DIÁLOGOS DE CARMEN BARCELONA

Por CARMEN BARCELONA LÓPEZ

(Fecha inicio de publicación en esta Web, 22/ 10/ 14)

ÍNDICE DE PUBLICACIONES

-DIÁLOGO DE DOS HERMANAS
-PREPARACIÓN.
-DOS PEQUEÑOS INDIOS
-HISTORIA DE LAS PERDICES

 

 

 

I

DIÁLOGO DE DOS HERMANAS

Por CARMEN BARCELONA LÓPEZ        

(Octubre- 2014)

                             Protagonistas:

         Mariluz, la hermana mayor.

         Juliana, la otra hermana, un poco sorda.

 (En una provincia de Granada en el patio, un día por la mañana empieza una conversación. La hermana Juliana, tiene el oído un poco sordo y es más joven que su hermana Mariluz. Juliana está sentada en una silla repasando unos calcetines, mientras canturrea por lo bajito una canción de su tierra.)

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 Mariluz: Buenos días por la mañana. ¡Qué hermoso está el cielo! Ya está aquí la primavera y no hace nada de frío.

 Juliana: ¿Qué estás diciendo?

 Mariluz: (Levantando la voz.) Que ha llegado la primavera.

 Juliana: Bueno, bueno, chica no grites tanto que no soy sorda.

 (Hay unos momentos de silencio, mientras Mariluz arregla unas flores.)

 Mariluz: ¡Hermana! ¿Qué quieres que prepare para comer, patatas con judías tiernas o macarrones y carne a la brasa?

 Juliana: ¿Qué me estás diciendo?

 Mariluz: (Gritando otra vez.) ¿Que qué quieres para comer?

 Juliana: Vale, vale, que no soy sorda; no grites tanto. ¡Mira! Ya lo he pensado. Para cenar, unas sopas de ajos y pescadito frito.

 Mariluz: (Poniéndose las manos en la cabeza.) ¡Dios mío! ¡Dios mío! Le pregunto por la comida y me contesta por la cena. ¡¿Qué voy a hacer con mi hermana?!

 Juliana: (Sin darse por enterada.) ¿Oye, hermana, no me cuentas nada de su novio?

Mariluz: Quizás, sí; quizás, no. Cosas de novios… Estamos enfadados.

 Juliana: Bueno, pues así tendrá dos cosas que hacer: La de enfadarse y la de desenfadarse.

Mariluz: ¡Tú eres muy picarona, querida hermana! Ahora no grito y me escuchas a la perfección… ¿Qué pasa, que me tomas el pelo?

Juliana: ¡Perdona! ¡Perdona! Es que depende de donde sopla el viento. Espera que voy a buscar la trompetilla. No te enfades conmigo, que sólo te tengo a ti y tú eres mi hermanica y nos queremos mucho. ¿Verdad?

Mariluz: ¡Vale! ¡Vale! Ya veo que estás hecha toda una granujilla…

Juliana: No puedo repasar estos calcetines, que con estos agujeros parece que los ratones se los han comido, porque tengo hilo blanco, marrón, gris; pero justo el que necesito, el color marino, es el que me falta,

(Juliana coge su guitarra y con alegría se pone a cantar: ¡Viva Sevilla y Olé! ¡Viva Granada! Su hermana Mariluz se emociona.)

¿Qué te pasa, hermana querida, estás triste?

Mariluz: Sí, Juliana, el pensamiento, los recuerdos y la familia…

(Se abrazan cariñosamente.)

                                         Fin del diálogo.

 

II

PREPARACIÓN

                             por Carmen Barcelona López

(Noviembre- 2014)

 Personajes:

(Ernesto es el novio de Anita y es muy tímido. Anita tiene dos hermanas, Ángela, Andrea y dos amigas, Juana y Teresita. Su madre es la señora Petra.

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Petra: Anita, hija, tu novio me pone nerviosa. Me quiere explicar una cosa y parece que habla con evasivas. No lo entiendo parece tont…

Anita: Mamá, Mamá, por favor, ten paciencia ya sabes que es muy tímido. ¡Mama! ¿Sabes dónde están mis hermanas?

 Ángela y Andrea: Estamos aquí. Ya sabes que siempre estamos a punto para hacer teatro.

 Ernersto: ¡Qué suerte que os encuentro a las tres! Os tengo una sorpresa. He conseguido un local. Es de aquí del barrio, muy amplio con ventanas para que entre el aire y las ideas.

 Anita: No te olvides que en la escena, tengan un pael nuestras amigas Juana y Teresita. Búscales un guión que sea gracioso y optimista… ¡Ya tengo ganas de empezar a ensayar!

Ernesto: Anita, cariño, estoy elaborando el guión. Tienes que ayudarme. Todo parece fácil, aunque hay unos matices y otros detalles que tenéis que aprenderos de memoria y actuar con toda naturalidad.

Petra: Supongo que iréis a otro sitio; porque aquí en tu habitación, todo al final queda patas arriba. Hijas, ayuden a vuestra hermana. Este novio de Anita, nos va a volver locos a todas.

Ernesto: Tengo que hablar con Juana y Teresita. Una tiene que hablar con acento francés y la otra  italiano. Será muy divertido. ¡Ya verás como lo lograremos!

Juana: Sí, Teresita, yo te habaré en francés: “Si vuplé, madam y mesie, con selevelebú… mersi bucó”.

Teresita: ¡Ay, amiga! Perdona que me ría. A ver qué palabras digo yo en italiano: “Per favore, señorino caribinieri, presto, píccolo. Sole mío, peiotrini”

Anita: Explícate de qué van estas escenas.

Ernesto: ¡Como te lo haría entender! ¿Tú recuerdas la historia de la Torre de Babel? A ver, sitúate en este lado… Tus amigas con sus vestidos tan bonitos y ellas tan guapas, en frente…  Y tus hermanas, junto a ti, a la derecha…

Anita: A ver, a ver... ¿Qué has querido decir con eso de que mis amigas son tan guapas?

Ernesto: Por favor, Anita, no discutamos y no le busques las tres patas al gato que ya sabes que tiene cuatro. Tú serás la que dirigirá la Torre. Tengo visita con los decoradores… Hay mucha faena por hacer. ¡Chata, bonita, deséame suerte!

                                         Fin del diálogo.

 

III

DOS PEQUEÑOS INDIOS

Carmen Barcelona López

(Diciembre, 2014)

 A principios del siglo XV los indios navajos que vivían en su territorio con sus costumbres y sus quehaceres, a la atardecer el Jefe encendía su pipa y sus hijos y toda la familia con todo el poblado se reunían y charlaban de cosas pasadas. ¡Qué agradable sosiego se reflejaba en el ambiente!

Un poco más apartado jugaban los más pequeños bajo la mirada atenta de las madres, para que no alejasen del lugar. Pero en un pequeño descuido los dos amigos “Lucero de la tarde” y “Arroyo claro”, tomaron una senda por que querían ver por su cuenta qué había detrás de las colinas. Anduvieron mucho rato. Vieron una pradera con hierba verde. Flores amarillas silvestres y amapolas de varios colores. Todo les parecía tan bonito… Al ver todo aquello, “Arroyo claro” dijo a su amigo que cuando volvieran al poblado, lo contarían todo.

Empezaba a oscurecer y estaban fatigados… Se dejaron caer en el suelo al pie de un gran árbol para descansar. La noche cubrió el cielo y las estrellas aparecieron. Cantidad de lucecitas brillantes y luceros. Ante aquella maravilla. se quedaron dormidos.

Cuando amaneció y despertaron los dos amigos, todo resplandecía. El aire olía a romero y orégano. La preocupación de los padres buscándolos por todo los lados iba en aumento y cuando por fin, los vieron venir gritando de contentos, que habían visto las estrellas, la Luna y la noche, los padres se olvidaron de reñirlos y las respectivas familias los llenaron de besos y abrazos.

Fin del relato.

 

IV

HISTORIA DE LAS PERDICES

Carmen Barcelona López

(Octubre, 2014)

 

Personajes:

La cocinera Greta.

Ayudante de cocina, Felisa.

El mayordomo, Rufino.

El señor de la casa, Alejandro.

Su hijo, Sebastián.

Un amigo del hijo, Carlos.

(En las afueras de la gran ciudad, una espléndida mansión, rodeada de un hermosos jardín.)

ALEJANDRO: Por favor Rufino, prepárame el traje de color gris claro, que el chico, bueno mi hijo, vendrá con un amigo a cenar.

RUFINO: Señor, el traje tendrá que ser el de color veig; porque el gris está en la tintorería, pues que en la parte del cuello había una mancha muy sospechosa.

ALEJANDRO: Bueno, vale, no me des tantas explicaciones.

SEBASTIÁN (dando órdenes a la cocinera): Mira, Greta, después del primer plato, que será una sopa ligera, nos haces unas perdices, que tú sabes muy bien aliñarlas, que nos chuparemos los dedos; porque vendrá Carlos, mi compañero de la Universidad. Por favor Greta, no te pases con el que tiene que ser una cena tranquila y seria.

GRETA: Lo que usted mande, señor. Voy a buscar a Felisa para que vaya a comprar las perdices.

FELISA: Si quiere que compre perdices, yo sé dónde comprarlas que son muy buenas y hermosas.

GRETA: Cuando las compres, las limpias y las pasas un poco por el fuego, para quitar la pelusilla que siempre queda.

FELISA: No te olvides de encender el horno, que eres joven y muy despistada. Pon las hojas de laurel, un poco de pimienta negra, el chorrito de vino que a todo le da su gustito. El aceite virgen que no falte.

GRETA: Gracias por nombrar el vino. Ahora mismo voy abajo a la bodega y cogeré una botella. (Aparece con la botella y se toma un trago y, al mismo tiempo, a las perdices les pone un buen chorro de vino.)

                                                + + +

(Unos minutos más tarde.)

GRETA: Felisa, ya está todo preparado. La mesa con el mantel que tanto le gusta al señor. ¿Sabes de qué material es la sopera?

FELISA: Claro que lo sé. Es de porcelana; como las tacitas de tomar el café. ¡Amiga, no le des tanto al vino y aprende más!

RUFINO (entra en la cocina): A ver mujeres, de aquí a media hora, vendrá el señorito y su amigo Carlos y la sopa tiene que estar en su punto. Y las perdices… ¡Qué olorcito más bueno que echan! Un olor que alimenta...

GRETA (saca la bandeja de las perdices del horno y se da cuenta que un ala se quedó pegada y medio rota. Se toma un trago de vino y dice a Felisa): ¿Qué te parece si nos comemos el ala rota que queda muy feo?

FELISA: Sí, lo que tú digas. (Ella, también se toma un traguito de vino.) Oye esta perdiz queda muy mal con una ala sola. (Greta y Felisa, como tardan en venir, se comen lo que queda de la perdiz.)

GRETA: ¡Te das cuenta? La hemos cogido con los dedos. ¡Qué sabrosa!

FELISA: Sí, amiga, el pollo también se como con los dedos y está rico, rico.

ALEJANDRO (entra dando órdenes): A ver, Greta y Felisa pónganse los delantales tan bonitos que les regalé en las Navidades. Ya oigo el coche, seguro que son ellos. Voy por el cuchillo para afilarlo con la piedra.

GRETA Y FELISA: ¡Ay, Dios mío! ¿Qué hacemos? ¡Estamos perdidas! (Temblando y muy nerviosas.)

(Entran Sebastián y el amigo Carlos.)

SEBASTIÁN (a su amigo): Mira, Carlos, te presento a Rufino, nuestro mayordomo. Y aquí nuestras guapas y estupendas cocineras. Mientras os saludáis, voy por mis zapatillas que me duelen un poco los pies.

RUFINO: Señorito, yo sé dónde están. (Salen los dos.)

GRETA: Oiga joven, aquí está pasando una cosa muy horrible. Hay un hombre con intención de matar al señor Carlos. (Mira por la rendija de la puerta y ve el cuchillo. Le da pánico y aprieta a correr, piernas para qué os quiero.)

(Aparece el señor y al mismo tiempo su hijo Sebastián.)

ALEJANDRO: ¿Qué, entramos ya al comedor para la cena?

GRETA: Señor, señor, si no lo veo no me lo creo. Carlos, el que parecía un buen amigo, en un momento de descuido ha cogido la perdiz. ¿Ve cómo corre? Ya está pasando la puerta del jardín. ¡¡Vaya pillo el amigo del señorito!!

Fin

 

 

 

 

         

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