Maria José Robledo

Datos de la autora: Nació en Valencia de Alcántara (Cáceres) y ahora reside en Mataró.

 

 

Esclava en el silencio

 

¿Recuerdas cuando te dije:

Te amaré hasta la muerte?

Aquel día no pensaba

que yo lucharía en el frente,

Que serías mi enemigo

al que yo juré amor;

al que le daría la vida y pediría perdón.

 

Me anulaste por completo

Heriste mi corazón

Los golpes no me importaban,

sólo quería tu amor.

 

Qué será lo que Dios concede.

Qué don, para amarte así.

Qué venda pone en los ojos

para dejarnos sufrir.

 

No he ganado la batalla

y me siento derrotada.

No quieres dejarme sola

Aunque  tú ya no me amas,

 

Quieres seguir maltratándome,

viendo que  mi vida acaba,

muriéndome en el silencio

como si fuera tu esclava.
 
NO LO GUARDEMOS EN EL OLVIDO
 
Yo te he pintado Señor
con lágrimas en mis ojos
y dolor en el corazón.
 
Pero en cada pincelada, tu me distes el valor,
de pintarte esa corona de espinas.
Y esas gotas de tu sangre,
me destrozaron la razón.
 
Recordando que sin entrañas
te juzgaron,
por tú repartir amor.
 
¿De que ha servido Señor,
que tu vida te quitaran
para subir a los reinos
llevando ahí nuestra carga?
 
¿De que ha servido tu dolor,
siempre callado sufriendo
y hasta el día de tu muerte,
perdón tu vas repartiendo?
 
Señora de la soledad
cuanto tú habrás sufrido,
sintiendo en tus entrañas
como mataron tu hijo.
 
Un pedazo de tu vida
el se ha llevado consigo,
con la fe y esperanza
que todos en este mundo
fuéramos hermanos y amigos.
 
Y parece que este mundo
te ha dejado en el olvido,
pero los que te queremos
siempre estaremos contigo.
  
María José Robledo.
2008

 

 

 

 

 

   

 

  

OLVIDAR O RECORDAR

 

Palabras que de tus labios,

me sabían tan dulces,

como la caña de azúcar.

 

Pero ahora, ya estás lejos

y para olvidarte,

las tengo que transformar

en palabras de amor,

que suenen huecas y vacías.

 

 Palabras sin alma,

sin  esperanzas y sin vida.

 

Tus palabras de amor,

las recuerdo viejas,

cansadas de tanto oírlas.

 

No te buscaré,

para no encontrarte,

y no te encontraré,

para no amarte.

 

          Un día
 
Cuando puedas contar las estrellas,
entonces me tendrás.
 
Cuando alcances la luna,
será cuando me querrás.
 
Cuando el sol se oscurezca,
y el mar perdiera la sal,
entonces solo entonces,
sería posible que yo te pudiera amar.
 
Ahora todo es rutina,
todo me da igual
la costumbre ha conseguido,
llegar a esta frialdad.
 
Si un día nos amamos,
no lo puedo  recordar,
ha quedado en el olvido,
muy lejos se encuentra ya.
 
                     María José Robledo

         

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