próximo noviembre yo ya cumplo los setenta. Bien, mi primera jugada es peón-4-rey. Esperando vuestra respuesta, recibid un fuerte abrazo. Vincent.

 Segunda carta.- Muy estimado Vincent: Mi corazón está lleno de nostalgia. Aquí en Praga son las cinco de la tarde, ya ha oscurecido; la electricidad escasea mucho y ahora no hay luz. Os escribo con la ayuda de la llama de una vela; tengo frío, mis manos están llenas de sabañones, pero no importa, cuando tomo la pluma las palabras fluyen de mi mente porque sé a quien van dirigidas. Mañana es sábado. Iré a la Sinagoga y rezaré por Vos. ¡Ah! No debéis quejaros de la edad, yo cumplo los mismos en enero. Mi jugada es peón-4-alfil dama. ¿Sorprendido por mi defensa siciliana?  Esperando la vuestra os saludo afectuosamente.

 Bueno, no quiero cansaros, querido lector, transcribiendo cada una de las misivas, sería abusar de vuestra benevolencia. Lo que sí os digo, es que todas las cartas, sin ser repetitivas tenían un matiz común. Cada una, además del correspondiente movimiento de la partida, llevaba implícita una dosis de nostalgia, anécdotas y también reflexiones e inspirados razonamientos a la altura del más reputado de los filósofos. Eso sí, lo que ambos coincidían a menudo era en la exaltación de los valores de la amistad.

 Habían transcurrido algunos meses y, de pronto, se produjo un hecho insólito. Volvamos a retomar el hilo de esta historia y veamos de qué se trata.

Carta de Vincent.- Estimado amigo Isaac: Hoy, cuando me disponía a abrir la correspondencia, he visto que mi carta del 16 de marzo que contenía mi movimiento número veintidós (caballo-4-rey) había sido devuelta. ¡Oh! ¡Dios mío! Olvidé ponerle el sello. No sé en que debía estar pensando. Os pido mil perdones. Ahora bien, el hecho de que vos no os hubieseis percatado indica una cierta distracción por parte vuestra cuya culpabilidad la atribuyo a la impaciencia. No pasa nada, todos cometemos errores. Así es la vida y así es el ajedrez. Bien, con ya todo aclarado, debo hacer una rectificación. Haced el favor de transferir mi caballo a la cuarta casilla de vuestro rey y quedará todo subsanado. Mi jugada es: caballo come dama. Vincent.

Carta de Isaac.- Esta mañana he recibido vuestra carta relativa al movimiento número cuarenta y cinco. ¿Estáis bromeando? Vuestro caballo hace ya unas semanas que no está en el tablero y vos decís que se encuentra en la cuarta casilla de rey. No, hombre, no. A pesar que se ha perdido una carta esta casilla está ocupada por mi torre, ya que vos carecéis de alfiles. Como sea que tenéis casi todas las piezas bloqueadas os pido que mováis el rey a la casilla cuatro alfil, cosa que me he tomado la libertad de hacer. Dicho esto contraataco con mi movimiento cuarenta y seis: torre come dama y jaque. Creo que ya está todo claro. Isaac.

Carta de Vincent.- He recibido vuestra nota. ¡Esto es kafkiano! ¿De dónde sacáis la torre? La perdisteis en el movimiento treinta y dos poco después de aquel enroque que, dicho sea de paso, fue un fracaso total y el inicio de vuestro declive. Comprendo que vuestra enfermedad os ha afectado mucho y os ha conducido a una pérdida de contacto con la realidad. Sin embargo, podemos reconstruir la partida añadiendo mi movimiento cuarenta y siete, esto es: caballo come alfil. Vincent.

Carta de Isaac.- Estáis haciendo todo lo posible para prolongar vuestra agonía. Resulta harto ingenioso inventarse la pérdida de una carta para deshacer una partida que no tiene ninguna salvación para vos. No habéis sido lo suficientemente caballero como para reconocer la superioridad del adversario. De todas maneras, no me sorprende lo más mínimo vuestro comportamiento. Cuando, en Rotterdam, alguien os pedía un préstamo, le embaucabais con vuestra verborrea y falsas promesas para atacarle después con las garras de la usura. Recuerdo un día a una viejecita que vino a empeñar sus joyas y ejerciendo de Monte de Piedad la dejasteis en la más absoluta miseria. Jugada final: alfil-4-caballo, jaque mate.

Carta de Vincent.- Resulta obvio que la tensión nerviosa constante y la energía gastada para salvar una desesperanzadora situación de naufragio, ha afectado seriamente a la delicada maquinaria de vuestro aparato psíquico. Continuáis siendo un tramposo. Ahora me explico el porqué cada vez que iba a vuestra tienda salía trasquilado y sin un florín en el bolsillo. Vuestras dotes de persona halagadora e incesante conversador distraían al consumidor de mirar la balanza, estoy seguro que trucada. En fin, con el propósito de evitar que vuestro estado mental no se convierta en una enfermedad crónica os propongo jugar al scrabble. Tengo la seguridad que aquí no habrá tensiones. Torre-8-caballo, jaque mate y fin de la partida. Vincent.

                                                                         JOSEMARIA BRUNA

 

II

Fantasía sobre “Las Meninas” de Velázquez

Miro mi reloj, son las tres en punto de la tarde. Es la hora en que, en la capital de España, casi todo el mundo toma su almuerzo. Me encuentro sentado en un banco que hay en la sala de “Las Meninas” de Velázquez en el Museo del Prado. Por suerte no hay nadie en este momento, impera un silencio absoluto, apenas es perceptible el zumbido de una mosca.

El enamoramiento es un estado sublime del ser humano que normalmente se proyecta hacia una persona, pero uno también puede enamorarse de una ciudad, de una obra de arte, de un cuadro. Desde hace muchos años estoy fascinado y siento que el corazón me palpita más de prisa cada vez que contemplo “Las Meninas” y, paradójicamente, mi espíritu entra en una serena calma que eleva mis pensamientos.

Cada vez que visito el cuadro encuentro que hay en él algo nuevo y diferente. Me hago muchas preguntas, me cuestiono que nos quería decir el pintor, ya que toda creación artística tiene ineluctablemente un motivo, un porqué.

Para entrar de lleno en esta obra me encuentro sumergido en una labor de estudio e investigación que me conduzca a averiguar quién era Velázquez, no sólo como pintor sino como hombre, y a la vez, analizar su contexto histórico en la España del siglo XVII, la España de Felipe IV. Mientras iba dando rienda suelta a mis pensamientos y a mis elucubraciones notaba que me pesaban los párpados y mis ojos se iban cerrando poco a poco, en el lugar reinaba una placentera penumbra, sentía un voluptuoso sopor y a la vez una intensa paz interior.

No sé si había transcurrido mucho tiempo cuando alguien, a mi lado, me iba dando golpecitos en el hombro. Al abrir los ojos me percaté, totalmente sorprendido que Velázquez había desaparecido del cuadro, sólo quedaba el dibujo de su silueta. Estaba sentado a mi lado y serenamente me dijo:

¡Hola!

Pero, maestro, ¿eres tú? ¿Cómo es posible? – respondí yo estupefacto.

Sí hombre, sí. Soy yo. Son tantas las veces que has venido a visitarme y es tal tu devoción por mi obra que he pedido a los dioses y a Su Majestad que me dejen salir unos instantes del cuadro. Supongo que tendrás muchas preguntas que hacerme.

Tantas preguntas, maestro, que ahora tengo la mente confusa – dije yo – pero, ¿por qué yo?, ¿por qué me otorgas este privilegio?, no soy historiador del arte y en cuestiones de pintura mi conocimiento es ínfimo, soy nada más que un mero transeúnte, eso sí, algo meditabundo, que se pasea efímeramente ante la belleza.

No importa, amigo mío – continuó Velázquez – me interesan también puntos de vista distintos de los que iluminan al profesional. Quiero que aflores tus sentimientos. Abre tu alma, te escucho.

Creo que esta pintura – así empecé mi discurso – es la culminación de toda una carrera, de una evolución constante en tu estilo pictórico. Desde tu infancia y primera juventud en Sevilla que desarrollaste un estilo naturalista con una iluminación tenebrista influenciado por Caravaggio y pintabas entonces bodegones y motivos religiosos hasta que Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, propició que te mudaras a Madrid para ser pintor de cámara del rey. Creo que alli se fraguó otro Velázquez.

Ahora pintas mucho más veloz que antes, con el minimo número de pinceladas, pues no se necesitan más, ni siquiera dibujas, pintas “alla prima”, atacas el vacío del lienzo y suscitas el cuadro, incluso eres tan osado que dejas espacios sin pintar, el color de estos espacios es el color de la tela. No sé si fue la influencia de la visita de Rubens a España o tus dos viajes a Italia los responsables de esta metamorfosis…

Las dos cosas – interrumpió el genio – Rubens, en el tiempo que estuvo conmigo facilitó mi íntima liberación en el sentido que pude sacudirme el provincialismo que imperaba en la vida española a pesar de que aún España era el poder preponderante del mundo. Él fue quien influyó y me alentó para que viajara a Italia, adivinó mi deseo de desprenderme un momento de España y ver otroas tierras. Aunque en todas partes el arte había acabado de imponerse como un nuevo poder social sobre las clases directoras, sólo en Italia era una realidad pública que andaba por las calles y formaba parte de la atmósfera. De ahí que todo artista se sintiese ciudadano de Italia y como un desterrado fuera de ella.

Del último viaje a Italia del pintor llega a mi memoria el recuerdo de una curiosa anécdota. Al cabo de dos años de estancia en aquel país y visto que no tenía intención alguna de volver, Felipe IV escribió de puño y letra a su embajador acuciándole para el pronto regreso de Velázquez, pues ya conocéis su flema – decía el monarca – y que sea por mar, y no por tierra, porque se podría ir deteniendo y más con su natural. Eso si que lo sabemos con certeza, Velázquez era la personificación de la parsimonia.

Volviendo al cuadro que nos ocupa, maestro – proseguí yo – es obvio que se trata de un retrato de familia de Felipe IV, pero me atrevo a decir que no es una estampa realista en el sentido de enfatizar lo tangible o lo material, ya que las figuras ostentan más bien propiedades cercanas a lo fantasmagórico. Es una pintura fuera de lo ordinario con la clara intención de maravillar al espectador. ¡Y vaya si lo has conseguido! La pregunta es ¿qué esperas demostrar? ¿qué sucede dentro del estudio en que tu pintas? El grupo de personas del interior del cuadro es interrumpido por algo que sucede fuera de los límites del cuadro.

Me ha gustado tu argumento – dijo Velázquez – pero ahí queda tu opinión, un artista nunca te explicará lo que quiere representar sino la obra no tendría sentido. ¿Para qué compone un poeta si luego debe ser traducirlo a otra manera de decir?

De acuerdo, maestro, pero ¿sabes lo que me ha resultado más entrañable del cuadro? Situas en primerísimo plano y a tamaño natural a la infanta Margarita de Austria, la alegría de Felipe IV y tuya también y que por aquel entonces debía tener unos cinco años. Si, no lo niegues, el monarca quería que fuese la heredera al trono y tú como confidente y amigo íntimo del rey también lo deseabas…de pronto el maestro  enmudeció bajó cabeza.

Maestro, ¡estás llorando!

Si, ella fue la niñita de mis ojos, de muy pequeña se había convertido en una pieza importante para los Habsburgo y pronto fue prometida a su tío materno, Leopoldo I, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Presentía que tendría un final infeliz y desgraciado.

Velázquez, efectivamente tuvo una premonición, a la princesa la llevaron a Viena para desposarla con Leopoldo I. Murió a los veintiún años a consecuencia de un parto.

No sabes las veces que la he pintado…

Pensé en aquel momento en los retratos de la pricesa que podemos contemplar en el Kunsthistorichesmuseum de Viena.

…venia a mi estudio, siempre con sus damas de compañía, le gustaba ver como pintaba y com la pintaba a ella. Alguna vez me acariciaba la mejilla y me decía – Diego, ¿de verdad soy tan bonita como el cuadro? No, alteza, sois mucho más hermosa que lo que puedan expresar mis pinceles. Sois la más bella.

Mi emoción era indescriptible Velázquez era seco, malencólico i taciturno, un homdre aparentemente frío, que jo, carente de sabiduría artística había ahondado en su ternura..

Debo regresar al cuadro, amigo mio, però quiero que tengas un recuerdo de mí. Anda, súbete la manga hasta el antebrazo.

Obedecí de inmediato. El genio tomó un pincel y me dibujo una Cruz de Santiago.

Había perdido la noción del tiempo, cuando abrí los ojos todo estaba como al principio, al lado tenía un grupo de japoneses escuchando las explicaciones de un guía. ¡Qué sueño tan apasionate! Parecía tan real….

Me fui a la oficina a proseguir mi jornada laboral junto con mis compañeros venidos a la capital de varios lugares de España. Al terminar la tarde fuimos al hotel donde nos hospedábamos. Dado que todavía era pronto para cenar alguien propuso:

¿Qué os parece si vamos al spa a remojarnos un poco?

Acuerdo unánime. Estábamos charlando tranquilamente cuando uno se fijo en mí y me dijo:

Oye, ¿Quién te ha hecho este tatuaje?

Miré la parta posterior de mi antebrazo y estuve a punto desmayarme cuando me di cuenta que llevaba dibujada la Cruz que Santiago. Me quede perplejo, no sabía que decir ni que contar, no encontraba ninguna explicación racional, todos me miraban pendientes de mi respuesta. Después de una pausa, al fin me decidí y exclamé:

¡Velazquez!

En todo el recinto estalló la risa hasta que alguien soltó:

¡Muy buen sentido del humor, compañero, te has quedado con todos nosotros!

JOSEMARIA BRUNA

30 abril 2017

 

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Nº 2) PÁGINA LITERARIA DE ISRAEL GRASES

(Fecha inicio de publicación en esta Web, 1 de agosto, 2015)

 

 

I

LA FABULOSA CAPACIDAD DEL CEREBRO PARA CAMBIAR

 Empezaré por hacer unas consideraciones previas, para tratar de centrar la cuestión.

Se considera como normal incluso beneficioso que un niño cambie de opinión con frecuencia. —Solo recordar que entre los 0 y los 9 años de vida aproximadamente el denominado periodo crítico, es cuando el cerebro del bebe-niño, absorbe la información que se le facilita sin el menor esfuerzo—. También es admisible por la sociedad que lo haga un adolescente, pues está en el proceso de autoafirmación y creación de una personalidad propia —en neurología se dice que es en esa fase de la vida en la que se produce la mayor poda de sinapsis, siendo solo aquellas que utilizan y se crean las que sobreviven desarrollándose con mayor intensidad—. Pero esta tolerancia al cambio deja de existir cuando se pasa a la edad adulta; ya que los convencionalismos y normas rígidas de la sociedad, coartan la libertad del cambio de opinión de las personas, aduciendo que al ser mayor y poseer criterio propio, le invalida para modificarla*.

 Ahora quisiera poner en consideración la ductilidad y plasticidad del cerebro humano a lo largo de toda su vida, ya que es capaz de crear nuevas redes neuronales con actividades tan cotidianas como lavar los platos, mantener una conversación o aprender un idioma nuevo. Por no mencionar la capacidad auto regenerativa que desarrolla en casos de afectaciones de alguna de sus áreas —véase los estudios de científicos especialistas en neuro-regeneración cerebral como Bárbara Arrowsmith, Álvaro Pascual Leone, o V. S. Ramachandram.

Puesta de manifiesta esa capacidad de cambio a nivel cerebral, quisiera incidir en un aspecto que no por sabido es menos importante. El poseer la capacidad de poder variar su opinión, no es sinónimo de que la emplee, puesto que, y volviendo a la cuestión del cambio de parecer, remarcar que como se ha demostrado en la crisis que estamos viviendo. Ha habido muchos casos que al creer que el mundo no cambiaría nunca a lo largo de su vida, se han encontrado totalmente descolocados, al no ser capaces de adaptarse a los nuevos parámetros, por tener unos mapas mentales muy estáticos —aquí solo recordar que entre las muchas definiciones de inteligencia que existen, en una de ellas se señala que: Fue la forma de adaptarse a los cambios que se producían en el ambiente, la que hizo que unos individuos sobrevivieran en detrimento de otros—. Soy consciente de la dificultad que entraña el escuchar, leer o ver opiniones opuestas a la que uno tiene predeterminada de antemano, pero al tiempo pienso que mientras éstas, estén expresadas de forma ponderada, no solo serán beneficiosos a la hora de ampliar puntos de vista, sino que podremos saber lo que razonan nuestros antagonistas y por consiguiente, tendremos más argumentos a la hora de rebatirlos.

Permítanme que concluya con una consideración personal, a medio camino entre la pregunta y la reflexión.

¿Se han planteado la posibilidad de que aquellas personas que son incapaces de cambiar de parecer, en realidad lo que expresan con esa aptitud es una gran inseguridad en si mismas, puesto que creen que si cambian de opinión perderán la razón esencial que les dan sentido a sus vidas?.

 Esta última consideración nos podría llevar a otra discusión.

 Isra.

* Esto llevado a nivel cosmológico, es la teoría del universo estático de Albert Einstein (1879-1955), cuando hoy se sabe que es dinámico.

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Nº 3) PÁGINA LITERARIA DE DIEGO PERAL

(Fecha inicio de publicación en esta Web,  14/08/15)

 

 

LA GUERRA, NADA TAN HUMANO   

                                                          I

                              La naturaleza de lo vivo

Aunque a primera vista, parece una obviedad, el principio fundamental de todo lo vivo es SEGUIR VIVIENDO, SER ETERNO; lo vivo aborrece a su contrario: la aniquilación, la nada. Toda la Naturaleza es una expresión constante y sin descanso de sometimiento a estos principios.

Todo lo vivo es un sistema dinámico abierto al medio que le circunda, que por existir dentro de un ambiente hostil y en perpetuo cambio, está sometido a un permanente desequilibrio, aunque su constante vital es alcanzar el equilibrio, al que llega –SIEMPRE TEMPORALMENTE– una vez ha satisfecho sus necesidades de agua, alimentación o reproducción.

El hombre es un animal más y al igual que ellos está sujeto a las exigencias y leyes de la Naturaleza, aunque el avance de la tecnología nos haga pensar lo contrario. Nuestro anhelo es vivir en  una sociedad equilibrada  porque cuando hay equilibrio, hay paz, a la que solo se llega si reina la justicia; la injusticia genera des-igualdad, ésta lleva a las sociedades a la tensión, que a su vez hace, aflorar el odio, y de aquí, el re-sentimiento y el rencor, y consecuencia final: ¡LA VIOLENCIA!

Los humanos somos una especie con una gran sociabilidad, pero al igual que cualquier otra especie animal, interactuamos con nuestros semejantes en la lucha por el control de recursos siempre insuficientes. Somos egoístas a nivel individual pero al mismo tiempo altruista con el grupo al que pertenecemos, por eso seguimos luchando en conflictos que se pueden considerar tribales.

El hombre ha evolucionado desde grupos pequeños en la prehistoria a hordas, comunidades, ciudades, países, imperios….Cada vez nos agrupamos en entidades más grandes,-naciones actuales, CEE, OTAN..-, pero somos incapaces de estabilizar esas formas de gobiernos de forma permanente, quizás porque somos seres contradictorios sometidos a la confrontación que genera la bipolaridad de los opuestos. El conflicto está en nuestra estructura cerebral; nuestras emociones y sentimientos son una permanente manifestación de orgullo, agresividad, competitividad, ira, tribalismo, valentía, empatía, amor, patriotismo… Somos seres esencialmente IN-ESTABLES, como lo  es la Naturaleza de la que somos partes.

Nuestros pensamientos, sentimientos y actos son productos de infinidad de emociones in-conscientes que nos tienen secuestrados; solo nos comprendemos de un modo parcial, nuestra mente no está al servicio de la VERDAD sino al servicio de la supervivencia, y lo fundamental es la imposición a los demás de nuestra visión del mundo, y aquí se debe entender, no solo lo material, sino también nuestras ideas, religiones y conceptos políticos.

Es llamativo que en la ciencia y la tecnología, el progreso es siempre acumulativo, pero sin embargo, en la política y en la ética, es cíclico. Desde el desorden avanzamos hacia un mayor orden, pasado un tiempo, entramos en una fase de descomposición  de éste y consecuentemente aparece el caos y retrocedemos; aparece  de nuevo  un mayor orden que crece y crece….., y volvemos a retroceder; y así, en un bucle circular que siempre se repite.

 

                                               II

                  La ambivalencia de la ciencia

La tecnología, producto de la razón humana pero al mismo tiempo al servicio de nuestra supervivencia, nos ha llevado a una superabundancia de recursos que han mejorado de forma increíble nuestras vidas, pero también a que estos inventos al adueñarse  de nuestras vidas, nos permiten controlar y expoliar recursos siempre escasos-tierras, agua, etc- y someter a los demás imponiéndoles ideologías, formas de vida y religiones.

A más  tecnología, más capacidad productiva y mejoras en la vida de las personas, pero también más poder destructor y guerras más sangrientas.

La Edad Moderna, denominación histórica que define la entronización de la ciencia en la sociedad humana, presenta la contradicción de habernos llevado a un mundo de abundancia, y al mismo tiempo, a una inmensa capacidad de destrucción sistematizada; el caso más  significativo ha sido la existencia de  los campos de concentración nazis, donde se procedió a la eliminación masiva de seres humanos aplicando la misma metodología de gestión de una empresa, cuya razón es la búsqueda de la máxima eficiencia y productividad al servicio  unos objetivos predeterminados, en este caso matar a la mayor cantidad de seres humanos al menor coste posible.

Al servicio del poder, el nacionalismo, la religión, las ideas y el dinero, la tecnología se transforma en una palanca al servicio de nuestra naturaleza egoísta y contradictoria. Hoy un  tercio de las órdenes de compra de las Bolsas del mundo, se deciden informáticamente, según unos parámetros que no tiene en cuenta lo mejor para la estabilidad de las sociedades humanas, sino solo el dinero.

                                              III

          La guerra: ¿Algo natural? ¿Algo humano?

La guerra consiste en enfrentamientos entre grupos humanos. Su propósito en la antigüedad era controlar,  expoliar recursos ajenos como la tierra, el agua, etc. Actualmente también para imponer ideologías, religiones y sometimiento.

Es una experiencia universal y común en todas las culturas, épocas  y países. Es un tema que han abordado muchos pensadores:

-La guerra es el origen de todo (Heráclito)

-El ser se revela a sí mismo como guerra (Levina)

-la guerra es el componente primordial del ser (Kant)

-La guerra es la lucha de clases (Marx)

-La guerra es la selección natural (Darwin)

El estado en el que los hombres viven en paz no es natural, porque la guerra está dentro de lo más íntimo de la naturaleza humana, que como en todos los seres vivos lucha por conseguir las mejores posibilidades para destacar, sobrevivir e imponer su concepción del mundo.

La guerra nunca desaparecerá, porque es la confrontación de los opuestos.

Desde el principio de la historia registrada hasta nuestros días, se calcula que han existido dos o tres guerras por año.

Los momentos más decisivos de los cambios en la historia de la humanidad se han producido en las mas destacadas batallas y matanzas: Salamina, Cartago, Lepanto, Constantinopla, Waterloo, Stalingrado, Hiroshima, y en estos días, la desestabilización de la ribera sur del Mediterráneo por el nacimiento del estado islámico.

Es paradójico que el ser humano busca sin cesar la paz y la felicidad, y sin embargo, la guerra es un hecho normal que a pesar de producir dolor, destrucción y sufrimiento, no se puede eliminar. Kant decía que la guerra es necesaria porque su propósito es el avance de la Historia. En la guerra, el espíritu de supervivencia alcanza su grado máximo, y por ello, se producen los mayores progresos de la humanidad consecuencia del ímpetu por ganar y sobrevivir que estimula y dinamiza al hombre.

“La guerra es un principio generador que engendra el despertar“. (Heráclito)

Mientras los grupos humanos tengan condiciones de existencia tan variadas, la guerra seguirá existiendo. Solo la uniformidad de las culturas, lenguas, religiones y modelos políticos, podrá eliminar la tensión que genera la diferencia y causa confrontación y  violencia en un movimiento constante y repetitivo de la historia. Parece como si lo vivo, en este caso, las sociedades humanas, estuviera sometido a las mismas reglas que las leyes físicas en las que  fuerzas opuestas en contacto, tienden siempre a anularse, sea esta tensión mecánica, diferencia de potencial eléctrico, eliminación de diferencia  de temperatura entre cuerpos y líquidos  que se ponen en contacto, etc.

La guerra, la confrontación que busca la imposición de una visión del mundo con el dolor, muerte y destrucción que le acompaña, no sería un suceso habitual  y recurrente si no estuviera en sintonía con la naturaleza humana. Hay que admitir, sin duda, que la guerra forma parte de nuestro modo NATURAL de ser.

Si como se ha dicho por los filósofos citados, la guerra engendra el cosmos- nuestro mundo-; si el ser se revela como guerra, como tensión dialéctica; si el estado natural es la guerra, es porque ésta forma parte inevitable de nuestra existencia.

¿Dónde está el poder de la razón del homo sapiens? A pesar de los 17 millones de muertos  y 21 millones de heridos de la Primera Guerra mundial, solo 25 años después desencadenamos la Segunda, que esta vez, se cobró 80 millones de muertes y mucho más destrucción, consecuencia  del mayor poder letal de las armas debido al progreso de la técnica.

Solo en la década de los 90, ha habido guerras en Afganistán, Sudán, Ruanda, Angola, Bosnia, Guatemala, Liberia, etc, etc. Y mejor no pensar en el incremento de una tensión cada vez mayor que está cercando a los países europeos.

A pesar de la certeza del sufrimiento que se generan por las guerras, ninguna de las partes implicadas quieren o pueden detenerlas porque su inercia es irresistible, y quizás, como digo, al igual que en los fenómenos físicos, una vez desatada la dialéctica de la tensión, solo puede ésta eliminarse mediante la confrontación inevitable que anula cualquier consideración racional, ¡nuestra supuesta cualidad por la que nos damos el título de rey de la creación!

El general Sherman, decía que la guerra es crueldad y no puede ser refinada, y a pesar de ello, hoy y ayer, la guerra fascina y embriaga a los hombres. Decía Kant que dentro de la guerra hay una belleza de otro orden.

La guerra es la manifestación máxima del caos que pueden soportar las sociedades humanas y  provocan situaciones que son inimaginables en cualquier otro acontecimiento que pueda vivir el hombre, a quienes transporta a un estado que cuando se sienten inmersos en ella, les provocan la inmersión en la barbarie  y les volatiliza  la racionalidad.

La guerra confiere “un sentido especial” a la vida, es un sustituto de la religión, pues en la confrontación con la muerte y el caos, eleva la vida a un estado de excepcionalidad e importancia máxima.

Decía Whitehead que el estado excepcional en el que el hombre se encuentra en la guerra, lo introduce a la inmanencia, a la percepción de lo infinito, de lo excepcional que es la vida.

Las religiones  monoteístas, Yavhé, Jesús, Ala,  son ramas de una sola raíz de la que cada una de ellas se siente única y verdadera hija; todas predican que la verdad, es solo su verdad, y su dios, el único verdadero, con lo que está servida  la confrontación en el tiempo pasado, presente y futuro.

                                 IV

                                    Conclusión

Religión, ideales y concepción de un modelo de mundo- religión, bandera, nación, razas, concepciones políticas- activan en las sociedades humanas unas energías guerreras producto de la dialéctica de los contrarios.

La guerra es un acontecimiento primario implícito dentro de la condición humana que confirma el principio más fundamental de todo lo vivo y fuerza motriz de la evolución: EL INSTINTO DE CONSERVACIÓN DE LA VIDA QUE QUIERE SER ETERNA.

Diego Peral, Sitges, 2015.

 

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Nº 4) PÁGINA LITERARIA DE CÉSAR VILLELLAS

Email: cesar.villellas@yahoo.es

(Fecha inicio de publicación en esta Web, 10/05/16)

CUENTO Nº 1: "4 DE 8 BESTIAL"

CUENTO Nº 2: "PROBLEMAS DE IDENTIDAD"

César pertenece a la “Colla Jove de Castellers Sitges.

www.jovedesitges.cat

 

 

 

CUENTO Nº 1

  César Villellas  4 DE 8 BESTIAL

Los cuatro gorilas subieron sobre la pinya y se cogieron.

—¡Los pies más cerca del cuello!—le decía un  rinoceronte a su segon.

—¡A ver, mi baix que dé un paso hacia la derecha!—gritaba Copito de Nieve, como se  conocía a uno de los gorilas por su cabello blanco.

—No.  ¡Hacia la otra derecha!—repetía Copito, con una  sonrisa en los  labios.—¡Y un pasito adelante!

—¡Así, así está bien!

—¿No está demasiado abierto?—preguntaba otro de los gorilas  a  sus compañeros de piso.

—Tal vez un  poco.  Pero trabajémoslo así. Ahora se cerrará con el  peso—opinaba otro.

—Sacad culo,    que  si   no, os descuadraréis—gritaba este último a las cebras que hacían de agulla.

Mientras, las jirafas que con la cabeza hacían de primeres  mans de los baixos, ya  no estaban alineadas y  empezaban a murmurar flojito  con los  osos que hacían de laterals.

—¡Silencio en la pinya!—ordenaba el camello, desde la posición de vent de delante.

—¡Terços sobre la  pinya!— gritaba la cabra que no paraba de dar vueltas alrededor de la pinya.

—¡Quarts, quintsdosos, sobre la  pinya!—iba ordenando la cabra.

—¡Terços, arriba!

Los tres   tigres y la gacela cogieron impulso sobre la cabeza de la  jirafa respectiva y subieron sobre los gorilas.

—¡Más  suave,  terços!. ¡Que no somos  personas los que estamos aquí abajo!—se quejaba una de las jirafas.

— ¡Quarts, arriba!—gritaba la cabra. Dos  pumas y  dos panteras iban remontando poco a poco  los pisos  hasta colocarse.

Los elefantes levantaban la  trompa  y empezaba a sonar la música del toc de castells.

—¡Bien,   bien!—gritaba  la   cabra, animando a los castellers—¡Está muy  bien!

—¡Quints, arriba!

Los  cuatro  zorros remontaban  suavemente a los  segons, a los  terços y  el  piso de quarts para alzarse al mismo tiempo.

—¡Dosos, arriba!—ordenó la cabra.

A pesar de la delicadeza con la que subían los dos pingüinos el castell empezaba a moverse. En la plaza solamente se escuchaba el sonido de los elefantes. Todo el mundo tenía el alma en vilo.

—¡Empuja!—pedía una jirafa al hipopótamo que tenía detrás

—¡Mi izquierda!—gritaba un gorila—Apretad!

El camello y el oso de aquella izquierda apretaban todo lo que podían.

—¡Empujad! ¡Empujad más!—pedían a los que tenían detrás.

Las leonas, que hacían de crosses, sudaban a mares bajo los rinocerontes.

—Sube un poco—les pedía alguno de ellos.

La ardilla ya estaba colocada sobre los dosos y el koala, que había ido subiendo poco a poco, empezaba a hacer los tres pasos finales.

La música de los elefantes anunciaba que el koala estaba a punto de hacer la aleta. Los castellers de la pinya —que nunca ven sus castells— apretaban los dientes. La pinya era un Arcoíris con los colores de los diferentes zoos que se habían sumado a la pinya para ayudar.

Finalmente, el koala hizo la aleta y la plaza estalló de alegría. Mientras, jirafas, osos y camellos intentaban parar a los gorilas que se movían constantemente. Un tigre estaba demasiado inclinado hacia adelante. A quarts, los pumas y las panteras mantenían la distancia como podían mientras que en el piso de quints los zorros se habían separado demasiado.

—¡Bien, bien!—Se escuchaba gritar a la cabra—¡Está muy bien!

—¡Aguantad, aguantad!—chillaba un caballo que hacía de araña alrededor de la pinya.

El koala y la ardilla ya habían salido y los pingüinos empezaban a bajar. De los nervios, a uno le resbaló la pata, pero el zorro que tenia debajo lo paró muy bien. El castell tuvo una sacudida, pero aguantó.

Los pingüinos también estaban fuera ya y los zorros habían iniciado el descenso. El público empezaba a creer en el milagro.

—¡Así, así! ¡Fuertes! ¡Terços, mantened la distancia!—iba diciendo la cabra sin parar de trotar alrededor del castell.

Los zorros estaban fuera y pumas y panteras resbalaban ya la pata por la espalda de los terços para llegar rápidamente a la pinya.

Solamente quedaban los tres tigres con la gacela y los cuatro gorilas. Los cuatro primeros se lanzaron sobre la pinya más que bajar. Uno de los tigres, de pie sobre la pinya, alzaba la pata en señal de victoria y lo acompañaba de un potente rugido.

La plaza era un clamor. Todo el mundo gritaba y lloraba de alegría.

Los gorilas se dejaban caer de espaldas sobre la pinya que los abrazaba y recogía en un mar de lágrimas y gritos. Una histeria colectiva había estallado. Abrazos, besos, gritos de alegría. El koala y la ardilla trotaban a lomos de un caballo. La cabra reía a hombros de un oso.

Finalmente, todos los castellers se unieron y empezaron a saltar y cantar:

¡Y JOVE! ¡Y JOVE! ¡Y JOVE, JOVE, JOVE! ..... ¡Y JOVE! ¡Y JOVE! ¡Y JOVE, JOVE, JOVE!

                                                                          César Villellas

                                                                            21-08-2014                                          

  

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Esta obra se escribió originalmente en catalán. Versión que adjunto a continuación.

 César Villellas  4 DE 8 BESTIAL

Els quatre goril·les van pujar a sobre de la pinya i es van agafar.

—Els peus més al coll!—li deia un rinoceront al seu segon.

—A veure, el meu baix que faci una passa cap a la dreta—cridava Floquet de Neu, com es coneixia a un dels goril·les pel seu cap blanc.

—No. Cap a l’altre dreta!—repetia Floquet, amb un somriure als llavis.—I entra una mica!

—Així. Així està bé!

—No està massa obert?—preguntava un altre dels goril·les al seus companys de pis.

—Potser una mica. Però treballem-ho així. Ara es tancarà amb el pes—opinava un altre.

—Traieu cul, que si no us en passareu—cridava aquest últim a les zebres que feien d’agulla.

Mentre tant, les girafes que amb el cap feien de primeres mans dels baixos, ja no estaven alineades amb la rengla i començaven a remugar fluixet amb els óssos que feien de laterals.

—Silenci a la pinya!—ordenava el camell, des de la posició de vent del davant.

—Terços sobre la pinya!—cridava la cabra que no deixava de donar voltes al voltant de la pinya.

—Quarts, quints i dosos, sobre la pinya!—anava ordenant la cabra.

—Terços, amunt!

Els tres tigres i la gasela van agafar impuls sobre el cap de la girafa respectiva i van pujar sobre els goril·les.

—Més finets, terços!. Que no som persones els que estem aquí a baix!—es queixava una de les girafes.

—Quarts, amunt!—cridava la cabra.

Dos pumes i dues panteres anaven remuntant a poc a poc els pisos fins a col·locar-se.

Els elefants aixecaven la trompa i començava a sonar el toc de castells.

—Bé, bé!—cridava la cabra, animant els castellers—Està molt bé!

—Quints, amunt!

Les quatre guineus pujaven suaument els segons, els terços i el pis de quarts per aixecar-se al mateix temps.

—Dosos, amunt!—va ordenar la cabra.

Tot i la delicadesa amb què pujaven els dos pingüins, el castell començava a remenar. A la plaça només se sentia el so dels elefants. Tothom tenia l’ai al cor.

—Pit!—demanava una girafa a l’hipopòtam que tenia darrera.

—La meva esquerra!—cridava un goril·la—Apreteu!

El camell i l’ós d’aquella esquerra empenyien tot el que podien.

—Pit! Més pit!—demanaven.

Les lleones, que feien de crosses, suaven a dojo a sota els rinoceronts.

—Puja una mica—els demanava algun d’ells.

L’esquirol ja estava col·locat sobre dels dosos i el koala, que havia anat pujant a poc a poc, començava a fer les tres passes finals.

La música del elefants anunciava que el koala estava a punt de fer l’aleta. Els castellers de la pinya —que mai veuen els seus castells— apretaven les dents. La pinya era un Arc de Sant Martí amb els colors dels diferents zoos que s’havien afegit per ajudar.

Finalment, el koala va fer l’aleta i la plaça va esclatar d’alegria. Mentre, girafes, óssos i camells intentaven parar els goril·les que es bellugaven constantment. Un tigre estava entrat de pit. A quarts, els pumes i les panteres mantenien les mides com podien mentre que a quints les guineus s’havien obert massa.

—Bé, bé!—Se sentia cridar a la cabra—Està molt bé!

—Aguanteu, aguanteu!—cridava un cavall que feia d’aranya voltant la pinya.

El koala i l’esquirol ja havien sortit i els pingüins començaven a baixar. Dels nervis, a un li va relliscar la pota, però la guineu que tenia a sota ho va parar molt bé. El castell va tenir una rebrincada, però va aguantar.

Els pingüins també eren fora ja i les guineus havien iniciat el descens. Alguns a la plaça ja començaven a creure en el miracle.

—Així, així! Forts! Terços, aguanteu la mida!—anava dient la cabra sense parar de trotar al voltant del castell.

Les guineus estaven fora i pumes i panteres lliscaven ja la pota per l’esquena dels terços per arribar ràpidament a la pinya.

Només quedaven els tres tigres amb la gasela i els quatre goril·les. Els quatre primers es van llençar a la pinya més que baixar. Un dels tigres, dret a sobre de la pinya, aixecava la pota en senyal de victòria i ho acompanyava d’un potent rugit.

La plaça era un clam. Tothom cridava i plorava d’alegria.

Els goril·les es deixaven anar d’esquena sobre la pinya que els abraçava i recollia en un mar de llàgrimes i crits. Una histèria col·lectiva havia esclatat. Abraçades, petons, crits d’alegria. El koala i l’esquirol trotaven a llom d’un cavall. La cabra reia a coll d’un ós.

Finalment, tots els castellers es van agafar per les espatlles i van començar a saltar i cridar:

I JOVE! I JOVE! I JOVE, JOVE, JOVE! ..... I JOVE! I JOVE! I JOVE, JOVE, JOVE!

César Villellas Bona

Sitges, 21-08-2014

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CUENTO Nº 2

PROBLEMAS DE IDENTIDAD

    Capítulo 1. Los recuerdos

No tengo ningún recuerdo de mis padres ni de nadie de mi familia. A veces, incluso dudo de que alguna vez la haya tenido. Tampoco es que los eche en falta. Porque no se puede echar en falta lo que uno no ha tenido o al menos cree no haber tenido nunca. Únicamente me cuestiono por qué no tengo ningún recuerdo al respecto.  

 Pero no es solamente con mi familia, también me pasa con mi infancia. No recuerdo mi época de escolar. Aquel viejo profesor que nos las hizo pasar canutas o aquella joven maestra de la que acabamos enamorados. Todos aquellos recuerdos se han evaporado de mi mente. Ni siquiera recuerdo al que debió ser mi mejor amigo. Aquel compañero de viaje en el descubrimiento del sexo opuesto y del que acabas separándote al llegar a la universidad. Porque supongo que fui a la Universidad, ya que tampoco guardo ningún recuerdo de ello.

 Las imágenes que conservo en mi memoria son siempre las mismas. Unos pingüinos. Concretamente cinco. Siempre en la misma posición. Como en una foto. Con el mismo fondo blanco de siempre. ¿Qué significan estos pingüinos en mi vida? Siempre los mismos, allí, estoicos, con su mirada perdida en el infinito. Seguro que se trata de algún mensaje que soy incapaz de descifrar.

Y por delante de mis cinco compañeros y de forma esporádica, me veo a mí mismo. Pero solamente de cintura para arriba. Como si un mago me hubiese cortado por la mitad en uno de sus mejores trucos. Me veo joven, rondando la treintena. Pero siempre me veo haciendo básicamente lo mismo: afeitarme, peinarme, ajustarme la corbata. Es como si solamente recordase los momentos previos a alguna cita. ¿Qué diablos me debió suceder en esa cita que la he borrado de mi memoria? ¿Por qué no recuerdo más que los preparativos? ¿Tiene alguna relación con los pingüinos?

Pero lo más desconcertante es que a veces me recuerdo como una mujer. Morena de piel. Pelo largo y rizado. La edad también rozando los treinta. Y no solamente eso, sino que además mi aspecto de mujer cambia de vez en cuando: pelo largo y rubio sobre unos hombros blancos como la nieve. Blancos como el paisaje de fondo de los pingüinos.

¿Por qué? ¿Por qué a veces hombre y a veces mujer? ¿Cuál de los dos soy en realidad?

En los largos momentos de soledad con mis cinco picudos compañeros, he pensado largo y tendido sobre mi doble personalidad. O triple, según como se mire. Pero no hallo explicación que dé luz a mi loca existencia.

Capítulo 2. La mudanza

 Es temprano. No más de las ocho de la mañana. El camión aparca en la zona reservada para él, justo delante de la puerta de la casa. Los cuatro operarios se apean y mientras el jefe de la cuadrilla se dirige a la puerta, los otros tres inician los preparativos: cuerdas, mantas, cajas de cartón.

Todo a punto. Como siempre. Como cada día de lunes a viernes. Como en cada mudanza.

El jefe llama a la puerta. Ding dong. Una mulata de pelo largo y rizado abre la puerta. ¡Por Dios, qué buena que está!, piensa el jefe. Pero su rostro no refleja sus pensamientos. Es un profesional. La mudanza de ayer fue en casa de una anciana cascarrabias, pero él se mostró igual de amable y simpático. Detrás de ella aparece el marido. Apuesto, de unos treinta. Bien afeitado y con corbata. 

— Adelante – dice ella.

 Inspección experta de la vivienda. Cuatro habitaciones, un baño, cocina y comedor. En total unos 90 metros cuadrados.

— Señora, ¿hay que vaciar completamente el piso?  

­— Sí. Nos lo llevamos todo.

— ¿Los muebles del baño también?

— Solamente el espejo. La cortina con los cinco pingüinos no hace falta.  La dejamos aquí.

                                                                                                         César Villellas 24/03/2011

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Nº 5) PÁGINA LITERARIA DE

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