Carmen Gónzalez

Datos de la autora: Granadina. Vive en Barcelona.
 
Sobre la luz de los focos,
sobre la Alhambra, danzan
esos antiguos cipreses.
Dejando en la luz de la luna
destellos de esa dulzura
en el frío de enero;
en el jardín de una fuente,
de un surtidor, donde
el tiempo reposa lentamente...
¡Jardines de Granada,
al ritmo de una fuente,
en el olor de los geranios,
con el color morado de sus lunas!
 
Noches hay, Úbeda, como ésta
cuando, tras la agonía mística
del jardín, ese jardín que aún encierra
requiebros,
dulces trémulos de inquietada angustia
bajo el aroma íntimo de esas flores
y arbustos... condenados aún ellos
al silencio,
ese espectral que lame aún
la piedra, con sus torres infinitas...
quisieras susurrar lentamente tu misterio.
Y, aún quieta, avariciosa,
fantasean tenuemente, en medio de sus fachadas,
glorias, poemas,
escondiéndose nuevamente en ese ambiente
sobrecogedor, recelos
de lo que fue:
sobre mansas violetas, sobre fuegos ancestrales,
toques de alarma:
vendimias pasajeras,
juegos de antiguos danzarines,
y alguna dama que aún se esconde entre esos sueños
de inmortales estirpes.
Llena de todo ese gozo,
esbelta aún de belleza
parece gemir al recorrer sus calles,
malezas,
latiendo fugazmente, desterrada
desde torres infinitas, antiguas cúpulas,
sobre el terco silencio: sobre el claro del agua
cayendo aún entre esas fuentes.
 
...Yo me quedo
con tus goces, con tus roces
que se esconden
sobre unos cuantos montones.
No te pido
que me mientas, que me cuentes,
son tus ojos
los que encuentro en las tinieblas
de mis ojos,
que se encuentran de repente
en las sombras
reposando en dulce sueño
tan ajeno,
cuando de puro contento
que me diste
que no siento ni padezco
la dulzura
de un nuevo pensamiento.
Son tan fuertes
las estrellas que me invaden
que las penas
van tejiendo en los telares
del deseo
como un sueño blando y suave,
queda abierto
y en el aire entre tus ojos
el aliento...
 
Sostenida luz
del último diciembre
nacías sobre la niebla
del sueño de siempre.
Solitaria voz
de antiguos sueños fuertes
volvías a la crema pálida
de solemnes nieves.
Inquietada boca
del último de diciembre
sostenías la trémula
fuente, de quieto sereno.
Traspasada nostalgia
de principios de enero
buscabas doble boca
entre triples huecos.
Preparabas las inquietas
lámparas de niebla
contemplabas los fuegos
con desdeñosa fuerza
dormitabas en el suelo
entre ocasos sueltos.
Amanecida presencia
de fulgurantes besos.
Sostenida luna
ya a principios del sueño.
 
Porque se que reconoces mis pasos
respiro tus pisadas
en esa ciudad nueva que me acoge,
no pasan los días ni las noches
tan solo los fantasmas
que reciben las cartas derramadas
Serena ya la noche me sonríe
y suelta las espadas
de aquella batalla ya consumida
Esta ciudad me mira y me llama
y me ofrece en sus fuentes
su imagen, bajo un rumor adyacente
Solitarias las calles recorridas
la luna amanecida
duerme sobre el espejo de tus brillos
No son noches de lucha, solo miran
de sereno despertar
en donde siempre, en blancas alquerías
 
Dulce palomar en la mañana
cuando tras las rejas contemplaba
las horas que, ciegas, no pasaban
subiendo y bajando la ventana.
Suave palomar que me atrapaba
mi primera mirada asustada
que con infantiles telarañas
armaba y desarmaba la estancia.
Sueños pequeños entre guirnaldas
entretenían esa mirada
y cuando sonaba la campana
en fila de la mano acababan.
Era aquella casa imaginada
un pequeño sueño de miradas
que aleteaban atrapadas
sin querer y sin más, olvidadas.

 

   

 

 

Pudo ser que la noche
con sus mayores misterios
hiciera olvidar una palabra
en forma de destello.
Y a modo de impresión
olvidaras la rota monotonía
en pos de cálidos paisajes
palabras contenidas.
Pudiera ser también
que te recordase a estrellas
que en medio de la espesura
variasen las hojas de color
Y de nuevo mantenidos
los sueños juveniles
abrigara la casa sus destinos.
 
Escucha el tiempo tus pisadas
en aguas encharcadas
al caer.
Contempla el raso destemplado
de sueños estancados
al verter.
Mira la mañana helada
que protege tus pasos
al nacer.
Al agua de nuevo sonríes
y miras tras la plaza
al volver.
Caminas de nuevo sentada
aumentando la mirada
para ver
nos parece el tiempo de siempre
cayendo de repente
por mi sien.
Y ahora sueñas de otro modo
envuelta en el recuerdo
por mover
aquellos sueños que sin duda
caían en la bruma
sin querer.
Y la noche se apacigua
ardiendo de ternura
en la piel
anunciando tristes dudas
de sueño derretidas
para ser
nueva sombra en el silencio
que camina entre tu sueño
a través.
 
Escucha el silencio de los patios
de aquellos días dormidos
cuando todo lo que había
era más, y estaba fundido
en la vida misma de cada día
que con claro aroma volvía
y todo quedaba reducido
a una aula, un lápiz, y un sitio,
al lado del tuyo, y a unas risas
que siempre estaban alertas
entre su reducida vida.
Esperan aún en silencio los patios
el murmullo de aquellos días
temblando tras sus bordes helados
con solicitud de una visita.
Y nada ha cambiado sino el tiempo
que recorre las noches y los días
que quiero reclamar, inesperado
la espesura de sus avenidas.
 

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