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  CIENCIA Y COSMOS

La presente página destaca todo aquello noticiable en el mundo de lo científico-sofialógico, con el único fin por mi parte, de aumentar la admiración por lo sublime y, con ello, la reflexión personal.

Nota.- Algunos de estos artículos han sido publicados en la sección de esta Web "LEER REVISTA", que dada su transitoriedad mensual, son eliminados. De ahí la necesidad de esta sección "CIENCIA Y COSMOS", que los mantiene para todos aquellos que tengan necesidad de su lectura o análisis posterior con mayor tiempo. Los trabajos de esta sección son todos originales del que escribe, Santiago Salcedo. Trabajos que pongo a disposición de todos sin ninguna limitación de derechos de autor. Las fotografías, en cambio, han sido bajadas de Wiquipedia.

 

        Índice de temas:

              (Para elegir, un clic en la palabra Página)

             Página nº 1: Nuestro planeta

                 Página nº 2: El Hombre de Vitruvio

                 Página nº 3: La cara de Marte

                 Página nº 4: Un punto en el infinito

                 Página nº 5: Tierra y Luna

                 Página nº 6: ¡De nuevo La Tierra!

                 Página nº 7: ¿Agujeros negros?

                 Página nº 8: La soledad de un planeta.

                 Página nº 9: Bosón de Higgs

                 Página nº 10: Espiral de Arquímedes y...

                 Página nº 11: Del fin del Mundo y otras Hªs.

                 Página nº 12: Fermión de Majorana.

                 Página nº 13: A vueltas con lo cuántico.

                 Página nº 14: La edad de lo que no tiene edad.

                 Página nº 15: Democracia, realidad y mito.

                 Página nº 16: ¿Quién impulsa a quién?

                 Página nº 17: Agujeros negros (Ortodoxia y hetero...)

               Página nº 18: Determinismo en la física clásica...

                 Página nº 19: Carta a un potencial mecenas de hoy.

                 Página nº 20: Fundamentos de Hª de la estética.

                 Página nº 21: REFLEXIONES BREVES (Nueva sección).

 

 

 

 

Página nº1: Nuestro planeta

Al contemplar el planeta Tierra alejado a una distancia aproximada de 45.000 Km., mi reflexión personal, fue el siguiente poema: 

Desde aquí arriba,

¡oh, Tierra mía!

no se oyen

ni las ideas contrapuestas

ni los insultos feroces.

Nada trasciende más allá

de tu azulada piel.

Desde aquí arriba,

¡oh Tierra mía!

sólo muestras al universo

tu faz tranquila.

Piadosa,

disimulas las torpezas infantiles.

Las de los niños grandes:

los humanos.

 

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Página nº 2: el Hombre de Vitruvio

 

Diario Eco de Sitges. Isidre Roset, resumen de la conferencia:

"Del Hombre de Vitruvio al infinito Cosmos."

 Desarrollada por S. Salcedo el 28 de abril de 2011 en el "café del Art".

 (Tertulia Bohemia de "El Retiro", Sitges)

 

 

"El Hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son". Con este pensamiento, Protágoras, filósofo griego del siglo cinco antes de Cristo, Santiago Salcedo inició, el jueves pasado 28 de abril la conferencia audiovisual que era la continuación de la que impartió el pasado enero en el mismo ámbito de los encuentros bohemios semanales en el café del Arte de la Sociedad Recreativa El Retiro de Sitges.

 

"La existencia absoluta (o totalidad) es un punto rodeado de infinito". Este es un pensamiento de su libro de "Aforismos y Pensamientos" publicado por la editorial Visión Libros. Santiago Salcedo se remitió a su anterior conferencia para retomar su interpretación filosófica heterodoxa. Mediante la figura del hombre de Vitruvio, de Leonardo Da Vinci, nos aleccionó sobre la relatividad de lo que llamamos ciencia y de la constante renovación que se produce a través del pensamiento filosófico, motor de la humanidad y del progreso actual y futuro.

 

Vitruvio fue un arquitecto romano del siglo primero antes de Cristo que escribió sobre la arquitectura y del cual apareció el volumen X durante el período renacentista. La figura del hombre de Vitruvio dibujada por Leonardo Da Vinci y conservado actualmente en la Galeria de la Academia de Venecia, fue la referencia a partir de la cual Salcedo desarrolló su disertación. El hombre como medida de todas las cosas, el ombligo como centro del cuerpo enmarcado en un cuadrado y también dentro de un círculo. La ciencia necesita medidas, el cuerpo humano aporta un canon, es decir, una proporción y una relación de datos imbricados unos con otros. Por ejemplo: La longitud de los brazos extendidos es igual a la altura de un hombre; el inicio de los genitales marca la mitad de la altura del hombre; etcétera... Con esta imagen, Santiago Salcedo quiso dar a entender que tanto en el arte como en la ciencia se da una constante innovación de la que se hace cargo la filosofía, que por decirlo con un símil material sería el disparador que arrastra el mundo de las ideas hacia la física y la interpretación de este mundo, más allá del área limitada de las cuatro paredes de un laboratorios. Así Nicolás Copérnico sentó las bases para Galileo Galilei y fue el embrión de las teorías de Isaac Newton. Lo mismo Albert Einstein avistó un campo de investigación posible que formuló en sus teorías de la relatividad concretadas en la teoría especial de la Relatividad de donde ha partido la actual conocimiento de la física estadística y de la mecánica cuántica.

 

Tuvimos de nuevo la oportunidad de alejarnos desde nuestro entorno más cercano hasta una dimensión enorme de manera gradual gracias al montaje visual que Salcedo nos tenía preparado. Y después, como en el cuento de Alicia en el país de las maravillas, nos hicimos pequeños hasta llegar a extremos impensables, más allá de los átomos, comprobando el orden que rige todo este sistema macro y micro-cósmico. Salcedo también quiso demostrar que a lo largo de la historia de la ciencia han planteado argumentos muy razonables que después se han destapado como irracionales.

Manifestó su admiración por el poco reconocido astrónomo catalán Josep Comas i Solà, investigador pertinaz, o por filósofos como René Descartes que anteponía la duda como principio de conocimiento absoluto.

 

El infinito es un concepto que el hombre no puede comprender. Los tertulianos trataron de embalar ese gato escurridizo de Schrondinger. Salcedo planteó de nuevo sus teorías en torno a su obra de investigación: Ontofísica; pero el tiempo se nos lanzó encima e inexorable, nos obligó a poner fin a tan interesante velada.

                                                                                                          Isidre Roset i Juan.

 

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Página nº 3: La cara de Marte

      

          "La cara de Marte": Un error mayúsculo.

 El conocido "rostro marciano" de tres kilómetros, resultó ser una

meseta, según han confirmado las fotos de la NASA.

 

 

Esta primera fotografía que se mostró de esta aparente formación rocosa en la superficie del Planeta Rojo data de 1976 y dejaba ver una cara en la superficie del desierto del planeta. Muchos lo interpretaron como una figura que supuestamente habría esculpido una presencia inteligente que habitaba el planeta marciano.

También hubo quienes acusaron a la agencia espacial de los EEUU de practicar una política de secretismo y desinformación, debido a que la imagen difundida tiene defectos en la ampliación fotográfica causada por el sistema de compresión y extraños efectos en el ángulo de la luz solar. Las sombras creadas en el observador ofrecen la ilusión de estar visualizando ojos, nariz y boca.

El fin de este mito llegó recientemente (2.010) con una foto tomada de la formación rocosa, hecha con la cámara de alta resolución HiRISE (High Resolution Imaging Science Experiment), que equipa el Mars Reconnaissance Orbiter. Resultado: el 3D muestra simplemente una meseta rocosa de tres kilómetros de largo y varios cientos de metros de altura, ubicada en la región de Cidonia, donde se cree que en el pasado remoto se encontraba un posible mar.

Al final, siempre es la “ciencia” la que va acabando con los mitos. Tras esta afirmación axiomática, se deduce que aquellos que están en contra del conocimiento físico de las cosas, lo están porque viven del mito o están en él, sin saberlo.

 

 

 

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Página nº 4: Un punto en el infinito

 

Un punto rodeado de infinito: La Tierra.

 

 

Ese puntito insignificante marcado por una flecha en la foto, cercano a los anillos de Saturno, es nuestro planeta Tierra a 1.2821800.000 km.  Es para reflexionar y encontrar ridículo y absurdo que nos pasemos todo el tiempo, desde los mismo orígenes de la llamada especie humana, enfrentados hasta la muerte por montones de tonterías.

Con un referente tan concreto (¡lo que hubieran dado los filósofos-astrónomos del pasado por tener algo parecido!), ¿cómo puede seguir pensando alguno hoy, que nuestro insignificante planeta Tierra tiene alguna transcendentalidad especial, más allá de la misma que tienen todos los cuerpos celestes y no celestes en una existencia total y absoluta?

(Foto tomada en 2004 por la sonda Cassini-Juygens, una nave espacial automática).

 

 

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Página nº 5: Tierra y Luna

 

 

TIERRA Y LUNA A VISTA DE "PÁJARO"

(

Foto: NASA/JPL-Caltech

    La sonda Juno de la NASA en viaje hacia las afueras del sistema solar, fotografió el planeta Tierra con su fiel e inseparable "hermano menor", la Luna, cuando la sonda Juno estaba a una distancia de unos nueve millones y medio de kilómetros de nuestro planeta. Otra imagen para reflexionar y contemplarla cada uno de los 7.000.000.000 de seres que viven y se incordian en ese punto blanco más brillante de esta fotografía, y sobre todo, para que no nos olvidemos de lo poco que somos. Un buen baño de humildad no nos iría mal, cada minuto de nuestras cortas vidas; porque somos muy olvidadizos y en cuanto perdemos de vista imágenes como la presente, la levadura interna de nuestro ego nos hace inflar como si fuéramos "algo a aparte" y con especial privilegios.

(Hoy 30 noviembre 2011 hemos llegado a esta cifra de siete mil millones de habitantes, según la ONU. Yo lo celebro pensando en la visión "microscópica" de esos siete mil millones de "átomos" encerrados en ese minúsculo punto de luz.)

 

                      )

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Página nº 6: ¡De nuevo La Tierra!

          

 

Primero fue saber que la Tierra no era el centro del universo. Después que este planeta no era el preferido de Dios y finalmente conocer que, en cualquier momento, un insignificante y absurdo asteroide podía acabar con el que fue el planeta mimado de los dioses. ¡Qué triste desencanto, despertar del sueño inocente de nuestra propia puerilidad y madurar a golpe de realidades como ésta!

 

 

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Página nº 7: ¿Agujeros negros?

Ante el espectáculo maravilloso de la Galaxia del Sombrero, una de las mejores tomas del telescopio espacial Hubble me digo:

 

 

     Viendo esta maravilla, ¿quién puede pensar en la existencia de ese fenómeno extraño llamado "agujero negro"? El humano es un "buscador de luz" y para ello no duda incluso en poner en órbita alrededor de la Tierra todo un destacado alarde de la técnica como es el telescopio Hubble. Y, cuando este mismo humano que parece tan seguro de sí mismo,  se encuentra con algún punto oscuro, se inventa "cocos", como nos pasaba de niños a todos nosotros.

  ¿Qué esperan recibir cuando se empeñan en buscar la luz, nada menos, que del infinito? De millones, millones y millones de años luz de distancia, ¿cómo pueden tener certeza que exista algo tan concreto como un "agujero negro"? No será un producto de nuestra gran "miopía subjetiva", incluyendo en ella, también, las distancias medidas por esa constante lumínica? Es para sospechar, tras los grandes descubrimientos de nuevas formas cósmicas y sus crecientes dimensiones, que la mítica velocidad de la luz no pueda ser superada con creces. La intuición y algo más, (llevo muchos años al tanto de todo esto) me dicen que esa velocidad de los aproximadamente 300.000kms/segundo, es nada para las mayores velocidades con las que se desplazan las nuevas figuras cósmicas que van apareciendo conforme vamos mejorando nuestra limitada percepción sensorial y, también, "percepción racional".

 

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Página nº 8: La soledad de un planeta.

MARTE

 

  

El sábado pasado día 26 de noviembre del 2011, despegó desde la rampa SLC-41 de Cabo Cañaveral, un cohete Atlas-5 con la nueva misión marciana de la NASA, el MSL (Mars Science Laboratory). El cohete lleva como carga principal un robot móvil llamado Curiosity. Si todo va bien, llegará al Planeta Rojo en agosto de 2012.

El objetivo de la misión es determinar la habitabilidad del planeta rojo.

Pero ¿qué habitabilidad puede tener un planeta que es mucho más viejo y acabado que nuestra Tierra? Prácticamente sin atmósfera, sin agua, todo puro desierto y con unos cambios de temperatura que pueden oscilar de unos 20º positivos en el ecuador por el día, hasta más de 100º  bajo cero por la noche. La poca atmósfera que tiene compuesta de dióxido de carbono (95,3%) con un 2,7% de nitrógeno, 1,6% de argón y trazas de oxígeno molecular (0,15%) monóxido de carbono (0,07%) y vapor de agua (0,03%), viene a ser una centésima de la terrestre; pero suficiente para que haya tormentas de viento y levante polvo, tanto que, a veces, cubra todo el planeta. Mucho más fácil todo esto del movimientos de polvo porque, también, la gravedad es solamente un tercio de la Tierra. Una persona de 70 kilos, pesaría unos 26,6 kg y en la Luna, como es una sexta parte de la Tierra, pesaría unos 11,6 kilos.  

Juzguen ustedes esa potencial habitabilidad, viendo tres aspectos de su superficie fotografiados por sondas que han ido enviando desde Marte. Para esto solo, no haría falta tan impresionante empresa como es la de ir hasta ese planeta que, cuando está más cerca de la Tierra es a unos 55 millones de kilómetros y, cuando más alejado, a varios cientos de millones de kilómetros. El objetivo es más profundo y propio de nuestra especie que, en sus genes, lleva impreso el espíritu de aventura y conquista.


            Ocho meses después... y tal como estaba previsto, el 6 de agosto de 2012 un cohete Atlas el MSL (Mars Science Laboratory) consiguió con éxito depositar sobre la árida superficie marciana su "robot" Curiosity, tras un recorrido de 567 millones de kilómetros. El punto de aterrizaje elegido fue el "Cráter Gale" de unos 150 km de diámetro, al sur del ecuador marciano...

 

 

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Página nº 9: Bosón de Higgs.

 

 

 

BOSON DE HIGGS, "¿EL GRAN DESCUBRIMIENTO?".

-Una visión filosófico-crítica del asunto-

Santiago Salcedo

Julio 2012

Sitges

(No os dejéis deslumbrar por la feria de las parafernalias mediáticas.)

No entiendo por qué solamente una partícula concreta (bosón de Higgs) perdida en las intrincadas entretelas de la materia tiene mayor capacidad de ilustrar sobre esta misma  materia que el resto de partículas o elementos tantos y tantos que forman todo sin distingos absolutos, no sólo del microcosmos, sino que también del mesocosmos y, por supuesto, de los planetas, sistemas solares y galaxias del macrocosmos, únicamente por ocupar en el orden histórico de la ciencia humana una posición más reciente, como está sucediendo hoy día con eso que fue "notición mundial": el llamado "bosón de Higgs".

 Cualquier matemático nos diría que no hace falta ir al inicio de una progresión numérica, por ejemplo, para conocer toda su estructura. Un fragmento de esta progresión basta al experto matemático para conocerla. Entonces, ¿por qué se empeñan en ir a lo que, según ellos, es "el origen del origen" a golpe de aceleradores de partículas, cuando con analizar otras partes de esa progresión general que es todo lo que existe, nos lo podría y puede mostrar mejor? Sencillamente, porque la capacidad de reflexión de los físicos teóricos aún no ha alcanzado a vislumbrar que, así como los números lo son y hacen un servicio a esos mismos teóricos, la Materia, con mayúscula, es un colectivo cuyo principio y fin está en si misma y que solamente se puede llegar a entender algo de su propia idoneidad, considerada, insisto, como un colectivo substancial o, lo que es lo mismo, que cualquier parte de esa "materia colectiva" puede servir al buen pensante (el olvidado filósofo) para entender su comportamiento, dejando de empecinarse infantilmente en tomar como referente universal ese punto en donde la física teórica, cual otro Atila, pone, no la pata de su caballo sino la de sus "super-aceleradores". Esos físicos-teóricos y su parafernalia mediática aún no han eliminado de sus genes, la creencia heredada de la antigua astronomía (Ptolomeo siglo II) de que ocupamos el centro de todo. Porque, si no fuera así, ¿cómo pueden tener certeza de que desde la posición desconocida que ocupa el insignificante humano, es donde va a encontrar "el Origen del origen?

Me ha bastado observar la estructura geométrica de un cactus, la estructura helicoidal de las galaxias o de una simple caracola, etcétera, para comprender que lo que existe está tan integrado en sí mismo, que ni el tiempo ni el espacio los pueden condicionar. Pero hoy por hoy, negar "el espacio", "el tiempo" y "el Big bang" (y ya no digamos la constancia universal de la velocidad de la luz) es atentar contra lo más sagrado del saber actual. Así que, si mantenemos el espacio, el tiempo y el Big bang, no nos queda más remedio que ser creacionistas y lanzarnos obsesivamente a la búsqueda del primer ¿"bosón"? o, lo que sea, que nos dé idea de ese origen del origen creacionista. ¡Si hasta han titulado al Bosson de Higgs “la partícula de Dios"! Ni los descubrimientos científicos se evaden por completo de influencias ideológico-míticas!

Sé por experiencia, que la necesidad de un Creador es una concepción más fácil y asequible para el cerebro humano, que prescindir de él (del creador, se entiende) para explicar la existencia de todo. La idea creacionista nos viene por herencia de los conocimientos adquiridos del pasado; del pasado de donde vienen también, no lo perdamos de vista, todos nuestros grandes errores; aunque no sé porqué distorsión psíquica general, se tiende a dar como garante de verdad todo lo que venga del pasado. Llegar a comprender que los movimientos cíclicos de todas las cosas del macro, micro y mesocosmos no tienen ni principio ni fin, exige una renovación revolucionaria del conocimiento que, olvidando el pasado mítico, aproveche los conocimientos de la física de hoy para entender que todo, todo, empezando por lo más cercano (el mesocosmos), se nos presenta en continua circulación en la que, desde los ojos de esta misma física moderna, no pueden ponerse, objetivamente hablando, orígenes ni principios. Otra cosa es que nosotros los humanos en nuestro existir cotidiano y cercano, hablemos de "principios" y "finales". Son estas deformaciones culturales que se han incrustado en nuestros genes las que nos hacen creer la necesidad de un principio creacional o similar. Por ejemplo, estamos hartos de ver desde pequeños que el año comienza en enero, que la Historia tiene un punto cero, etcétera, etcétera. Pero de ese principio anual en enero, os puedo asegurar que la pobre Tierra ni se entera. Ella, siglo tras siglo va dando vueltas alrededor del Sol y no tiene ningún punto de inicio ni final. Y con la Historia, algo parecido. Le hemos puesto un inicio muy irregular e imperfecto. Tanto que una parte la situamos al revés, con anotaciones negativas y otra con números positivos. Así, decimos que Sócrates nació el -470 añadiendo siempre, antes de Cristo... ¿Si esto es una forma perfeccionada y verdaderamente científica de contar...?

Los físicos teóricos se empeñan en buscar un origen de todo. Ahora están con lo de las partículas electrónicas que, gracias al invento de los aceleradores de éstas y al aumento constante de su potencia, van consiguiendo impactos más acelerados del núcleo protónico de un átomo, alcanzando cotas máximas (desde que yo recuerdo siempre se están alcanzando "cotas máximas") de mayor y mejores choques con lo que se consiguen "partículas" o "trozos" de estos núcleos más y más pequeños, de los que al cabo de ínfimas partes de tiempo no queda ni el recuerdo de lo que fue. Y tal es la vorágine del invento que creen que por esta vía llegarán a la esencia de la propia masa o materia; hasta tal punto, que hace unos días han lanzado al mundo la gran nueva de haber encontrado ese cemento que une y conforma el resto de la materia, el llamado “Bosón de Higgs” y se han atrevido a afirmar en esta especie de entusiasmo universal que esto tuvo que ser la substancia primigenia que amalgamó y originó el principio creacional de todo lo que existe, denominado con el pintoresco apelativo de "Big bang". En esta especie de paranoia creacional, a alguien se le ocurrió denominar a este engendro cuántico, "la partícula de Dios", como apunté líneas arriba. Apelativo arriesgado porque, para los que no ven por ningún lado la necesidad y presencia de un Dios creador, divide al personal y todo ese supuesto gran descubrimiento, sólo será reconocido por aquellos seres humanos que son partidarios de la citada creación.

Ante todo lo expuesto en el párrafo anterior, reflexiono y desde otra perspectiva científica como es mi “Sofialogía (antes, Filosofía) Neo-Ontofísica que suprime la necesidad de espacio, tiempo y creación, entre otros parámetros menos importantes, me he dicho: Imaginemos que en un océano inmenso, un “habitante” de ese océano se empeñara en conocer el principio y origen de ese océano y, para ello, justo en el punto en donde "vive" el curioso habitante de ese inmenso océano, tomara una mínima gota de agua, la "vapuleara a conciencia" consiguiendo que la pobre gota desapareciera en multitud de “microgotas”, a las que le iría poniendo nombres y cualidades matemáticas y que a resultas de todo este trabajo científico, publicara a los cuatro vientos que estaba en el camino de encontrar muy pronto una "sub-micro-gota" tal que sería la respuesta definitiva a todas sus incógnitas sobre la creación y origen de ese infinito océano del ejemplo; aunque, para lograrlo exigiera unos artefactos aceleradores más potentes para alcanzar la que para él sería la partícula definitiva; bueno, traducido a nuestra realidad, un “alter ego” del bosón o similar. Al cabo de un tiempo, llega un día en el que se ha construido ese super-acelerador y, por fin, salta la gran noticia: Han conseguido esa partícula suprema; pero de la que no pueden presentar ninguna prueba de su existencia porque en realidad esa aceleración bestial a la que fue sometida no le había permitido existir más que unas milésimas de segundos. Aún así, “ese mundo oceánico” en general, recibe con una gran alegría ese descubrimiento de cuya única prueba sólo queda la palabra del sabio jefe y una especie de fotografía en la que se ve unas líneas luminosas y ya está; aunque superada la alegría inicial, la realidad cruda fue que seguían sin tener la menor idea del origen de su mundo oceánico que les había tocado para vivir. Aún así, la alegría de todos continuó, aunque la mayoría de la mayoría no supiera muy bien porqué tenían que alegrarse. La anterior alegoría se ha hecho realidad en estos últimos días con lo del bosón de Higgs. Ingenua pretensión de unos humanos, lo mismo que los habitantes de ese inmenso océano del ejemplo anterior, pretendiendo buscar orígenes de algo, cuando en realidad no tenemos ni la más remota idea de dónde estamos, insisto y repito. Y si no tenemos idea de cuál es nuestra exacta situación en un infinito todo, cómo demonios nos creemos que podemos partir a la búsqueda no sé yo de que pretendido origen físico de algo que, en sí mismo, no tiene otra posibilidad que ser infinito fuera del tiempo y fuera del espacio o, lo que es lo mismo, que lo infinito por su propia naturaleza no necesita ni espacios ni tiempos; porque, si verdaderamente existieran físicamente estos dos parámetros, lo infinito dejaría de serlo; porque estaría limitado por un “espacio” que lo contendría y por un “tiempo” que regulara sus “cumpleaños”. 

Para concluir el tema, insistir que una noticia científica no es más científica ni más verdadera porque la propaguen millones de medios de comunicación, la sigan y la crean miles de millones de seres, cuando esa verdad anunciada tuvo su origen en un sólo cerebro y aceptada por unos pocos fieles o seguidores del maestro o, como afirma el físico alemán Alexander Unzicker, en su libro “The Higgs fake” (El falso Higgs): “…que las convicciones de esos seguidores se basan en una corriente de pensamiento que les hace repetir como loros, lo que otros pocos afirman”.

Que no piensen estos físicos teóricos que, por mucho que profundicen en la materia y nos vayan descubriendo partículas y más partículas, se desplazan por el infinito hasta ese hipotético origen de todo; porque en realidad están donde están; sólo que en momentos más pequeños pero de nuestro propio entorno físico del que no nos hemos movido ni un ápice. Me recuerda aquellas películas de ciencia ficción de viajes al futuro y al pasado, que la máquina que les hacía viajar por el tiempo, siempre estaba en el mismo punto geográfico del que, lo que cambiaba en realidad, era solamente el aspecto exterior del paisaje...

■■■

Preguntado Peter Higgs por un periodista sobre la utilidad del famoso bosón de ídem, respondió: “No tengo ni idea. El bosón apenas tiene una vida útil de una millonésima de una millonésima de segundo. La verdad es que no sé qué aplicación podría tener algo con una vida tan corta”.

♣♣♣

Tanto "fijarse" los físicos teóricos en las "partículas" que componen el Gran edificio, que lo han perdido de vista.

 Santiago Salcedo (11 08 12)

ΩΩΩ

Nota final.- El autor quiere aclarar, tras el frontal ataque a los físico-teóricos, que este ataque es solamente a su falta de concepción filosófica universal y objetiva que les impide la necesaria perspectiva, difícil de evadir dadas las circunstancias propias de su necesaria forma de trabajo. Por otro lado, aplaudir la labor particular de los físicos no teóricos que se mueven y se mezclan con la materia que intentan conocer mejor para mayor utilidad práctica humana y nada más.

 

 

 

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Página nº 10:

Espiral de Arquímedes y espiral logarítmica.

 

 

 

Es la espira logarítmica la que representa la evolución y vida de la materia. Se diferencia de la de Arquímedes en que ésta no sufre ningún crecimiento adicional o progresional y por lo tanto no refleja ese devenir acumulativo que va sumando o incorporando los elementos anteriores de cualquier tipo de evolución o devenir.

Esta curva se distingue de la espiral logarítmica por el hecho de que vueltas sucesivas de la misma tienen distancias de separación constantes (iguales a 2πb si θ es medido en radianes), mientras que en una espiral logarítmica la separación está dada por una progresión geométrica.

 

Espiral de Arquímedes.

Espiral logarítmica.

 

 

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Página nº 11:

 

DEL FIN DEL MUNDO Y OTRAS HISTORIAS.

 

 

 

DEL FIN DEL MUNDO Y OTRAS HISTORIAS.

Santiago Salcedo (Sitges 27 12  2012)

 Hay problemas que sólo se aclaran o resuelven cuando se miran desde una perspectiva reflexiva, por no decir filosófica, cuya palabra y lo que representaba está, por decirlo en términos monetarios, muy “inflacionada”. A mí, esta digamos regla del buen pensar, me ha dado resultado. Dicho sin ninguna prepotencia, la perspectiva reflexiva hace que cualquier tipo de noticia o información, antes de ser aceptada, pase por una especie de filtro personal con lo que, aunque me obliga a perder un poco de tiempo de mis particulares actividades, me compensa porque me ha hecho desarrollar un criterio propio, basado, claro está, no en la negación o aceptación sin fundamento de cualquier nueva, sino en la acumulación de una buena "base de datos" y una voluntad de búsqueda, con lo que la mente es capaz de aceptar o rechazar cualquier información o desinformación, después de aplicarse una serie de razonamientos.

Toda la pequeña introducción anterior, se estará preguntando el lector ¿para qué?

Bueno, yo diría que para todo; pero, la verdad es que, lo que me ha hecho ponerme a escribir ha sido la "precampaña" mediática de una noticia que tenía que ver con el fin del mundo y con un mal interpretado calendario Maya.

Es sorprendente lo fácil que prende, en la mayoría de los seres humanos, la llama de todo aquello que suena a misterioso, apocalíptico y tremebundo. Es como si, ante una vida monótona y falta de emociones, los individuos necesitaran que, de cuando en cuando, agitaran su interior con los miedos pueriles de los primeros tiempos de sus respectivas infancias. Y ¿qué más miedo puede producir en la psiquis infantil residual de los mayores, el anuncio de que, en una fecha determinada y concreta: el 21 de diciembre de 2012, sucederá el fin del mundo?

Como ocurre siempre en esta especie humana nuestra, no faltan los aprovechados que se benefician de todo esto, exagerando aún más si cabe, todo lo que anuncian los agoreros de turno. Que por otro lado y, como apuntaba antes, lo tienen muy fácil; porque cuentan con la proclive credulidad de la mayoría de los seres humanos.

Paradójicamente, hoy que todo el mundo dispone de muchísima información a la que se puede acceder al instante, me sorprende que no hayan aprendido que existe en algunas personas, la tendencia al catastrofismo que lo ven en fenómenos de todo tipo como eclipses, cambios de milenios, pase de un cometa, alineaciones planetarias, etcétera. Nadie puede ignorar -o, al menos, la mayoría- que a lo largo de los tiempos, la tendencia paranoide de algunos cerebros, han saltado como resortes anunciando "apocalípticos sucesos" de todo tipo, que después nunca se han cumplido. Curiosamente esos falsos profetas, ante el fracaso de su pronóstico, se diluyen como un terrón de azúcar desapareciendo de las portadas de los medios de comunicación, interesados, por supuesto, en estas historias a las que les dan voz, sabedores de lo rentable que resulta todo lo que tenga que ver con “fines de mundos o similar”.

 Hace ya tiempo que me manifiesto en contra de tanta parafernalia apocalíptica e intento tranquilizar a las personas que tengo cercanas. Aún tengo fresca en la memoria una de estas parafernalias, la que viví sobre una fecha límite de una “catástrofe inevitable”, el 5 de mayo del año 2000. Fecha en la que tendría lugar “una inusitada conjunción planetaria de los cinco primeros planetas” (figura 37). -Así se anunció por los medios de comunicación-. Tal alineación -según sus agoreros- tenía que provocar terribles erupciones solares sobre la Tierra y sobre los humanos. Pasó la fecha y no sucedió nada espantoso, como tampoco sucedió nada malo, con la que ahora me viene a la cabeza, el famoso cambio de milenio del año 2000, que había llenado de información de todo tipo el mundo entero, sólo unos meses antes de la citada “conjunción planetaria”.

 Volviendo a la fatídica cita del 5 de mayo de 2000, de la que tengo en el recuerdo, como he dicho, bastante información porque di cuenta de ello por escrito, en un tratado de Filosofía de la Ciencia, que estaba escribiendo por aquel tiempo, se trataba y se trata de un fenómeno astronómico, que, por otro lado, todos los astrónomos saben que es de lo más normal y previsible, aunque acontezca muy de tarde en tarde. Por lo que me bastó, mirarlo desde una perspectiva reflexiva tal como he explicado al principio y llegar a la conclusión de que la “atracción” entre los planetas no dependía de la conjunción o de estar alineados, sino que los planetas son simplemente indicadores de las capas periplasmales que forman estos mismos planetas en su gravitar al rededor del Sol y que son las que soportan y dan consistencia a todo el sistema solar, lo mismo que se aprecian claramente estas capas, cuando cortamos en el tronco de un árbol, salvando las distancias, claro. Al estar un tanto atrasada nuestra Astronomía, que sólo ve “planetas” en donde hay todo un campo periplasmal, como he apuntado antes, hace que, incluso los mismos astrónomos ante un fenómeno de esta índole, se sobrecojan. Ahora menos, porque son conocedores de que se

repite cada un tiempo estas conjunciones planetarias, y que no han afectado para nada ni a nuestro planeta ni a nuestro Sol ni a los humanos. Con la explicación anterior, yo evité tanta preocupación inútil y me permitió afrontar lo que decían las paranoias agoreras de algunos, con la sonrisa y tranquilidad de un escéptico práctico. Y lo mismo he hecho con la última noticia “fatídica”, la que basándose en un antiguo calendario de los Mayas, el fin del mundo tenía que suceder el 21 de diciembre de 2012.

 En el caso de esta última predicción, la perspectiva reflexiva me hizo analizar todo ello bajo un enfoque antropológico o algo así. Lo que quiero decir es que, primero me informé sobre el dichoso calendario y después de conocerlo, me sorprendió muchísimo que tanta gente y tantos medios de información, se basaran en algo tan particular y de uso exclusivo de un pueblo concreto, limitado a una parte del planeta y sin aspiraciones universalistas para afirmar tan absurda profecía.

 Las interpretaciones particulares de algunos aficionados a la antropología, a la arqueología o a ciencias afines, han sido los que pretendieron ver relación de su calendario con el actual nuestro y a partir de ahí, no sé porqué conductos más metafísicos que otra cosa, concluir que en una fecha concreta del 21 de diciembre de 2012, se terminaba el mundo. Que mira que hay que echarle narices a la predicción y más narices aún a que todo esto fuera noticia principal en todos los medios de comunicación mundial. ¿Qué nos sucede a los seres humanos? ¿Tan aburridos estamos que necesitamos estas historias absurdas para sentir alguna emoción? ¿O es que el humano sapiens como mayoría, no ha abandonado el cascaron de su infancia, tal cual apuntaba más arriba y le divierten todo tipo de fantasías?

 Se trata de un calendario, en este caso de los llamados Mayas que existieron, de un modo independiente, entre los 2000 años a. C. y los 1546 d. C., y que en todos esos más de 3000 años, aunque desarrollaron una cultura y conocimientos, no pasaron de ser parecidas a tantas otras a lo largo de todo el planeta. Por ejemplo:

1)      Cuando fueron descubiertos por los españoles, no disponían de muchos adelantos técnicos. Los normales de culturas parecidas.

2)      Trabajaban la piedra y con ella habían hecho figuras y grandes pirámides-templos para adorar a sus dioses. Aún no habían desarrollado el nivel monoteísta que pertenece a culturas más evolucionadas.

3)      El cosmos o universo de los Mayas estaba compuesto por 13 cielos. Cada cielo presidido por varios dioses… Nada que ver con lo que otras culturas más evolucionadas, ya sabían de este mismo cosmos, por ejemplo, los griegos del siglo V a. C.

4)      Se hacían sacrificios a sus dioses. En algunos casos, humanos.

Y su calendario, tan de actualidad, se basaba en el conocimiento de los cuatro puntos astronómicos repartidos en dos solsticios y dos equinoccios, fáciles de ver para un pueblo, como tantos otros, que observaban el cielo y veían el recorrido aparente del sol que tenía esos cuatro puntos: Los equinoccios en los que se igualaban los tiempos de noche y los de día y los solsticios de invierno en donde el Sol ocupaba el punto más bajo de su cenit y el de verano, en el que ese mismo Sol, ocupaba el punto más alto de su cenit. También conocían el movimiento de otros planetas como Venus y Marte, con los que, parece ser, que también habían elaborado otro tipo de calendarios.

 Con lo anterior, no pretendo menospreciar ésta cultura tan rica y sorprendente, simplemente situarla en una posición justa desde la perspectiva de una visión puramente científica. Otra cosa es su valoración antropológico-histórica por su forma de ser y existir en una buena parte del centro del gran continente americano.

 Para terminar, insistir que, una vez más, los catastrofistas se han quedado con dos palmos de narices, como se dice coloquialmente. Hace ya unos días que pasó la fecha nefasta y estoy escribiendo tranquilamente; pero ni por esto reconocerán su equivocación, ni renunciarán al próximo fenómeno físico destacado para volver de nuevo a asustar al mundo con sus proclamas de desgracias universales. Quizás, en el fondo, sean necesarias estas paranoias, para despertar a las mayorías de sus rutinarias existencias.

♣♣♣

Calendario Maya

 

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Página nº 12: Fermión de Majorana.

 

 

 

Fermión de Majorana

      La noticia científica decía así: Descubierta la partícula que es su propia anti-partícula: El fermión de Majorana.

      Estoy seguro que lo titulado como “Fermión de Majorana” no les suena tanto como el tan traído y llevado Bosón de Higgs por los medios de comunicación de hace unos pocos meses.

      Da la impresión de que se están rescatando viejas y gloriosas “intuiciones” del pasado cercano (el siglo 20). Es como si los “jóvenes físicos teóricos” se hubieran quedado sin horizontes de investigación y fueran rebuscando en los restos semi-olvidados del ayer con los que “alimentar” la costosísima industria que sustenta ese mundo tan paradójico de las llamadas partículas microcósmicas.

      Tanto Higgs1 como Mayorana2 desarrollaron sus teorías a comienzos del siglo pasado. Peter Higgs escribió la fórmula original con la que propuso en 1964 la existencia del bosón que lleva su nombre  y del que hablamos en el número anterior de esta revista y, en 1937, Ettore Majorana declaró la existencia del citado fermión aunque, igual que pasó con el bosón de Higgs, Majorana, tampoco pudo demostrarlo. 

       Un fermión, llamado así en honor al fisico italiano Enrico Fermi, es uno de los dos tipos básicos de partículas que existen en la naturaleza (el otro tipo es el bosón). Los fermiones se caracterizan por tener espín semi-entero (1/2, 3/2,...). En el modelo estándar existen dos tipos de fermiones fundamentales, los quarks y los leptones. En el modelo estándar de física de partículas los fermiones se consideran los constituyentes básicos de la materia, que interactúan entre ellos vía bosones.

       Un espín (del inglés spin 'giro, girar') o momento angular intrínseco se refiere a una propiedad física de las partículas subatómicas, por la cual toda partícula elemental tiene un momento angular intrínseco de valor fijo. Se trata de una propiedad intrínseca de la partícula como lo es la masa o la carga eléctrica. El espín fue introducido en 1925 por Ralph Kronig e, independientemente, por George Uhlenbeck y Samuel Goudsmit. (Carga eléctrica es una propiedad intrínseca de algunas partículas subatómicas que se manifiesta mediante atracciones y repulsiones que determinan las interacciones Electromagnéticas entre ellas.)

     El modelo estándar de la física de partículas es una teoría que describe las relaciones entre las interacciones fundamentales conocidas y las partículas elementales que componen toda la materia. El modelo estándar no alcanza a ser una teoría completa de las interacciones fundamentales debido a que no incluye la gravedad.

     Existen 4 tipos de interacciones fundamentales: 1) Interacción nuclear fuerte. 2) Interacción nuclear débil. 3) Interacción electromagnética. 4) Interacción gravitatoria.

     Tras los datos anteriores de este pintoresco mundo de las micropartículas cuánticas, necesarias para entender un poco mejor el tema principal de este artículo: El fermión de Majorana, veamos si soy capaz de explicarlo y analizarlo críticamente desde mi particular heterodoxia:

      Investigadores del Instituto Kavli de EE.UU. y de La Universidad Técnica de Delft uno de los centros de enseñanza superior más importantes de los Países Bajos, han logrado una primera detección de partículas Majorana. Etore Majorana fue un brillante físico italiano que llevó a cabo sus investigaciones en los años treinta del siglo pasado, ahondando en la teoría cuántica, asegurando la hipotética existencia de una “nueva” partícula especial; una partícula que sería en sí misma su propia antipartícula, lo que situaba a esta “partícula” en el límite entre materia y antimateria. Ante la imposibilidad de demostrar por parte de Majorana esta singular partícula, la cosa quedó en el olvido allá por los años 1930, esperando mejores tiempos. Y he aquí, que esos mejores tiempos llegaron, al parecer, en el año 2012, que nos “resucitaban” la olvidada partícula de “las dos caras” (materia y antimateria) y la bautizaban, no podría ser menos, con el nombre del olvidado y misterioso físico italiano que a la edad de muy joven desapareció sin dejar rastro: El fermión de Majorana. 

      1Peter Ware Higgs (1929), es un físico británico conocido por su proposición en los años 60 de la ruptura de la simetría en la teoría electro-débil, explicando el origen de la masa de las partículas elementales en general, y de los bosones W y Z en particular.

     2Ettore Majorana (1906 y desaparecido en el Mar Tirreno el 27 de marzo de 1938), físico italiano. Es conocido sobre todo por su trabajo en Física de partículas, en particular en los neutrinos.

 

 

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Página nº 13: A vueltas con lo cuántico.

 

 

 

“Los físicos se dedican a desmembrar la materia y a ponerle nombres a las partes resultantes, creando con ello una aparente y sofisticada ciencia. La filosofía auténtica los vuelve a juntar y de su visión relativamente objetiva, deduce la idea de cómo es lo que existe”.

(Aforismos y Pensamientos, S. Salcedo.)

Un previo antes de comenzar con el tema.

Está pasando con toda esta parafernalia del mundo cuántico algo parecido a lo que sucedió en la época “pre-cuántica” o, sea, la de la Teoría de la Relatividad. Parece ser que en esto de la Física, también hay modas. En aquella época “pre-cuántica”, la Relatividad estaba en boca de todos los foros avanzados de la ciencia y como siempre, salían, lo mismo que ahora, intérpretes que iban mucho más allá de los propios que la crearon. Se hablaba y hablaba, de los espacios curvos, de los viajes en el tiempo... Más tarde vinieron tonterías como lo de los agujeros de gusano, universos islas, etc… Y fruto de toda aquella época, lo que nos queda es una serie de películas de ciencia-ficción. Hoy se está repitiendo el fenómeno e, igualmente, surgen como las setas los numerosos intérpretes de esta mecánica cuántica. Los hay serios y concienzudos y los hay también, poco rigurosos que buscan lo místico en todo y esto de lo cuántico por lo visto les va de perlas. A estos y los otros no les faltan seguidores o personas con pocos conocimientos de física a los que les es fácil hacerles soñar con metafísicas abstractas sin más base científica, que explotar ese anhelo de algunos seres humanos por trascender, en alas de la fantasía, de sus propias vidas rutinarias de existir y vegetar.

                          Fin del previo.

Como el tema que nos ocupa es, insisto, la mecánica cuántica, y ésta tiene tantos y tantos derivados e interpretaciones posteriores, pongo a continuación los principios básicos y fundamentales de esta mecánica, que conviene no perder de vista y tener siempre presente, para no caer en “herejías” propias, derivadas de otras interpretaciones que tienen que ver más con la fantasía, como decía en el previo anterior, que con una realidad física:

Principio 1. La Energía no es continua sino que  viaja en unidades discretas o “quantums”.

Principio 2. Las partículas elementales se  pueden comportar como ondas o como partículas.

Principio 3. El movimiento de las partículas es aleatorio.

Principio 4. Es Físicamente imposible saber con exactitud la velocidad y posición de una partícula en un momento dado. Cuanto más se sabe de una, menos se sabe de la otra y viceversa.

Principio 5. La observación  altera irremediablemente el campo cuántico observado. (Efecto-observador.)

(Principios, que tampoco se van a librar de un repaso crítico de mi obsesiva heterodoxia, aunque esto lo dejo para otro momento.)

                                                 ☻☻☻

Hagamos, pues, un recorrido heterodoxo por lo que consideran la oficial ortodoxia de una ciencia (la cuántica, se entiende), que necesita mucho de fe, al estilo de los viejos mitos religiosos. El recorrido consistirá en tomar fragmentos de textos “cuánticos”, que oficialmente son los que van de boca en boca en todos los foros que tocan estos temas.

El siguiente fragmento evidencia que se trata de la mecánica cuántica; porque siempre que pueden nos refriegan lo de la mecánica clásica, como algo arcaico y obsoleto, cuando objetivamente hablando, es del mundo que nos podemos fiar un mucho, más que de esas tantas parafernalias cuánticas, con lo que al parecer, quieren disimular la frustración de no tener ni puñetera idea de una mecánica que llaman mecánica y de la que no pueden estar muy orgullosos, cuando se pasan el tiempo hablándonos de incertidumbres e historias del mismo estilo.

He aquí el primer fragmento elegido:

Fragmento nº 1.- “Al ser imposible fijar a la vez la posición y el momento de una partícula, se renuncia al concepto de trayectoria, vital en mecánica clásica. En vez de eso, el movimiento de una partícula queda regido por una función matemática que asigna, a cada punto del espacio y a cada instante, la probabilidad de que la partícula descrita se halle en tal posición en ese instante…”

La crítica.- El movimiento de una partícula -dice el fragmento anterior- queda regido por una función matemática que asigna, a cada punto del espacio y a cada instante. la probabilidad, etc… Es asombrosa la complejidad del lenguaje, en apariencia científico, que se puede llegar a desarrollar utilizando conceptos lingüísticos “caseros”, como: movimiento, posición, momento, partícula, trayectoria, función matemática, función matemática capaz, nada menos de asignar a cada punto del espacio y a cada instante, la probabilidad de que la partícula descrita se halle en tal posición en ese instante. ¿Pero de qué me hablan? ¡Cambian el orden! ¡¡¡Dan poder omnímodo a una función matemática; nada menos la de asignar a cada punto…!!! Una función matemática (obra humana a partir de un análisis empírico más la subjetivación fenoménica de un evento x) dicen que es capaz de asignar a cada punto del espacio... ¿Punto del espacio? ¿Pero cómo demonios se imaginan el espacio? Como un todo físico en el que lo mismo podemos plantar tomates en él o “partículas”, bajo ese poderoso “hortelano” que, por lo visto es, la función matemática. Y, además, imagino que debe de ser el mismo espacio que, con otra, en este caso “macro-función matemática”, es la que también rige todos los elementos macrocósmicos. Pero en un lado (en el lado cuántico) se renuncia al concepto de trayectoria y en el otro (en el macrocosmos), no. ¡Curioso y subjetivo distingo de esta nuestra ortodoxa ciencia! Y en lugar de aceptar el fracaso ante la imposibilidad de conocer la trayectoria de una partícula, se inventan funciones probabilísticas de si estará o no estará tal partícula. Y luego, para explicar algo que no se puede explicar porque insisto, se escapa a nuestras posibilidades físicas de momento, a alguien no se le ocurre otro ejemplo mejor que hablarnos de un gato. Y desde entonces, en ciertos foros cultos, no puede faltar la dichosa cita del dichoso gato de Schrödinger, valga la repetición, con el que presumen ante el poco ilustrado oyente; anécdota que no pasa de ser una perogrullada.

Una aclaración importante ante el ataque masivo por mi parte: No piensen del que escribe que es un pedante engreído, sino como me presento siempre, heterodoxo. Un heterodoxo que recurre a la sátira y nunca al insulto y, sobre todo, que valora el trabajo y el esfuerzo individual de las personas; porque un heterodoxo es como un fermento. La propia especie humana los crea para poner en entredicho todas las verdades establecidas. Gracias a los heterodoxos de todos los tiempos que han visto más allá de su presente ortodoxo que les tocó vivir, los conocimientos humanos se ha ido renovando y mejorando. Reconozco, insisto una vez más, el esfuerzo de muchos científicos que dedican toda una vida a hurgar en puntos muy concretos y limitados, gracias a los que la filosofía crítica, dispone de nuevos conocimientos para elaborar nuevas perspectivas teóricas que hagan avanzar al común universal del pensamiento. Y, siempre, siempre, el heterodoxo se enfrentará a todo tipo de capillitas que pretenden convertir en intocable, lo que tuvo su momento como nuevo y heterodoxo, hasta que el instinto conservador de las mayorías se lo hicieron suyo y lo colocaron en un altar concreto y le rindieron culto. Es contra esto que se enfrenta toda heterodoxia que se precie. Confío en que los dogmáticos entiendan esta filosofía que al fin y al cabo, no es de naturaleza humana sino que es expresión de la propia materia constituida substancialmente como un todo-relativo unido por su propia contradicción en dos expresiones idiosincrásicas: La centrípeta, conservadora u ortodoxa y la centrífuga, revolucionaria o heterodoxa…

Fragmento nº 2.- La mecánica cuántica bajo la interpretación de Copenhague.

 (Con el nombre de interpretación de Copenhague se hace referencia a una interpretación de la mecánica cuántica atribuida principalmente a Bohr, Born, Heisenberg y otros. Se conoce así debido al nombre de la ciudad en la que residía Bohr. Fue formulada en 1927 por el físico danés Niels Bohr, con ayuda de Max Born y Werner Heisenberg, entre otros, durante una conferencia realizada en Como, Italia.)

La interpretación de Copenhague incorpora el principio de incertidumbre, el cual establece que no se puede conocer simultáneamente con absoluta precisión la posición y el momento de una partícula.

La interpretación de Copenhague señala el hecho de que el principio de incertidumbre no opera en el mismo sentido hacia atrás y hacia delante en el tiempo. Muy pocos hechos en física tienen en cuenta la forma en que fluye el tiempo, y éste es uno de los problemas fundamentales del Universo donde ciertamente hay una distinción entre el pasado y futuro. Las relaciones de incertidumbre indican que no es posible conocer la posición y el momento simultáneamente y consiguientemente no es posible predecir el futuro ya que en palabras de Heisenberg “no podemos conocer, por principio, el presente en todos sus detalles”. Pero es posible de acuerdo con las leyes de la mecánica cuántica conocer cual era la posición y el momento de una partícula en un momento del pasado. El futuro es esencialmente impredecible e incierto mientras que el pasado completamente definido. Por lo tanto nos movemos de un pasado definido a un futuro incierto.

La crítica.- El principio de incertidumbre -extraigo del fragmento anterior- no opera en el mismo sentido hacia atrás y hacia delante en el tiempo.El futuro es esencialmente impredecible e incierto mientras que el pasado completamente definido”. ¿Cómo es posible que de un pasado completamente definido, se pueda pasar a un futuro impredecible? ¡Pero si se trata de la misma materia en un devenir continuo y substancial! Es absurdo que algo que antes del presente está perfectamente definido, al pasar por delante de este presente, éste lo desbarajustara, “lanzándolo” al futuro que vendría a ser como el infierno o algo así. Otra cosa es que la visión corta y limitada de nuestra entendedora, le haga pensar que la materia cambiará substancialmente de acuerdo con la apreciación subjetiva humana. Idea tan ilusa que incluso no tienen reparo en institucionalizarla como el Principio 5. La observación  altera irremediablemente el campo cuántico observado. (Efecto-observador.) Citado al principio de este artículo.

A esto nos llevan todas esas elucubraciones cuánticas, salidas de subjetivaciones personales. ¿No se les ocurre a esas eminencias que el tiempo, del que hemos oído y asumido desde recién nacidos, no puede trascender más allá de lo humano? Algo tan particular e irreal aplicado a todo lo que existe, obligaría a éste a existir en el pasadocompletamente definido”, (cito la anterior definición) y, como tal, inmóvil y, por el contrario, decir que “el futuro es esencialmente impredecible” es obligar a esa materia o substancia universal a no ser y ser, a través de un tiempo futuro, dándose la paradoja de que la materia tiene dos existencias: Una, el pasado y otra, el futuro, a disposición del humano “sapiens” de las que puede elegir tranquilamente una u otra posición.

Olvidan estos humanos sapiens, o no son capaces de entender, que lo que existe, es y si es, es presente. Un presente continuo, sin pasados ni futuros. Si analizamos lo que los humanos entendemos por pasado o futuro, nos daremos cuenta que nosotros como individuos, siempre estamos, vivimos y nos movemos en un presente. Otra cosa es que nuestros cerebros hayan evolucionado para recordar acciones efectuadas por nosotros en nuestro devenir conveccional y, aunque no hubiéramos inventado ningún cronómetro o similar, seguiríamos teniendo la sensación de poder vivir en el pasado y alcanzar un futuro. Pero la materia que nos forma (que es la misma de todo el infinito existencial) existe en movimiento substancial, lo que quiere decir que no hay desplazamiento de substancia y todo se reduce a movimientos conveccionales relativos, lo que ha hecho que los humanos se hayan creído la posibilidad del pasado y del futuro.  Antes de que apareciera el humano evolucionado, ¿dónde estaba el parámetro tiempo?

El gran punto débil para la aceptación de la mecánica cuántica por parte de la Filosofía Ontofísica, es que si eliminamos el parámetro tiempo, esta teoría se “ahoga”. Necesita un parámetro puramente “casero” como es el tiempo humano para su ciencia. El humano no consume tiempo, insisto, porque éste no existe; sólo son sucesos en un continuo devenir secuencial y conveccional. A ese incesante y continuo “consumir” sucesos en un inevitable continuo presente, llaman “tiempo”.

Fragmento nº 3.- La mecánica cuántica no asigna valores definidos a los observables, sino que hace predicciones sobre sus distribuciones de probabilidad. Las propiedades ondulatorias de la materia son explicadas por las interferencias de las funciones de onda… (ecuación de Schrödinger). Así que esta mecánica es en parte determinista en el sentido de que, dada una función de onda a un tiempo inicial dado, la ecuación suministra una predicción concreta de qué función tendremos en cualquier tiempo posterior. Durante una medida, el eigen-estado al cual colapsa la función es probabilista y en este aspecto es no determinista.

 (La ecuación de Schrödinger fue desarrollada por el físico austríaco Erwin Schrödinger en 1925. Describe la evolución temporal de una partícula masiva no relativista. Es de importancia central en la teoría de la mecánica cuántica, donde representa para las partículas microscópicas un papel análogo a la segunda ley de Newton en la mecánica clásica. Las partículas microscópicas incluyen a las partículas elementales, tales como electrones, así como sistemas de partículas, tales como núcleos atómicos.)

(2ª Ley de Newton: El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre según la línea recta a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime.)

 (Eigen-estado: Un "eigenstate" es uno de muchos estados posibles que pueden existir antes de la decoherencia cuántica.) 

La crítica.- “…la ecuación suministra una predicción concreta…”. Predicciones que nunca se pueden comprobar. Se olvidan de que se trata de un universo microcósmico y como tal, es como el jardín prohibido del Edén, sobre el que se pueden contar todo tipo de historias. Toda la anterior retórica y tanta y tanta que conlleva lo cuántico surge del “taller-artesano” de los físicos de lo físico, los que realmente trabajan la materia de la que aprovechan potencialidades que objetivamente guarda y que se pueden emplear para utilidades prácticas concretas y nada más. La retórica, sólo es la prueba de la capacidad humana de utilizar su fantasía para enriquecer ese otro mundo de la ficción. A todo esto yo lo llamo “neo-metafísica”. La prueba de que tampoco hemos evolucionado tanto como nos creemos es la de que aún seguimos anclados en esas dos perspectivas clásicas: Por un lado los “empiristas” y por otro, los “racionalistas” de la razón a lo Descartes. Y, ahondando más en el pasado, los “físicos” presocráticos a lo Demócrito y los idealistas a lo Platón y Aristóteles…

“…dada una función de onda a un tiempo inicial dado…”. Una función de onda aplicada a un tiempo inicial. Otra subjetivación de unas realidades relativas humanas. Habla de un tiempo y de un momento inicial. La utilización de estos dos conceptos, desde la filosofía crítica que practico, echan por tierra el resto de la definición. La materia ni tuvo, ni tiene y ni tendrá inicio y no lo tiene porque en primer lugar, el tiempo quedó claro que sólo es un parámetro a nivel humano y en segundo lugar, hablar de inicio es ignorar que la materia es movimiento, movimiento circulante y como tal, ni puede detenerse ni partir de un inicio o principio porque sería como detener el existir del universo todo. De los vicios del pensar nuestro surgen todas estas derivadas. El hecho de que pongamos inicio y fecha de origen a nuestro orbitar en torno al Sol, y que esto haya condicionado nuestra propia epistemología, no quiere decir que las órbitas planetarias, por ejemplo (y menos aún en las electrónico-atómicas), tengan un punto de inicio. Por suerte...

                                                    ☻☻☻

 

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Página nº 14: LA EDAD DE LO QUE NO TIENE EDAD.

 

 

 Stop a la ciencia cosmológica.

       

“No existe  absolutamente ningún hecho objetivo. El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto a su ser, y de las que no son en cuanto a su no-ser".

                                                   Protágoras (hace 2.483 años).

         Me repito con frecuencia la cita inicial con la que encabezo este artículo, para tranquilizar el desasosiego que siento ante las incongruencias de parte de esa ciencia, que nos viene con el marchamo de laboratorio y máquina. De todos modos, ya sé que no hace falta recurrir a un filósofo que vivió hace ya tanto tiempo, para comprobar lo mismo que él, que, aunque todos presumimos de objetivos, por lo visto esta cualidad no pertenece a la especie humana, como lo confirman los siguientes ejemplos: Para unos, existe Dios y para otros, no existe Dios. Para unos, el ser humano tiene alma y para otros, el humano no tiene alma. Para unos, hay un cielo y para otros, no hay un cielo. Para unos, hay un infierno y para otros, no hay un infierno. Para los de un partido político, su dogma político es infalible y para los del partido opuesto, ese dogma, yerra y es falso. Y para no cansar con una larga lista de ejemplos que aún me quedan, la acabaré citando el último que es el que me ha decidido a escribir el presente artículo, como es el referente a la edad del universo y su asombroso origen, a partir de esa gran explosión titulada “Big bang”. Frente a la mayoría que opina que habitamos un universo finito y con edad salido de un “huevo primigenio”, hay una minoría, en la que me incluyo, que presenta otro universo infinito, sin edad y sin explosiones creacionistas a lo “Big bang”. Aunque, a favor de las minorías, tengo que recordar que todos los logros del conocimiento adquiridos a través de la Historia y admitidos por la mayoría, al principio siempre fueron minorías. De esta regla no se libran ni las religiones ni los grandes idearios socio-políticos.

          Tomando como referente bien concreto de lo apuntado antes, la última noticia aparecida en los medios de comunicación (11/02/03), sobre la “edad” de 13.700 años que hace que el todopoderoso "Big Bang" "dio a luz”, nada menos que un "universo-todo" un “feliz día” de un “sin-día”, he decidido presentar también a los medios de comunicación, la otra concepción cosmológica -la de la minoría- citada en el párrafo anterior. Asunto al que llevo dedicado muchos años. Ya sé que los medios de comunicación no son muy propensos a hacerse eco de lo que no tiene eco, valga la expresión; pero me veo en la obligación de intentarlo. Confío en la comprensión e intuición del que me lea, para conseguirlo. Al fin y al cabo, sólo pretendo seguir con la ley maniquea de esos dos principios que apuntaba antes, de tal modo que a una ortodoxia siempre debe oponerse una heterodoxia. En mi caso yo soy la heterodoxia. Por lo visto, este es el único método que tenemos los humanos, para que el conocimiento se incremente en el lento y contradictorio avanzar de nuestro saber y entender en la historia del pensamiento. Por ejemplo, si Copérnico no se hubiera enfrentado a la astronomía de Ptolomeo, seguiríamos afirmando que la Tierra era el centro de todo el universo o, si la iglesia cristiana no se hubiera enfrentado al politeísmo de su tiempo, se seguiría dando culto a los antiguos dioses, por citar dos casos bien dispares. Y no serán tan ingenuos de creer que se agotaron ya hoy día los “Copérnicos” de turno, porque la humanidad ha alcanzado por fin respuesta a todas sus ignorancias. Con esa mi heterodoxia que decía, únicamente pretendo, insisto, poner un poco de sentido, llamémosle, filosófico en este mundo cosmológico-físico que tiene más de ficción que de ciencia. Como ven, una heterodoxia nada peligrosa la mía.

          A continuación la ortodoxia: Un fragmento de la noticia oficial sobre “el gran descubrimiento”:

     “La NASA revela que el Big bang se produjo hace 13.700 millones de años”[1].

          Una sonda de la NASA que se ha adentrado en los extremos del espacio ha determinado que el universo nació hace 13.700 millones de años, como resultado de lo que, según la teoría astronómica, fue una gran explosión (Big bang). Esta es una de las conclusiones extraídas de los datos enviados a la Tierra por la Sonda Anisotrópica de la Microondas Wilkinson (WMAP), la cual observó el universo cuando no había estrellas ni galaxias, excepto diferencias mínimas de temperatura.

         Según astrónomos de la NASA, esas diferencias provocaron aglutinamientos moleculares que fueron el comienzo de la estructura cósmica del universo y dan respaldo a la teoría de que éste nació tras el Big bang. “El equipo que trabaja con la WMAP ha logrado la primera imagen detallada de la luz más temprana del universo”, dijo la NASA y agregó que se trata de una “fotografía de bebé” del universo, de cuando éste tenía apenas 380.000 años después del Big bang, hace más de 13.300 millones de años, equivalente a la de un anciano de 80 años en el día de su nacimiento.

         El telescopio Wilkinson es el sucesor del histórico telescopio espacial COBE, que a principios de los años 90 mostró por primera vez las oscilaciones en la radiación del fondo del universo.

          Y ahora de nuevo la heterodoxia: Como esta ciencia va a “golpe de telescopio”, mejor dicho, de radio-telescopio, no dejo de sonreír sarcástico al leer este tipo de noticias científicas, porque desde que investigo sobre este y otros temas similares, a la edad de este mal entendido universo le van añadiendo años en relación directa a la novedad del invento en cuestión. Ya verán como dentro de unos años vuelven a sorprendernos con edades de más edades, valga la expresión, porque otro de esos artefactos de “últimísima generación” habrá sido capaz de detectar y, por supuesto medir, “radiaciones de fondo” de mucho más fondo, valga, también, la expresión. Al ver esta manera de investigar, siempre me repito y repito a todos con los que tengo ocasión de hablar, que ¿para qué ir a buscar un “trozo de universo” allá por las profundidades de un cosmos, perdido entre las brumas de un surrealismo de fenómenos lumínicos imprecisos, cuando ya estamos en otro “trozo de universo” bien cercano, como es la tierra que pisamos? 

         Al igual que el cínico Diógenes con su linterna a pleno sol, recorría calles y plazas buscando un hombre, busco un humano que pueda razonar y responder a los siguientes interrogantes y, al mismo tiempo, frenar la euforia de los descubrimientos-noticia que son fruto, más que de una elucubración seria, profunda, continuada y de tiempo, sólo de “efectos” -casi siempre lumínicos- de lo que yo llamo “laboratorios-marketing”. Lo que pretendo con el presente artículo, es simplemente razonar desde el lado de la heterodoxia, como decía antes, nuestras propias incongruencias e ignorancias con el ánimo de situar a cada actividad en el área que le corresponde: La técnica, al servicio de la razón y del pensamiento filosófico renovado y vivo, no al revés como está sucediendo. Insisto, no el pensamiento filosófico al servicio de la técnica encerrada en laboratorios. Porque de la investigación particular de unos efectos determinados y concretos, llevados a cabo noche y día por un laboratorio, sólo pueden surgir unos resultados muy locales que pueden servir a la filosofía; pero nunca, los encargados de estas investigaciones tan determinadas y especializadas, están en condiciones de extraer explicaciones que solamente debería ser prerrogativa de esa filosofía viva y renovada que reclamaba antes. 

         Veo que, esos físicos-cosmólogos que han redactado la noticia de la nueva edad de nuestro universo, nos dan una edad muy concreta y exacta de él. Una exactitud que para mí ya es suficientemente sospechosa como para dudar y desconfiar de su veracidad. No se plantean esos científicos -entre otras cosas, imagino, por falta de tiempo que dedicar a una reflexión profunda sobre el asunto-, las contradicciones de fondo que subyacen en sus categóricas afirmaciones sobre el cosmos. He aquí unas cuantas de esas contradicciones que deberían hacerles pensar, si es que dispusieran de tiempo y ganas, claro: 

1.     Si un universo es todo cuanto imaginamos o conocemos, desde lo infinitamente grande hasta lo infinitamente pequeño, tendremos que opinar que este todo infinito no se puede acotar con un principio-origen temporal y físico nada más que humano, impregnado de un casi inevitable subjetivismo y someterlo a una edad determinada aunque ésta, a nivel nuestro, parezca muy grande como lo son los 13.700 millones de años y, menos aún, que este principio tenga como inicio "un gran petardazo explosivo", cual si del comienzo de las fiestas de un pueblo se tratara; aunque este petardazo se nos dé con el término anglosajón del “Big bang”. Poner principio a un “universo-todo”, da como resultado un universo muy poco universo. 

2.     Si el tiempo está formado por segundos, minutos, horas, años, años-luz y estos solamente son fruto del resultado mecánico de unos artilugios -léase relojes o similares-, artesanía humana y nada más que tiene que ver con el rotar -días- y gravitar -años- de este elemental e insignificante planeta Tierra, tendremos que pensar que no se puede someter todo un “todo” o universo, valga la expresión, a los mandatos de nuestra humilde artesanía temporal. El tiempo nunca puede trascender de lo particular a lo infinito. Son completamente incompatibles. No puede un elefante cabalgar a lomos de una hormiga. Sólo la fantasía y la subjetivad pura, pueden creer lo del “origen del origen”, valga la expresión.  

3.     De lo expuesto en el punto anterior se debería, pues, concluir categóricamente -incluso con una lógica humana, por muy maniquea que sea ésta-, que si nos estamos refiriendo a un universo-todo que está por encima de esos particularimos humanos, como son el tiempo y el espacio, resulta difícilmente digerible por una filosofía objetiva que ese universo dispusiera de un momento de “no-ser” -como diría Parménides- para dar gusto a los humanos y decidir explosionar de un “no-ser”,  “a ser”, comenzando a contar años a imagen y medida nuestra. -Aquí ahora debería repetir la cita inicial de Protágoras, sobre nuestra ineludible subjetividad-. ¡Todo un universo sometido a envejecer, como la pobre especie humana! Con otras palabras, resulta difícil razonar que “algo”, después de estar indeciso una infinitud, eligiera un “momento” concreto y determinado para iniciar y realizar la gran explosión creadora del "Big Bang" o similar. Este hecho sugiere el siguiente interrogante absurdo: ¿Por qué no lo hizo antes o por qué no lo hizo después? ¿Pero es que cabía y cabe la posibilidad de un “antes” y de un “después” en un universo-todo cuya absolutidad es innegable; porque está por muy encima de parámetros tan locales como son el tiempo y del espacio humano?  

4.     La ciencia ha heredado algunos “vicios de razonar”, que en su momento fue normal que así fueran, porque la física de las cosas cercanas era completamente desconocida. Es cierto, que la ciencia del pensar ha avanzado bastante y lo ha hecho, precisamente, porque es acumulativa. Acumulativa de todos los conocimientos anteriores, que siempre ¡oh paradoja!, se resisten a ser aceptados. Sin embargo, la ciencia oficial del pensar -del pensar filosófico, se entiende- se ha vuelto conservadora y, contra hechos y evidencias científicas, ha mantenido como vicio de razonar, lo que en otro tiempo fueron aciertos intuitivos del pensar. Me refiero a que, cuando el ser humano, ya desde Sócrates por citar un referente histórico, descubrió el interior nuestro y nos enseñó el repetido “conócete a ti mismo”,  se situó este ser humano en el centro de un universo metafísico o virtual, como se dice ahora, en el que parecía que todo estaba a su servicio, puesto que habitaba, también, una Tierra que como después teorizaría definitivamente Ptolomeo, era el centro cosmológico del universo completo. Esa metafísica nacida por el desconocimiento físico de las cosas que decía antes, se ha mantenido y se mantiene e, incluso, influye hasta en la física cosmológica actual. Es por ello que, cuando nos hablan de edades, distancias y expansiones, lo hacen sintiéndose perfectos “ptolomeístas” -perdón por la palabra pero no tengo otra- en lugar de copernicanos. Ellos ven pasar o moverse las cosas en su derredor y creen y dicen que todo se expande, como si la gota de un gran río que es desplazada por la fuerte corriente, pero que desde su visión “subjetiva” lo que ve “realmente” que se mueve no es ella, sino las plantas, los árboles, las montañas de la ribera, opinara que todo se alejaba e intentara medir la “edad” de todo lo que supuestamente se alejaba y que además “razonara” que, como todo se apartaba de su vista -en el caso humano, el efecto y la impresión de alejarse fue percibido por el llamado “efecto Doppler[2]- tenía que haber habido un “principio” de todo, aunque su agudeza mental -me refiero a la de la “gota”, por supuesto- le hiciera desechar un origen explosivo por lo burdo del argumento.  

5.    Todo lo que tiene principio u origen, tiene un fin -se dice-: Un río nace y muere en el mar. Un planeta nace y, también, tendrá su fin. Un ser humano nace y al final de su vida muere. Esto es lo que vemos a nivel particular y son estos razonamientos puramente formales los que mantienen esos “vicios de razonar” que decía en el punto 4. Pero esto es así y se mantiene hoy día, porque no se ha asimilado -a nivel filosófico, se entiende- lo que la ciencia ya nos ha enseñado de estos mal llamados “principios y fines”. Fines y principios -“muertes y nacimientos”- tales que ninguna filosofía de la ciencia tiene argumentos suficientes para hacer, que éstos transciendan de su subjetividad conceptual, a un universalismo tal que imponga su insignificancia a todo lo que existe, sometiéndolo al designio y voluntad de un elemental espécimen, habitante de una “partícula planetaria”, una más de las infinitas que constituyen el universo-todo. Si nos fijamos en donde nace un río, por ejemplo, sabemos que ese origen no se crea de la nada, sino que hay una continuidad y que en aras de esa objetividad tan utilizada por mí en todas mis explicaciones, un río, en este caso concreto, se puede afirmar con rotundidad que no tiene principio ni fin. Que, de lo que substancialmente se trata, es de un movimiento “circular” en el que participan el agua del mar, la evaporización, la lluvia, el manantial, etcétera. Un ser humano, es verdad, nace del vientre de la madre; pero lo mismo que el río, no surge de la nada, sino que hay un proceso físico-quimico o movimiento de substancias que se aglutinan para formar esa vida, “cerrando”, también, un circuito completo, en el que tampoco podríamos hallar un verdadero y absoluto principio o fin. Un planeta tampoco se originó de una nada o de un “no-existir” sino más bien de la acumulación de elementos, que en movimiento continuo y circular cumplen una ley universal de la que, por supuesto, no se excluye el ser humano. Con estos antecedentes de nuestro “buen razonar y sentido lógico” es entendible que, como decía antes, sea nuestro desproporcionado subjetivismo el que limita la capacidad humana de mirar las cosas y su fenomenología. ¡Ojalá! todas estas contradicciones que intento ofrecer a la propia reflexión nuestra, suavice ese orgullo visceral que nos envuelve y nos traiga aunque sean unos gramos de objetividad, que nos permitan comprender otra visión de esa fenomenología de las cosas que citaba antes y que perciben todos nuestros sentidos por igual. Sólo bastarían esos pocos gramos de objetividad mezclados con unas pocas dosis de humildad para aceptar que un universo-todo no pudo tener un principio ni en el espacio ni en el tiempo; porque como comentaba antes, si todo lo que conocemos se nos manifiesta sin orígenes absolutos, menos lo va a tener lo que es substancialmente absoluto. Por lo menos, los filósofos antiguos y aún algunos “modernos” recurrían y recurren a un “primer motor” o, sencillamente, a un Dios -ambos con poderes de infinitud y atemporalidad-, para explicar y cubrir, lo que “antes” del "Big Bang" tenía que haber por siempre jamás. 

6.     No piensen, por lo que vengo diciendo, que estoy en contra de todo tipo de investigación y desarrollo de instrumentos que nos ayuden a aumentar nuestros conocimientos. No querría que mis críticas y discrepancias se interpretaran en este sentido. Lo que critico es el subjetivismo, en muchos casos interesado, de servirse de estos instrumentos para certificar ideas preconcebidas. Es que, si analizamos con atención, tiempo y sentido crítico objetivo, los comunicados científicos que tienen como fundamento y "materia prima" las radiaciones recibidas por esas sofisticadas antenas, nos será fácil, al menos para algunos, deducir que podrían admitirse otras interpretaciones de esa fenomenología "radial" que nos apartarían de las ya teorías clásicas que mantienen el supuesto origen del universo y su expansión.  

            Nos hablan de unas radiaciones, sean de “fondo con microondas” o no, de las que la aportación de esos sofisticados instrumentos al servicio del investigador se reduce al destino y lugar en donde son recibidas o captadas, no al “punto de partida” de esas radiaciones; aunque así lo pretendan sus intérpretes. Además, es también discutible afirmar que estas radiaciones vienen de donde vienen -según el fragmento transcrito textualmente al principio: “una “fotografía de bebé” del universo, de cuando éste tenía apenas 380.000 años después del Big bang”- ¡Fantasía pura y dura! Está claro que para el que va con la idea preconcebida de la búsqueda del origen del universo, basado ingenuamente en el recorrido de una o varias radiaciones, lo interpretará como que vienen de lo profundo del universo y justo y exactamente al parecer, desde el mismo punto y hora cero creacional supremo. ¡Exactamente, cuando sólo era un "bebé"! ¿Se puede decir mayor tontería? No importa que además hayan tenido que atravesar esas radiaciones una especie de "túnel del tiempo", hasta llegar a los ávidos "ojos estelares humanos"; porque a causa de la teoría de la relatividad, que somete a la luz-radiante a otro subjetivo capricho, como es que no pueda ésta superar la velocidad de 300.000 km/s -otro tema más para la heterodoxia que dejo para otro artículo que ya tengo escrito-, hay que echar mucha imaginación al asunto o ignorancia del ídem, para llegar a creérselo. Para mí, que no comparto nada de eso, buscando otro significado a esas radiaciones, que, por supuesto existen -el tema de la velocidad de la luz, no me cabe en este reducido artículo, como decía-, hacen que me argumente: Las “radiaciones del fondo” no son otra cosa que las pertenecientes a “ejes-sistemales”[3] relativamente cercanos y si el ser humano, que como otra antena, recibe e interpreta las radiaciones solares y si nuestro Sistema solar, a su vez, las recibe de otras unidades sistemales de orden secuencial superior y así sucesivamente, si continuamos aumentando la escala progresionalmente, resultará que en el punto en que se encuentra la sofisticada antena -en este caso nuestro planeta- con unas capacidades y sensibilidades superiores a sus inventores los humanos, detectará esas como capas de ondas -“macro” o “micro”- que “bañan” nuestro pequeño sistema. Pero en cualquier caso, no se trata de ondas echas a imagen y semejanza de esa subjetivación humana, apuntada más arriba, que impone a todo un “principio y fin”, lo mismo que al universo, sino que solamente son ondas en “circulación” elipsoide o similar sin principio ni fin. Ondas en todo caso “esferoidales” por cuya idoneidad o “idiosincrasia”, es por lo que se captan desde cualquier punto que uno las observe. ¿Piensan, a caso, que el Sol interrumpe sus radiaciones sobre la Tierra, sólo porque nos invada la noche y no las percibamos y que vuelven a “nacer” cada mañana al amanecer? ¿Es que no las está recibiendo al mismo tiempo la Luna y el resto de planetas que nos muestran sus superficies iluminadas en la noche terrestre? Los físicos cosmólogos deberían darse cuenta, a decir por la cantidad de información que manejan, que esas ondas (¿rayos cósmicos?), sean del tipo que sean, nunca pueden venir de un centro creacional, por la sencilla razón de que lo que se capta son simples manifestaciones de la materia que se organiza en unidades sistemales, como dije más arriba y que no son los mensajeros lanzados a los cuatro puntos “cardinales” del universo anunciando la “buena nueva” de la gran explosión creadora de todo lo que existe[4]. ¿Quién me puede asegurar que esas supuestas radiaciones no son de otro centro sistemal "cercano", sabiendo como sabemos que el universo se estructura en infinitos centros sistemales relativos? Al menos, así lo afirma mi “mecánica óntica[5]”. 

7.     Comencé citando a un filósofo clásico y termino, también, citando a otro, llamado Heráclito de Éfeso, que nació hace 2.538 años, al que su prodigiosa intuición y deducción le hizo argumentar contra Parménides y su inmovilismo, que todo fluía y se movía en movimiento circular tal que, según sus palabras, “nadie podía bañarse dos veces en el mismo río”  y, claro, en un movimiento circular ni hay principio ni hay fin. Tampoco hubiera estado hoy a favor del "Big Bang", porque igualmente decía que: “Este cosmos, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses o de los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego siempre viviente”.

 

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“Mientras la filosofía y la ciencia actual necesiten una eclosión catastrofista a lo  "Big bang" o similar, para explicar el universo y su "origen", seguiré pensando que esta ciencia ha errado en su camino.”

                                                                               Santiago Salcedo

                                                           


[1] Es necesario adoptar precauciones en este tipo de cálculos porque todos sabemos que los métodos utilizados son modelos dependientes; Quiero decir que no están fundados en datos experimentales directos sino en resultados calculados a partir de otras teorías.

[2] Corrimiento hacia el rojo del espectro, de las fuentes lumínicas proveniente de los cuerpos celestes situados en el espacio exterior, descubierto por Edwin Hubble allá por el año 1924.

[3] Nuevo concepto que utiliza mi filosofía, a la que he titulado Ontofísica, para definir la materia que, según esta nueva filosofía, se organiza en “unidades sistemales” y que éstas, a su vez, se mueven en torno, claro, a un “eje-sistemal”.

[4] Extracto del Artículo: Rayos Cósmicos: Las Partículas más Energéticas de la Naturaleza

         F. Arqueros

      No obstante, existen varios argumentos que ponen en duda la hipótesis del origen extragaláctico de los rayos cósmicos. Un año después del descubrimiento en 1965 de la radiación electromagnética de fondo que ocupa todo el espacio K. Greisen y G. T. Zatsepin demostraron que los rayos cósmicos con energías por encima de 6 1019 eV tienen una probabilidad muy alta de destruirse al colisionar con los fotones de la radiación de fondo en su largo camino por el espacio intergaláctico y por tanto, aunque se crearan rayos cósmicos en otras galaxias, no llegarían a la Tierra. Otro argumento está relacionado con la composición química, ya que la energía máxima a la que una partícula puede estar confinada en un campo magnético depende también de su carga. Para los cálculos de confinamiento se ha supuesto que estamos tratando con protones, pues, al menos a bajas energías, son la componente predominante de los rayos cósmicos.

 [5] Una teoría unificada de la materia, enmarcada dentro de la parte fundamental de esta filosofía,  la “Ontofísica”.

 

 

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Página nº 15: Democracia, realidad y mito.

 

 

Preámbulo

He elegido Democracia para este ensayo “filosófico”, no por ser el tema más importante, que lo es, aunque nada más sea por lo continuo que anda en nuestro hablar cotidiano, ni tampoco para cantar las gloriosas virtudes que adornan, al parecer, tan afortunado vocablo, sino para poner al descubierto algunos de sus defectos, no de la palabra en sí; sino de su viciosa utilización por parte de nosotros los humanos.

La palabra democracia se oye más que se escucha, en todas partes de este minúsculo y empequeñecido planeta, del que no me extrañaría que en un futuro, al ritmo de los nuevos descubrimientos de la astrofísica, corriera la misma suerte que el pobre Plutón y como él, fuera reducido a simple planetoide. ¿Lo ponen en duda? Quien podría pensar en los tiempos del gran astrónomo-matemático Ptolomeo (Claudio Ptolomeo de Alejandría, se entiende) allá por el siglo II, que este planeta, al que nosotros mismos llamamos Tierra, sería descabalgado de su “geocentrismo” y reducido, simplemente, a orbitar humildemente alrededor de un sol, cuando ese geocentrismo justificaba nada menos que un designio divino, el que según dicen las ortodoxias míticas, mereció la atención de el Dios del Todo; tanta atención, que decidió enviar a su propio hijo a morir por él o, mejor dicho, por unos especimenes bípedos autotitulados “sapiens”, habitantes de su arrugada piel. “Sapiens”, supongo, por la inmensa habilidad de haber sido capaces de inventar tan alucinante historia…

I REALIDAD

Descendiendo de las alturas reflexivas del preámbulo de este ensayo -para algunos serán bajuras, allá cada uno con sus entendederas-, ahora, para continuar con mis reflexiones sobre democracia, venga en esta primera parte lo que a mi entender considero su contenido real y para ello, no me queda más remedio que recurrir a sus orígenes etimológicos, por aportar un poco de ortodoxia a este atípico ensayo “filosófico”. De todos modos, para el que lo ha olvidado o no lo sabe, le bastaría consultar como he hecho yo, cualquier enciclopedia de papel o de las llamadas virtuales. Por cierto, que las primeras hoy ya apenas si se usan. En mi último cambio de casa, eliminé nada menos que tres y, por más que me moví, no conseguí darles otro destino que el de convertirse de nuevo en pasta de papel. En cualquiera de estos dos medios de almacenamiento de datos, como se dice hoy, leemos que democracia está compuesta por dos palabras del griego antiguo: “demo” y “cracia” y que a la pregunta hecha en cualquier foro cultural, todos repetirían de carrerilla esto mismo,  cumplimentado de seguido con aquello de que la palabra “demo” significa “pueblo” y que la palabra “cracia” significa “gobierno”.  Todo esto me lo acompañarían con la siguiente conclusión sintética: “Democracia es el gobierno del pueblo”. Frase que tiene mucho de mágico, ingenuo o, mejor y si me apuran, de mito. De esto me encargaré en la segunda parte de este ensayo. Ahora, voy a ser bueno y ortodoxo haciendo un poco de historia de ese concepto del que parece que hoy, no haya algo más digno de culto que la materialización de ese concepto en la palabra “democracia”.

Sabemos que democracia y lo que esta palabra conlleva, de acuerdo con su etimología, se empezó a utilizar en Atenas allá por el siglo 5º a. C. Todos estos conocimientos y los que escribiré a continuación, sean recibidos con todas las reservas a las que yo también me adhiero por aquello de que, como dice el siguiente refrán un poco modificado,  “lo que viene de “luengos” tiempos, medias mentiras”. Con otras palabras: Poca historia y mucha literatura.

El siglo 5º, citado antes, lo llaman los historiadores el “Siglo de Pericles”. Las cualidades propias de Pericles, un estratega ateniense, desarrollaron una actividad cultural en todos los ámbitos conocidos que enriquecieron y mejoraron el vivir social de Atenas. Siglo destacado sí; pero que no le privó de la actividad “cultural” más afín a nuestra especie: las guerras. Las Guerras Médicas (490 y 480 a. C.) y las del Peloponesio (431 al 404 a. C.) fueron un ejemplo de la aseveración anterior. La primera, enfrentó a la mayoría de los griegos contra la invasión persa y con la segunda, la guerra enfrentó a griegos contra griegos o Atenas contra Esparta, básicamente. Por lo visto, fue en los intervalos de paz y de preponderancia de la ciudad de Atenas, en donde según cuentan, destacaron eminentes varones en filosofía, política, literatura, historia, escultura y arquitectura, cuando parece ser que esta vez fue el mismísimo Zeus el que se apiadó de los mortales y les regaló la “democracia”. No se rían. Estaba expresando una de tantas versiones oficiales que se podían oír en los tiempos de Pericles. Hablamos tanto de los mitos griegos que nos olvidamos la mayoría de veces, que se trataba de verdades tan creídas como lo son ahora divinidades aceptadas fielmente por millones y millones de seres en este planeta nuestro. No tengo la menor duda de que dentro de varios cientos de años más o menos, habrá tratados de “mitologías nuevas”, dedicadas a explicar todas las numerosas religiones de hoy, las que de uno u otro modo son en la actualidad dogmas de fe. Apartándonos un poco de la heterodoxa prospección futurista mía, lo cierto es que la palabra democracia y su contexto aparecieron por esas latitudes de la Hélade clásica. Y como las cosas nunca aparecen por generación espontánea, ese nacimiento tan, tan sublime para muchos de nuestros coetáneos, se debió a la propia evolución de un núcleo humano que, unido por su amor a la sabiduría, les hizo verse iguales entre iguales. Iguales entre iguales para unos pocos, claro. Había mucho pueblo, como ahora también, que era poco o nada “pueblo” y, por ende, muy poco iguales.

Profundizando un poco más en la etimología de la palabra democracia y sus contexto de “pueblo” y “poder”, como quedó apuntado más arriba, ahora nos toca adentrarnos en la sociedad ateniense de ese siglo 5º citado, y dejando de lado las inevitables guerras, intentar comprender cómo era el pueblo y el gobierno o poder a los que se refiere la citada palabra compuesta, democracia. La sociedad estaba dividida en clases más o menos como siempre y, también como siempre y ahora, había unos grupos más o menos privilegiados, los “bien nacidos” y otros que ni contaban como simples ciudadanos como los esclavos, los libertos y, por supuesto, las mujeres. Los “bien nacidos”, como es sabido porque como decía, es la historia de siempre, tenían la posibilidad de acceder al conocimiento y a la cultura porque disponían del “ocio”, privilegio divino que algunos mortales disfrutaban y disfrutan. Para el resto de humanos, necesitados de todas las horas del día para poder cubrir sus necesidades más perentorias, su cerebro no podía perder el tiempo en reflexiones de igualdades y cosas parecidas. Vista así la historia, deducimos que fue el privilegiado grupo de “bien nacidos” en griego podíamos llamarlos “eupátridas”, los que al verse en esa igualdad de ilustrados, pulcros y refinados, quisieran poner por escrito lo que ya era en ese momento, una realidad: Que ese “pueblo de privilegiados”, solamente ellos, claro, eran “demócratas”…

No sé cuanto de verdad o mentira habrá en mis anteriores elucubraciones históricas; pero de lo que no tengo duda es que, en sustancia, las cosas fueron así. Lo siento por los que, mitómanos por naturaleza, elevan a los altares del culto, todo lo que viene de antiguo. 

Sí, ya sé que la palabra democracia y su contexto, tiene otra lectura en el presente y que, desde las alturas de la vieja Grecia hasta las “llanuras masivas” del hoy nuestro, ha sufrido una evolución impulsada sin duda, más que por lo que nos enseñara la vieja democracia griega, por un instintito evolutivo de nuestra especie (también de otras especies sin duda) de igualar a todos con el propósito, también instintivo, de que el que ostente el poder (ahora se trata de “grupos de poder”, por supuesto muy “democráticos”) tenga una masa de individuos mayor a los que dominar. Claro que los mitómanos de siempre, como decía, y que además son mayoría, sólo verán lo que cuenta la Historia: que no fue hasta muy cerca del siglo 19 que la democracia se sistematizó en forma de “gobiernos democráticos” en muchas naciones y que se instauró el llamado “sufragio universal” y que, incluso, se permitió votar a las mujeres...

II MITO

Entrando en el asunto principal de este ensayo que he titulado Mito, he de decir antes de nada, que ha sido esta palabra asociada a la de democracia la que me ha estimulado a enredarme en los vericuetos socio-políticos de la citada palabra democracia, objeto de esta historia. Se trata de un término que estamos oyendo continuamente, surgiendo cual un rezo “mántrico” de todas las bocas habidas y por haber. No distingue niveles sociales. Todo, todo lo malo que nos sucede para unos, tendría remedio con esta bendita palabra o, por el contrario; para otros, es la causa de todo lo negativo. A lo anterior, además, añadir que democracia es presencia constante en todos los medios de comunicación.

Los llamados “medios de comunicación”, uno de tantos males de nuestro siglo, no olvidemos que los errores se pueden dar por defecto y por exceso, bombardean al respetable (en este caso la sufrida “demo”) con noticias y mensajes subliminales sin parar las 24 horas terrestres que dura un día y, como es obvio, una de las protagonistas en esos medios a los que yo llamaría “enteros”, es la palabra “democracia”. Resulta que ahora todo es democrático. No cabe excepción o distingo. Así que esa presencia constante y sonante, nunca mejor dicho, de la imparable verborrea de noticias y más noticias aquí y acullá, por las alturas de los cielos y por las profundidades de todo el mundo nuestro, repitiendo y repitiendo todo y a todas horas, insisto, como si fuéramos enanos desmemoriados, no nos puede traer nada bueno. Incluso pienso que, al final, estoy seguro van a conseguir hacernos perder la memoria y en su lugar lo almacenado en nuestro cerebro sólo responderá, no a actos volitivos internos sino a mensajes-tipo para unos seres semi-robotizados. Me baso en un principio reconocido de la evolución que dice: “Todo órgano que no se utiliza, desaparece”. Si nos están recordando, como decía, minuto a minuto todas las cosas, ¿para qué demonios tendremos necesidad de recordar? Nos convertiremos en unos seres desmemoriados. Quizás sea el principio de la felicidad absoluta. Una especie de nirvana universal para toda la especie humana, antes de desaparecer como tal, al estilo del conocido “Mundo feliz” de Aldous Huxley.

Confesaré que, desde que vengo oyendo democracia de un modo tan obsesivamente repetido, le he cogido cierta animadversión. Y esta animadversión entre otras cosas, por pensar que, así como decía en el párrafo anterior que lo que no se utiliza se degrada y desaparece, tampoco es que le beneficie que a todas horas y en todas las salsas venga o no a cuento, sea el condimento indispensable; porque sucede que, como cualquier condimento, no añade más que el gusto; pero nada de sustancia.

La masiva utilización para todo y con todo de la palabra democracia, me ha hecho verla en mis propias reflexiones a las que soy muy inclinado -por otro lado algo no recomendado porque te hace estar siempre enfrentado a casi todo- como una verdadera manipulación semántico-político-histórica. Esa manipulación no ha surgido, como es obvio al menos para mí, de una mente perversa ni divina y menos humana que, desde los orígenes lo había programado así; sino que ha salido de la propia idoneidad materialista humana que, creyéndose libre, ignora o si no lo ignora, no quiere enterarse, de que somos “gobernados” por fuerzas contrarias en las que y coincidiendo con el filósofo inglés Thomas Hobbes en su obra cumbre el Leviatán, pienso que “el hombre vive una guerra de todos contra todos” y que ”el hombre es un lobo para el hombre”. Es en esa lucha feroz entre humanos cuando, desde los primeros sofistas post-socráticos hasta hoy, la palabra ha sido la mejor y más poderosa arma. La Biblia de los cristianos dice que la palabra era Dios; pero yo digo que la palabra ha sido y es el arma más letal de destrucción masiva, por utilizar apelativos verbales de hoy, expresión exagerada a propósito, como ejemplo de lo que pretendo decir. La palabra en boca de un primate evolucionado que aprendió a hablar apenas hacen unas decenas de miles de años, ha sido capaz de dominar, esclavizar y dogmatizar a masas ingentes de estos mismos primates evolucionados. Una de estas “palabras-mito” para el que escribe, fue y es “Democracia”.

No ignoro lo que estará pensando el sufrido lector que haya sido capaz de leer hasta aquí, los laberínticos párrafos anteriores: Que democracia y lo que esta palabra representa tiene cosas muy positivas. Cierto; pero ya he dicho antes que todo, todo está gobernado o formado por fuerzas contrarias en lucha. Y de esta lucha no se escapa nada. Desde el más elemental átomo hasta la más gigantesca masa galáctica, pasando, por supuesto, por el propio “ser humano”. Y el que escribe, no ha escogido democracia y su concepto para repetir las loas y parabienes que se oyen constantemente sobre la protagonista de este escrito, sino para dar una visión heterodoxa de lo que para la mayoría se ha convertido en un verdadero mito, por aquello de la tendencia al mito que va en la propia naturaleza humana y que tanto vengo repitiendo. Y deberíamos saber que cuando el mito se apodera de una idea, ésta se enquista y se corrompe o, como mínimo, pierde su sustancia. La idea original se difumina y lo que queda de su primigenio esplendor, solo son ritos: Repeticiones mecánicas de toda una protocolaria conducta a la que todo buen ciudadano debe afiliarse, so pena de sufrir el correspondiente anatema.

Para que no se me interprete erróneamente todo lo anterior y, al instante, aparezca en la mente de algún lector uno de esos anatemas a los que la ignorancia le pone alas, dejo constancia de que este ensayo tira por lo filosófico que, aunque no me gusta utilizar esta palabra, también, por lo mismo que decía de democracia, quiero decir que estoy hablando desde una perspectiva neo-materialista de las conductas humanas, las que,  este neo-materialista convencido las analiza a muchos kilómetros de distancia de las disquisiciones políticas que, como siempre, no aportan nada racional en esa fiera lucha, instintiva y primaria, sin más finalidad “democrática” que la de hacer caer al que ostenta el poder y ocupar su puesto; parecido, salvando las distancias, claro, a las luchas de un grupo de mandriles, por ejemplo, en las que un “macho opositor” intenta eliminar a un “macho gobernante” de turno. Y es que, también las conductas humanas tienen mucho de lucha de “machos”, aunque ahora y en nuestros presente que nos toca vivir, todas estas conductas las institucionalizamos y las adornamos de fórmulas y ritos sobre los que sesudos y eminentes cerebros elucubran sacralizando algo que en el fondo, como decía, no son más que luchas por acabar con el contrario, aunque hoy se utilice más la sonrisa y la palabra que la espada. Conducta que sería para desentenderse del auto-proclamado ”humano sapiens”, si de nuevo una reflexión materialista propia, me hiciera ver que en una división objetiva del devenir histórico humano, aún no hemos salido de una “Edad Media” profunda y retrógrada. ¡Cómo cambiaría el juicio sobre estas conductas, si el que las emitiera, por ejemplo, fuera un ser de otro planeta cuyos habitantes llevaran de historia varios millones de años! No sé, quizás yo sea ese habitante de otro planeta por mi modo de analizar el comportamiento de la citada especie humana y sus ritos igualitarios tan primitivos, a su vez, tan poco igualitarios y “democráticos”, valga la expresión.

Podría entrar en más disquisiciones con las que hacer ver al lector, la falacia de doctrinas que nos inculcan desde la más tierna edad, momento idóneo el de un ser vivo para marcarle con ellas y ser un ideo-dependiente hasta tal punto que el 99% de ellos, no será capaz de otra conducta que la marcada desde su nacimiento. Y como lo que se lleva ahora es decirnos que la democracia nos da la igualdad para todos, que podemos elegir libremente a los que nos van a gobernar, etcétera y etcétera, disfrutan de una satisfacción espiritual tal, cual la misma que disfrutan, también, los adoctrinados desde su nacimiento con cualquier clase de religión.

Los seres humanos de estos tiempos “modernos”, adoctrinados hasta la saciedad con las ventajas ya citadas de lo que significa ser un ciudadano democrático e incapacitado en su mayoría para ser absolutamente ideo-independiente, su tan traída y llevada mayoría, será aprovechada para que unos pocos (¿los “eupátridas” de hoy?) les digan sin decirles, lo que tienen que elegir para su buen gobierno; eso sí, con el convencimiento popular absoluto de su libre elección, faltaría más.  

Comprendo que todo lo expuesto de un modo tan categórico hasta aquí, no guste a una ortodoxia cuya misión en este “devenir de contrarios” que somos los humanos, es mantenerse en un inmovilismo instintivo y oponerse a todo lo que venga de la otra parte de esas dos fuerzas, la heterodoxa, por llamarla de algún modo que se entienda. Pero no se esfuercen los “ortodoxos” en intentar borrar al contrario; porque deberían saber y al saberlo, reflexionar que la ortodoxia que ellos defienden, antes fue, también, una heterodoxia...                                                                                       

                                                                              (En Sitges, agosto, 2013.)

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Página nº 16: ¿Quién impulsa a quién?

 

 

Estudiando al filósofo Zenón de Elea, discípulo de Parménides y su conocida historia de la imposibilidad de que el veloz Aquiles alcanzara a una tortuga o que una flecha disparada por un arquero se moviera, con lo que intentaba apoyar la teoría filosófica de Parménides que negaba el movimiento, se ganó un lugar en la historia de la filosofía antigua y yo, también, pretendo entrar en la Historia intentando buscar una explicación diferente sobre el movimiento, que no sea la que mantiene la ciencia oficial basada en la inercia. He aquí un fragmento de la citada aporía:

 “Si se parte de una representación del tiempo como una sucesión de momentos separados, y se segmenta en distintos momentos el vuelo de una flecha que ha sido lanzada, estaría en reposo en cada uno de esos momentos y consecuentemente tampoco se movería en suma; por consiguiente, si se toma el tiempo como un discontinuo infinito, entonces se obtiene la paradoja de que por ejemplo Aquiles nunca podría adelantar en una carrera a una tortuga que tuviera ventaja...” (Texto entrecomillado de Wikipedia.)

En este ensayo, puedo decir que en algo coincido con la idea del no-movimiento de Parménides, que como yo pienso, el discípulo Zenón no debía de ser el más listo de la clase; porque Parménides se refería al movimiento absoluto y Zenón se quedó con la idea superficial de que el movimiento no se podía dar. Esto suele repetirse más de lo que debiera: discípulos que mal interpretan a sus maestros y que luego son ellos los que tuercen y tergiversan los conocimientos aprendidos; los que, bien interpretados, hubieran evitado falsas teorías que no tienen nada que ver con lo que explicaron los citados maestros...

Me enfrento al eterno problema, pues, de porqué la flecha de Zenón de Elea sigue avanzando después de ser lanzada, si no continúa nadie impulsándola. Problema que se ha intentado explicar recurriendo a un término: la “inercia”. Un concepto poco aclarado al que, al parecer, se le asigna una especie de poder misterioso, capaz de poder desplazar algo que estaba inmóvil y que tras el consabido impulso o efecto físico impactal, sale disparado el objeto de nuestro experimento. Y la prueba de lo poco rigurosos que somos los humanos en su mayoría, todo el mundo acepta la explicación de la inercia como “un hálito semi-divino” que va detrás del objeto en movimiento como empujándolo hasta que la inercia parece que pierde también fuerza y el objeto lanzado, cae. Pero éste no es mi caso y un buen día, después de oír la explicación general sobre la inercia y su poderío, me dije que ese concepto era demasiado abstracto e impreciso; de tal modo que, cuando volví sobre este problema y lo analicé con mayor detalle y profundidad, me di cuenta que la inercia no explicaba la verdadera causa de que un objeto lanzado a cierta velocidad, continuara en movimiento sin que hubiera influencia directa física, que lo siguiera impulsando. Como siempre, Cuando se parte de una perspectiva errónea elegida en un momento en el que no se dispone de suficientes conocimientos que nos permitan objetivar un poco más nuestros razonamientos, hace que, incluso en la Ciencia, haya interpretaciones de fenómenos físicos que tienen que ver muy poco con esa realidad objetiva que decía. Así que, pensando desde hace tiempo sobre este problema, ha sido hoy cuando me he dado cuenta de que, cuando se lanza un objeto a velocidad superior a la gravedad de su punto en donde está, lo que hace es recuperar su propia idoneidad de todo lo que existe que es el movimiento (movimiento relativo. Porque sabemos por Parménides, que el movimiento absoluto no puede darse). Como digo desde hace tiempo, el problema no está en explicar el movimiento sino el “no-movimiento”. Así que el impulso sobre la flecha de nuestro ejemplo, lo que hace es dejarla libre para que recupere su idoneidad que es ser y ser en movimiento.

Para entenderlo mejor, vaya el siguiente ejemplo: Ante una paloma metida en una angosta jaula, uno elucubra que la paloma se moverá cuando le abra la jaula; mejor dicho, que volará y se moverá, no por su propia idoneidad de paloma que es volar, sino porque le abre la jaula. O sea que el hecho fundamental del movimiento de la paloma no está en sí misma sino en “ser dejada libre” (¿la inercia?). Por lo tanto, volar o moverse es cosa de algo tan abstracto como la inercia que la impulsa. Lo mismo del ejemplo anterior, se puede aplicar a los objetos. El impulso dado es como abrir la jaula de la gravedad del núcleo al que están enganchados o atados. Y no es la inercia lo que los mantiene en el movimiento del primer impulso sino que el primer impulso ha anulado por unos momentos esa gravedad y, por lo tanto, el objeto -en este caso la flecha- queda libre para su “volar” natural. Una gravedad que como vengo explicando hasta la saciedad, no es la gravedad universal de Newton sino una gravedad relativa y mono-sistemal o lo que es lo mismo, gravedad particular perteneciente individualmente a cada cuerpo planetario en orbitación. Gravedad que empieza en el núcleo de ese cuerpo en rotación que decía  y termina “en las afueras” de ese mismo cuerpo con el que forma un todo sistemal...

En conclusión, nada está quieto ni puede estarlo. Y del mismo modo, si nos preguntamos porqué sale una piedra atada al extremo de una cuerda que giramos a mucha velocidad, lo hace porque sólo le damos movimiento gravitacional pero no el de rotación. Si la piedra adquiriera a su vez un fuerte movimiento rotacional proporcional al de su gravitación, el objeto permanecería en una posición determinada en lugar de salir disparada…

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Página nº 17:

Ortodoxia y heterodoxia de los agujeros negros

 

 

Para la parte ortodoxa de este tema, he encontrado en Wikipedia esta “Breve historia de los agujeros negros” publicada por Carles Paul (Universidad de Barcelona) de la que transcribo algunos párrafos:

Los agujeros negros nos parecen un descubrimiento del siglo XX, nada más lejos de la realidad. Aparecieron hace tiempo como resultado teórico al aplicar las leyes de Newton y han seguido manteniéndose al aplicar las leyes de la relatividad de Einstein. La idea de los agujeros negros surge de la unificación de la teoría de la gravedad y de la teoría corpuscular de la luz, las dos ideadas por Newton. En el siglo XVIII se quería descubrir los misterios de las estrellas, ya se conocía que las estrellas no reflejaban la luz sino que brillaban por ellas mismas al igual que el Sol. Conocían también que se encontraban muy lejos las unas de las otras y de nuestro Sol. Medir estas distancias era uno de los objetivos de John Michell.

John Michell (1724-1793) estudió en la Universidad de Cambridge y fue un físico teórico y un gran experimentador, en astronomía, óptica, magnetismo, gravitación y geología. Fue el primero en idear un experimento para medir la constante de la gravitación universal a partir de una balanza de torsión que invento en 1783. Posteriormente en 1798 Henry Cavendish perfeccionó la balanza de torsión y volvió a realizar el experimento, que ha pasado a denominarse experimento Cavendish, midiendo la constante de la gravitación universal  (G) y calculando la masa y densidad de la Tierra. Valor de G= (Si calculamos G = 6,67*10^(-11) nos da 0,0000000000667 [667 mil billonésimas de newtons por m/kg.] En resumen, cero.)

A partir de aquí empieza a determinar cómo calcular la disminución de la velocidad de la luz debido a la fuerza de la gravedad del Sol. Estas ideas le llevan a considerar que la luz al salir de una estrella se tiene que comportar como una piedra lanzada al cielo en la Tierra. Había descubierto la velocidad de escape”

Michel se pregunta ¿Qué sucedería si la velocidad de escape supera la velocidad de la luz? La respuesta es evidente, la luz tiene que caer hacia la estrella. A estos cuerpos los denomina cuerpos oscuros, puesto que son invisibles, aunque pueden detectarse por sus efectos gravitacionales. En 1795 Pierre-Simón Laplace en su “Exposition du Système du Monde”, hace notar, al igual que Michell, que de acuerdo con la teoría newtoniana de la gravedad y la teoría corpuscular de la luz de Newton, la luz no podría escapar en un cuerpo celeste tal que 2GM/R C2>1, donde M es su masa, R es su radio, G la constante de la gravitación universal y c la velocidad de la luz. (no hacía mucho que Olaus Roemer. un astrónomo danés que, en 1776, había calculado la velocidad de la luz de aprox. 300.000km/s.)

Textualmente decía: “Un astro luminoso de la misma densidad de la Tierra, y cuyo diámetro fuera 250 veces mayor que el del Sol, no dejaría, en virtud de su atracción, que ninguno de sus rayos llegara hasta nosotros; es, pues, posible que los cuerpos luminosos mayores del universo sean, por su propia naturaleza, invisibles”. Las conclusiones de Laplace son bastante ciertas, según los datos actuales el diámetro tiene que ser 246 veces el diámetro solar. Pero hay que tener en cuenta que estas afirmaciones, tanto de Michell como de Laplace se basan en la física clásica. Es decir, consideran que la velocidad de la luz puede frenarse (aún no había llegado Einstein con el segundo postulado que la convirtió en constante universal) y tiene un comportamiento corpuscular formado por partículas con masa. Curiosamente utilizando la física relativista se obtiene la misma ecuación. Poco después de que apareciera la teoría de la relatividad general de Einstein, el físico alemán Karl Schwarzschild calculó cómo se comportaría el espacio alrededor de un punto con masa, obteniendo teóricamente un agujero negro. Pero no creyó que pudiera existir en la realidad.

La historia moderna de los agujeros negros empieza en 1939 cuando Oppenheimer y Snyder, usando las ecuaciones de la teoría de la relatividad general, calculan qué sucede a una estrella de gas esférica, densidad homogénea, presión despreciable y masa total M. El resultado es que la esfera debe ir colapsándose a consecuencia de la gravedad y prueban que la superficie de esta esfera, al alcanzar el radio siguiente r = 2GM/C2 = 2,9531 (M/Msol) km  (con MS =1,989·1030 kg  la masa del Sol), la materia de la estrella se ha comprimido tanto que la gravedad en la superficie de la estrella es tan intensa que atrapa a la luz y la materia. Aparece una región del espacio de la cual nada puede escapar. Por ejemplo, si se comprimiera el Sol hasta un radio de tres kilómetros, unas cuatro millonésimas de su actual tamaño, se convertiría en un agujero negro. La densidad del Sol seria de unos 1019 kilogramos por metro cúbico, superior a la de un núcleo atómico (2·1017 kg/m3).

Y esto es más o menos lo que hay en la ciencia, digamos, ortodoxa que explicarían de parecida manera todo lo que se ha dicho hasta aquí por parte de Carles Paul sobre los agujeros negros, el resto de físicos teóricos y demás familia cósmica del mundo mundial.

2) Sección heterodoxa de los “agujeros negros”.

De la parte ortodoxa anterior, transcribo textualmente lo siguiente: “La historia moderna de los agujeros negros empieza en 1939 cuando Oppenheimer y Snyder, usando las ecuaciones de la teoría de la relatividad general, calcularon qué sucedía a una estrella de gas esférica, densidad homogénea, presión despreciable y masa total M. El resultado fue que la esfera (la estrella) debería ir colapsándose a consecuencia de la gravedad”... Un  resultado más que discutible, aunque se presente como garantía de verdad una ecuación, por más que ésta sea de la relatividad general. Una ecuación es una “máquina” que puede funcionar de muchos modos. Todas las relaciones ecuacionales trabajan con datos relativos y proporcionales, que pueden tomarse de relaciones físicas concretas o imaginarias. Por ejemplo, las fórmulas citadas servirán siempre que la universalidad o no de la dichosa atracción gravitatoria y la velocidad de la luz como constante, bajo su disfraz de C2, sean ciertas. (Líneas más adelante analizaré esta fórmula M=Mo/RAIZ²(1-V²/C²), como ejemplo de lo que digo.) Conceptos ambos (gravedad y velocidad de la luz) puestos en entredicho por mi Mecánica Óntica. Así que, el error con el que alimentan las citadas ecuaciones está en que “sustantivan” el tal aparente fenómeno que llaman “atracción gravitatoria”, asignándole “vida propia” de la que dispone a su “libre albedrío”, como dueño y señor del universo, colapsando aquí y acullá a la desprevenida estrella que no se aperciba a tiempo de su nefasta presencia. El mismo proceso sustantivador ha sufrido la luz cuando en realidad no hay una luz única y universal “fuera de” o “aparte de” la existencia de las individualidades sistemales de las que se emite dentro de una constitución substancial global y no excepcional. 

Como complemento a la anotación anterior no exenta de cierta ironía y para que vean cómo trata este asunto la Sofiagía Ontofísica, escribo a continuación unos fragmentos de las anotaciones nº 38. Los “agujeros negros”, la luz y otras “metafísicas” más  y de la nº 117. Sobre masas e inercias de inercias, del Libro II de mi obra “Diario de un heterodoxo”.

Sólo con negar que la atracción gravitatoria universal pueda darse porque de existir como tal,se precipitaría o colapsaría todo lo que existe sobre si mismo, bastaría para pasar de largo de los citads “agujeros negros” y relegarlos al capítulo de la ciencia-ficción. En mi Mecánica óntica no caben tales especulaciones porque, paradójicamente y, de acuerdo con su “movimiento substancial”, las unidades sistemales de cualquier tipo existen porque “devienen progresionalmente” o, lo que es lo mismo, porque todo lo que gravita por el hecho de hacerlo, se mueve por una combinación de fuerzas “centripetafugas” con una diferenciación exponencial a favor de la “centrífuga”, lo que impide en absoluto que una unidad sistemal (galaxias, sistemas solares, átomos, etc…) pueda colapsarse y sí, en cambio, crecer o devenir tal como nos muestra con diáfana claridad lo cercano, más fácil de analizar y del que yo he aprendido mucho, al que llamo, “mi mesocosmos”. 

Sentados los principios de la sofialogía Ontofísica en la que no caben hipótesis del estilo de los llamados “agujeros negros”, veamos los principios “científicos” a partir de los que se ha llegado a la “agujeronegromanía”, en la que, ¡oh paradoja!, parece ser que han caído absorbidos por esa fuerza mágica que parecen tener los citados “agujeros”, la mayoría de los físicos teórico-cuánticos. Así que, tomando como referente los principios relativistas (me refiero principalmente a esa nefasta herencia lumínica C2), se debe, fundamentalmente a Einstein quien consideraba la luz como una “bola de hierro” lanzada hacia el exterior que lucha desesperadamente por evadirse de una atracción fatal, nunca mejor dicho. Una bola de hierro como la que lanzaba el filósofo y matemático francés Pierre Laplace (1796), para obtener la fórmula V = (2GM/R)1/2 (una cantidad elevada a un medio, es la raíz cuadrada) con la que calculó la altura que alcanzaría cualquier masa o sólido desde el suelo para cualquier velocidad inicial dada, la  "velocidad de escape” que necesitaría un proyectil disparado desde un lugar muy concreto, como es la superficie de nuestro planeta. De esta relación y su fórmula parece ser que Einstein llegó a esta otra R = (2G/c2).M, ingresando así en la orden relativista (c2), y sacando las consecuencias científicas que le permitió concluir que la atracción gravitatoria de un agujero negro era tan voraz que nada podía salir de él. Voracidad tan tremenda, insisto, la de esos monstruosos engendros llamados agujeros negros, que son capaces de acabar con parte de su propia substancialidad. Desde mi punto de vista, afirmo que si la atracción gravitatoria existiera tal como la consideran ellos como un fenómeno universal, ya no  habría universo  porque se habría colapsado absolutamente todo, como ya apunté al principio. ¿O es que acaso esta especial “atracción gravitatoria” funciona caprichosamente dirigida por algún ser extraño que no se atiene a las reglas de la propia materia?

Una estrella, por ejemplo, se convertirá en “algo negro” -negro para nosotros, se entiende- solamente cuando su gravitación y rotación disminuya tanto que no le permita mas que fenecer en su medio que le dio vida; lo mismo que cualquier "ser vivo" de nuestro único referente cierto terrestre, se deshace en su medio cercano como es esa tierra que, también, ¡oh paradoja!, le dio “vida”. Con otras palabras: El nacer, crecer y morir nuestro aplicado a todas las unidades sistemales que conforman "el infinito todo", como diría Giordano Bruno.

Intentando ampliar un poco más lo expuesto anteriormente, he aquí un ejemplo de utilización de conceptos básicos sobre los que luego se montan verdaderos tinglados científicos, cuyas existencias dependerán de que estos conceptos básicos se mantengan como ciertos: Aseguran los físicos que las matemáticas prueban que si la masa de un objeto que está en reposo, respecto a nosotros es Mo; su masa M, cuando se mueve a una velocidad V con relación a nosotros, viene dada por M = Mo / RAIZ² (1-V²/C²). El resultado M es, pues, la masa relativa. Pero, aunque no soy matemático, me he dado cuenta que esta fórmula daría parecidos resultados, si el límite de la velocidad de la luz (C²) estuviera en 200.000 Km/s o si me apuran en 100; porque lo que sucede es que al igualar V a C, o más concretamente, si le asigna un límite de 1000 a C -como ya saben C representa la velocidad de la luz-, cuando V sea igual a 1000, tendremos como resultado uno que restado del otro uno, nos dará cero, lo que se interpreta como la imposibilidad de que algo pueda ir más rápido que la luz. Así que, sólo si es cierto que la luz es una constante universal, será cierta la fórmula anterior, no al revés. Y todo esto, se vendría abajo, solamente con negar el concepto Mo (masa en reposo). La Mecánica Óntica, como ya deben saber a estas alturas de la obra, rechaza la existencia de “masa en reposo” absoluta. Por lo tanto, nada se puede acelerar independientemente, salvo la mal llamada aceleración de un objeto en nuestro entorno casero. Así que, insisto, la fórmula citada se cumple siempre que sea cierta la velocidad de la luz en los casi 300.000 km/s, no al revés y que, además, V sea siempre inferior a C, claro. Quiero decir que con cualquier valor constante que se asigne a la velocidad de la luz en esta fórmula, dará resultado nulo cuando la velocidad del objeto, la sobrepase.

¿Dónde está el error fundamental? El error no está tanto de todo lo que vengo diciendo sobre las velocidades o principios relativistas o cuánticos que es pura anécdota, sino en algo más profundo (sofialógico): Todas sus referencias a movimientos no pasa de lo que mi Mecánica Óntica llama “movimiento impactal” en lugar de la nueva consideración de movimiento de esta mecánica, el denominado “movimiento substancial”, mucho más profundo, como decía, y que es capaz de dar la vuelta a toda la ortodoxia cosmológica actual.

Detalle matemático, con ayuda del ordenador, de los diferentes resultados que la fórmula M=Mo/RAIZ²(1-V²/C²) explicada líneas arriba, no demuestra la imposibilidad de que se pueda superar la velocidad de la luz sino, más bien al revés. En la tabla se ve que la fórmula dará resultado imposible (resultado cero que el ordenador lo expresa así: #¡DIV/0!, siempre que pongamos el límite en los 300.000 km/s, aunque como se ve también, pasaría lo mismo con una velocidad fija de, por ejemplo, 400.000 km/s:

 

   FÓRMULA                                                  RESULTADO

a) Con límite de velocidad en 300.000 km/s:

M = 1 / RAIZ (1-(300.000^2) / (300.000^2))       #¡DIV/0!    

M = 1 / RAIZ (1-(200.000^2) / (300.000^2))    1,3416408    

M = 1 / RAIZ (1-(   2.900^2 ) / (300.000^2))    1,0000467    

M = 1 / RAIZ (1-(           1^2) / (300.000^2))                  1  

 

b) Con límite de velocidad en 400.000 km/s:

M = 1 / RAIZ (1-(400.000^2) / (400.000^2))        #¡DIV/0!   

 

c) Con límite de velocidad en 100 km/s:

M = 1 / RAIZ (1-(100^2)/(100^2))                        #¡DIV/0!  

M = 1 / RAIZ (1-(230^2)/(100^2))                         #¡NUM!

 

En definitiva que los agujeros negros existen porque existe la limitación de la velocidad de la luz que no puede sobrepasar los 300.000 km/s ni aquí ni en ninguna parte de la infinitud del cosmos, tal como Einstein lo postuló con su segundo principio de la teoría de la Relatividad que dice: "La constancia de la velocidad de la luz en el vacío independientemente del estado de movimiento del cuerpo emisor". Lo que hace que, en unas condiciones excepciónales si la velocidad de escape del lugar fuera superior a la velocidad propia de la luz, resultaría que al no poder escapar la citada luz, no se detectaría la presencia del cuerpo que intentaba emitirla. Los humanos dependemos de la recepción de luz, para conocer algo de nuestro entorno cósmico.

Para terminar, añadir que toda esta fenomenología moderna de agujeros negros, big-banes, velocidades lumínicas (C2) a medida y gusto del humano, mecánicas relativistas y cuánticas, sólo tienen cabida en una Ciencia que considera los fenómenos físicos sueltos e independientes sin apenas relación entre ellos. Dentro de lo que debería ser y ya es, una teoría unificada de la materia (La Ontofísica), nada de todo esto que defiende la Ciencia ortodoxa de hoy, podría darse. Una tan descoordinada y caprichosa fenomenología, en este caso la de los “agujeros negros”, es solamente resultado de una perspectiva de muy poca altura. Un poco “relativa” y un mucho “cuántica”, diría yo.

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Página nº 18:

 

Determinismo en la física clásica: Laplace vs., Popper o Prigogine.

 

 

Autor: Martín López Corredoira.

Instituto de Astrofísica de Canarias. C/.Vía Láctea, s/n.

38200-La Laguna (S/C de Tenerife)

 E-mail: martinlc@ll.iac.es

 

Resumen:

Pretende mostrarse en este artículo que la física clásica[1] no deja lugar para el indeterminismo, tal como Laplace proclamó hace casi dos siglos. No se discute aquí la validez de la física clásica; el objetivo es mostrar que ésta es un modelo del mundo determinista, y si el mundo responde a este modelo o no es otro tema. Algunos autores, como Popper o Prigogine, han intentado rebatir este determinismo en la física clásica en base a argumentos tales como la existencia de sistemas con bifurcaciones, la flecha del tiempo, el caos, etc. Muchos filósofos postmodernos también han elegido el tema del caos para defender ciertas ideas tan confusas como erróneas (“en río revuelto ganancia de pescadores”). Sin embargo, aquí se mostrará que todo lo que están haciendo estos autores es básicamente confundir de manera inapropiada el determinismo con la predictibilidad, y que Laplace estaba más en lo cierto que sus detractores.

1.     Determinismo de Laplace

La física clásica describe una realidad independiente del observador, una realidad fuera de nosotros, en el espacio. El sujeto es un espectador, el acontecer físico está al margen del espectador. La imagen del sistema del mundo plasmada en el tercer libro de los Principia (Newton 1687) era la imagen sólida y exacta de una máquina, regulada por leyes matemáticas inmutables, de ahí que se designase como “Universo máquina” tal cosmovisión (Casini 1969).

El determinismo suele estar asociado al mecanicismo aunque no siempre son equivalentes; por ejemplo, en la mecánica cuántica no lo es. En el caso de la mecánica clásica sí hay tal identidad. Los mecanismos se rigen por leyes causales exactas, y por tanto sujetas a una necesidad o determinismo.

A pesar de que hay muchos tratados filosóficos acerca de la cuestión del determinismo, pienso que la mejor explicación del término viene dada por su descripción en términos físicos derivada de la física clásica. Es lo que se suele conocer como determinismo de Laplace, porque fue este científico quien lo subrayó de entre las consecuencias derivadas de la mecánica de Newton. De hecho, muchas de las doctrinas calificadas de deterministas son una extensión del modo como se ha entendido la estructura de la mecánica clásica.

Todo sistema físico, para Newton, se podía reducir a un conjunto de N partículas puntuales en el espacio y sus interacciones. Vemos pues, una expresión de reduccionismo anterior a que se hiciese uso común del término. Cada una de las partículas i posee una determinada masa, mi, y una posición en el espacio tridimensional que varía continuamente para cada instante de tiempo, ri(t). Otras características cinemáticas de la partícula, como la velocidad o la aceleración, no son sino la derivada primera y segunda con respecto al tiempo del vector-función ri(t). También, posteriormente a la época de Newton, se introdujo dentro del marco de la mecánica clásica la carga eléctrica de la partícula como otro número asociado a cada partícula, y asimismo otras cantidades características de las partículas, aunque éstas se suelen englobar en el conocimiento derivado de la mecánica cuántica y no la clásica.

En un sistema de N partículas cerrado[2], las trayectorias ri(t) siguen la leyes de Newton que se describen, expresadas de modo matemático, como:

                                                                 (1)

donde  y  simbolizan las derivadas primera y segunda respectivamente con respecto al tiempo del vector-función r, y F son los vectores-fuerza función de la posición y velocidad de las otras partículas j¹i con respecto a la partícula i, y el tiempo t. Las funciones Fi son relaciones numéricas exactas, de modo que dadas las posiciones de las partículas y sus derivadas, las velocidades, los valores de las tres componentes de la fuerza Fi que afecta a cada partícula estarán determinados para cada instante de tiempo.

Hay 3N ecuaciones diferenciales de segundo orden, pues es una ecuación vectorial para cada partícula, lo que suponen tres ecuaciones escalares cada una dado que los vectores pertenecen a un espacio de tres dimensiones. Un sistema como éste tiene solución única (Þ $ o ri(t) " t) si: 1) se conocen 6N condiciones iniciales, concretamente los seis números dados por la posición y la velocidad () para cada partícula, en un instante dado t0; 2) las posiciones ri son derivables dos veces. La segunda condición se cumple siempre y cuando se puedan encontrar las fuerzas entre partículas, y esto se cumple siempre que no aparezcan divergencias—o sea, valores infinitos—en el modulo de la fuerza.

Si la interacción entre partículas fuese gravitatoria, por ejemplo, aparecerían divergencias cuando dos partículas ocupasen exactamente la misma posición; al ser su distancia nula y la fuerza entre ambas inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, ocasionaría una interacción de amplitud infinita. Sin embargo, debido a la existencia de fuerzas repulsivas, tales como la repulsión de las cortezas atómicas constituidas por electrones entre distintos átomos, no tienen lugar los colapsos de infinita aproximación de partículas entre sí. De hecho, no se observan objetos colapsados[3].

En conclusión, uno debe inferir que dadas las posiciones y las velocidades de todas las partículas de un sistema cerrado en un instante de tiempo, quedan determinadas sus posiciones—y por ende su velocidad, aceleración,... derivando con respecto al tiempo aquélla—para todo instante pasado o futuro. También se puede determinar todo el sistema" t dando cualesquiera otras 6N condiciones independientes—no ligadas por las ecuaciones diferenciales—aunque no correspondan a un mismo tiempo. A raíz de lo hasta aquí expuesto, cabe deducir que las leyes de Newton para el movimiento implican que la conducta futura de un sistema de cuerpos está determinada completamente con saber las posiciones y velocidades en un solo instante de tiempo. Ello estaba implícito en la formulación original de Newton pero fue Laplace quien, más de un siglo después, llamase la atención del determinismo presente en la física clásica. Además, Laplace extiende las discusiones hacia otros terrenos que han venido preocupando a  muchos pensadores por el origen de nuestro querer, sentir, pensar, actuar,...:

“Una inteligencia que en un momento determinado conociera todas las fuerzas que animan a la Naturaleza, así como la situación respectiva de los seres que la componen, si además fuera lo suficientemente amplia como para someter a análisis tales datos, podría abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los del átomo más ligero; nada le resultaría incierto y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos.” (Laplace 1814, “De la probabilidad”)

Palabras con intenciones parecidas a las de Laplace tienen precedentes, o expresiones similares, entre diversos autores que consideraron el sometimiento de todos los fenómenos existentes a la necesidad:

“Aunque podamos imaginarnos que nos sentimos en libertad, un espectador puede comúnmente deducir nuestros actos de nuestros motivos y de nuestro carácter; aún si no lo puede, deduce de manera general que él podría llegar a conocer perfectamente todas las circunstancias de nuestra situación y de nuestro carácter, y los más secretos resortes de nuestra constitución y de nuestras disposiciones. Ahora bien, ésta es la esencia de la necesidad.” (Hume 1748, ed. 1975: p. 103)

“Se puede, pues, admitir que si para nosotros fuere posible tener en el modo de pensar de un hombre, tal y como se muestra por actos interiores y exteriores, una visión tan profunda que todo motor, aun el más insignificante, nos fuera conocido, y del mismo modo todas las circunstancias exteriores que operen sobre él, se podría calcular con seguridad la conducta de un hombre en lo porvenir, como los eclipses de sol o de la luna, y, sin embargo, sostener que el hombre es libre.” (Kant 1788, ed. española 1994: p. 125)[4]

“...en planes y empresas propios tenemos en cuenta el efecto de los motivos sobre los hombres con una seguridad que vendría a ser del todo igual a aquella con la que se calculan los efectos mecánicos de los dispositivos mecánicos, siempre y cuando conociésemos los caracteres individuales de los hombres a tratar aquí con la misma exactitud con que allí se conoce el largo y grosor de la viga, los diámetros de las ruedas, el peso de las cargas, etc.” (Schopenhauer 1841, ed. española 1993: p. 72)

Quizás el elemento más original de que dispone el pensamiento de Laplace a este respecto es el concepto de un determinismo sólidamente edificado en la física de Newton, siendo el resto de los elementos una continuación de la tradición filosófica que considera una necesidad omnipresente. Las ideas de un mundo determinista de Hobbes precedieron a la teoría de Newton. El éxito que luego tuvo la visión newtoniana se interpretó como una corroboración de la doctrina determinista. Newton y sus seguidores habían convertido el antiguo programa determinista en una realidad. La unión del atomismo materialista de Demócrito o de Leucipo (en el que todo el Universo era reducido al movimiento de los átomos por el espacio y de que nada ocurre sin una causa siendo todo necesario) con las leyes de Newton, hace a Laplace concebir un comportamiento de la materia compuesta de partículas semejante al de los planetas. La única diferencia es la mayor complejidad de aquélla con respecto a los sistemas planetarios, pues el número de átomos en cualquier sistema físico es enorme, mucho mayor que el número de planetas del sistema solar. Conociendo Laplace el movimiento mecánico de los planetas[5], no dudó en asignarle una categoría semejante a cualquier tipo de sistema físico, a todo lo existente incluyendo los seres humanos.

Ciertas críticas provienen de la idea de que un pensamiento determinado no posee valor. Fue Epicuro quien dijo que un determinista no puede criticar la doctrina del libre albedrío porque admite que su crítica está determinada (Wiggins 1970); afirmar que todo está determinado equivale a afirmar que la afirmación está asimismo determinada y, por lo tanto, quitarle todo valor de afirmación. Y, como Epicuro, muchos otros autores fundamentaron su crítica en esto mismo: Lequier, Bohm (1981, cap. 3),... Me parece una crítica sin fundamento. ¿Por qué ha de perder valor un razonamiento al que se está destinado a llegar? ¿Acaso tienen más valor los razonamientos indeterminados? ¿Por qué? Ante la falta de respuestas a estas preguntas, ante una falta de fundamento en la crítica, no cabe considerarla como tal. No supone ninguna contradicción estar determinados y, arrastrados por el destino, darse cuenta de que estamos determinados. Es totalmente consistente. Uno no puede “elegir” las buenas ideas, pero el destino puede “elegir” a los individuos que han de tener la verdad en sus manos. Unos pocos “elegidos por el destino” tienen la razón y los demás se equivocan. En analogía a la doctrina de Calvino (Harkness 1931), podríamos decir que el camino de nuestra vida consiste en saber si nosotros estamos entre los elegidos, pero no podemos hacer nada para cambiarnos de bando. Suponiendo que el mundo obedece a un determinismo, unos pocos elegidos verían la verdad: que el mundo es determinista, y los demás estarían condenados a las tinieblas de la ignorancia.

El ideal de Laplace aplicado al ser humano no es para algunos más que una atrevida extrapolación. Los autores que se han opuesto al determinismo desde el punto de vista ético y antropológico-filosófico han subrayado que dentro de una doctrina determinista no cabría el libre albedrío. El humano existir, según estos pensadores, no es comparable a ninguna de las cosas naturales y, por lo tanto, no pueden aplicarse al mismo las categorías aplicables a tales cosas. Este tipo de críticas antirreduccionistas son prejuicios sin fundamento, no tienen base de crítica.

La única crítica a considerar es la negación del determinismo en el hombre: o bien porque es falso el reduccionismo del hombre a un sistema físico, o bien porque las leyes de Newton no son deterministas u otras leyes deben substituirlas. Es precisamente el indeterminismo de la mecánica clásica lo que estamos analizando en este artículo, descartándolo. Los prejuicios antirreduccionistas, si se refieren a la ontología, no son más que meras opiniones al margen de la ciencia. La única defensa coherente de un indeterminismo residiría en la mecánica cuántica.

 El prestigio que alcanzó la visión determinista fue en aumento en el curso del s. XIX cuando áreas de la física que parecían no cuadrar con la concepción determinista (termodinámica, óptica, electromagnetismo) fueron finalmente reducidas a los esquemas de las ecuaciones newtonianas (Fernández Rañada 1982). Ello hizo que el determinismo de Laplace tuviera una repercusión importante en todo el pensamiento científico y fuese punto de partida, a compartir o criticar, de todo aquel que quisiese hablar de determinismo en las ciencias.

Aunque no entro a considerar en detalle la teoría de la relatividad de Einstein, tanto la especial como la general, cabe decir que no añade nada nuevo frente a la física de Newton en lo que al determinismo se refiere. La misma rigidez mecánica de las leyes exactas aparece en su formulación.

2.     Predictibilidad, computabilidad

En las discusiones en torno al determinismo se suelen mezclar otros conceptos bien distintos de aquél, como son la predictibilidad o computabilidad.

“Predictibilidad” o “computabilidad” significa que nosotros, seres humanos, podemos predecir el estado futuro de un sistema físico, podemos calcular los valores de todas sus variables. Es un término que nos habla por tanto de lo que podemos conocer, epistemología, algo diferente a la referencia ontológica del determinismo. Debe quedar claro que “determinismo” es un concepto más amplio que “predictibilidad” o “computabilidad”. Determinismo no implica predictibilidad. Ante todo, hemos de tener claro que un sistema determinista no tiene por qué ser conocible. Puede haber un destino que determine un suceso, pero que el conocimiento de ese destino sea inaccesible, o sea, que no sea predecible. Lo que sí es cierto es que predictibilidad implica determinismo, es decir, si queremos predecir exactamente el comportamiento de un sistema éste ha de estar gobernado por leyes deterministas exactas y nosotros hemos de conocer esas leyes y todos los parámetros que a ellas conciernen. Ésta fue una de las ideas más importantes en la modernidad: que existen unas leyes y que, gracias a la ciencia, las podemos conocer.

Aplicado a la mecánica clásica, podríamos predecir el comportamiento de un sistema cerrado si conociésemos los valores de las posiciones y velocidades de todas sus partículas en un determinado instante de tiempo y pudiésemos resolver el sistema de ecuaciones (1). El hecho de que el sistema esté determinado no implica que nosotros conozcamos su determinación. Cuando Laplace decía “una inteligencia que conociera...” no se estaba refiriendo a los seres humanos, pues nuestro conocimiento siempre estará limitado como seres finitos que somos. Él se refería al determinismo, y esa mención de la superinteligencia omnipredictora sería un modo de expresión para referirse a que la predictibilidad en un Universo determinista es teóricamente posible pero vedada a todos los seres que no sean infinitos. De hecho, él afirma que la posibilidad de alcanzar la certeza absoluta está completamente cerrada para el hombre y que a lo más que puede aspirar es a obtener un conocimiento meramente probable. En ningún caso, según interpreto en sus lecturas, hay que entender la afirmación de Laplace como la afirmación de nuestra capacidad predictiva sin límites. Bien conocía él que el número de átomos en unos pocos gramos de materia es del orden del número de Avogadro (NA=6.2 1023), y que el conocimiento de las posiciones y velocidades de tales sobrepasa en mucho cualquier esfuerzo humano. Es así que el párrafo sobre la superinteligencia continua diciendo respecto a los seres humanos:

“...Todos sus esfuerzos por buscar la verdad tienden a aproximarlo continuamente a la inteligencia que acabamos de imaginar, pero de la que siempre permanecerá infinitamente alejado.” (Laplace 1814, “De la probabilidad”)

En relación al tema de la libertad, diversos autores constatan que existe una contradicción entre la predictibilidad—que implica determinismo y niega la libertad—y la aparente opción abierta de poder cambiar los hechos predichos cuando está en nuestra mano hacerlo. Si un hombre está determinado y puede conocer sus acciones futuras—dicen—entonces las podrá cambiar, podrá decidir el contradecir a su destino y entonces hay una contradicción con el destino fijado previamente (MacKay 1967). Por ejemplo, Penrose expresa:

“Me parece que si uno tiene determinismo fuerte, pero sin muchos mundos, entonces el esquema matemático que gobierna la estructura del Universo tendría probablemente que ser no algorítmico. Por otra parte, se podría en principio calcular lo que se va a hacer y se podría decidir hacer algo diferente, lo que sería una contradicción entre el libre albedrío y el determinismo fuerte de la teoría. Introduciendo no computabilidad en la teoría se puede evitar esta contradicción.” (Penrose 1989, vers. inglesa ed. Vintage: p. 560)

Así es. Se puede estar determinado y ello no implica conocer tal determinación. Y además, es necesario que se cumpla el destino conocido de la determinación, de lo contrario no falla la determinación sino nuestro conocimiento de él. Gödel expresaba que puede haber una teoría determinista que explique la conducta de un ser humano en base a su herencia genética y su entorno, pero la persona no la puede aprender para poder cambiar su destino, a menos que uno no quiera cambiar su destino y ese no querer cambiarlo esté también predestinado (Rucker 1983). En efecto, aunque el determinismo no tiene por qué llevar a contradicciones, la total predictibilidad por nosotros—si nosotros fuésemos esos demonios de Laplace, y pudiéramos cambiar el destino—sí sería contradictoria. Pero es que nosotros no somos demonios de Laplace y si lo fuésemos lo seríamos pasivamente para ver transcurrir cualquier acontecer sin que nada pudiéramos cambiar.

(Por limitación del espacio destinado a ensayos, el artículo termina aquí; pero para el que desee la lectura completa de un ensayo tan documentado y objetivo, cuento con el permiso de su autor, Martín López, para enviar el ensayo completo al que me lo solicite a  2013santiag@gmail.com. Recibirá una versión en PDF completa.)

                                                                  +++

[1] Se denomina física clásica a aquella que no posee elementos de física cuántica. Se incluye también la teoría de la relatividad como física clásica.

[2] No hay interacción ni intercambio de partículas con el resto del Universo fuera del sistema en cuestión. Ante la duda de si es posible concebir un sistema totalmente cerrado, podríamos agarrarnos a la certeza de que existe al menos uno: el Universo entero, dado que éste, por definición, no puede intercambiar nada con otra cosa que no sea él mismo pues no existe más que el Universo mismo.

[3] La teoría de la relatividad general habla de la posible existencia de unos objetos colapsados gravitatoriamente llamados “agujeros negros”, pero la corroboración empírica de su existencia todavía es un tema pendiente. Además, las condiciones de la materia en instantes próximos al colapso deberían ser explicadas por una teoría más amplia que la mecánica clásica: una gravedad cuántica, la cual se haya actualmente sin desarrollar. En cualquier caso, éstos son temas que se alejan del propósito de descripción de la mecánica que parte de las ideas de Newton.

[4] La libertad atribuida de la que habla Kant es de tipo moral y la concibe en otro mundo fuera de los fenómenos, fuera del alcance de la física por tanto. Ha de negar pues la compatibilidad del determinismo de la mecánica clásica y la libertad concluyendo un dualismo.

[5] Precisamente fue Laplace quien resolvió las ecuaciones que explicaban los movimientos del sistema solar por completo y su estabilidad en base a leyes físicas y sin ningún elemento extraño a éstas. Newton había observado anomalías en los movimientos de Saturno y Júpiter, de las que su sistema no podía dar cuenta, y esto le había llevado a pensar en la necesidad de una Mano Poderosa que debía intervenir para volver a colocar en su sitio los cuerpos que se habían desviado. Laplace logró demostrar, ya en 1773, que los movimientos y las distancias medias entre los planetas son invariables o están sometidas a pequeñas variaciones periódicas. Posteriormente, entre 1784 y 1787, logró demostrar que no eran más que perturbaciones periódicas que dependían de la ley de atracción. Esto le permitió concluir que el sistema era estable y Dios una hipótesis inútil. Es bien conocida la anécdota (Bell 1961; Harre 1972) de que Laplace, una vez resueltas esas ecuaciones, presentó a Napoleón su trabajo. Ante la pregunta del papel que se le reservaba a Dios en la ordenación de tales movimientos, contestó orgulloso que Dios era completamente innecesario. Dios es innecesario para la mecánica del mundo, y el alma o mente es innecesaria para la mecánica de los cuerpos humanos; todo sistema físico se rige por sí solo sin necesidad de espíritus que intercedan. Tal es la feliz idea del materialismo, que tuvo en la Francia de los tiempos de Laplace un auge espléndido.

 

 

 

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Página nº 19:

Carta a un potencial mecenas de hoy.

(Publicado en septiembre de 2014 en Revista Rincón del P.)

 

 

Señor “Mecenas”:

             Ya hace muchos años, leí y estudié el libro “Biografía de la física” de George Gamow, contemporáneo de Einstein con el que éste físico de origen ruso habló muchas veces. En el capítulo de esta obra dedicado a Albert Einstein y la Relatividad, terminaba con un apartado referido a la “Teoría del campo unificado” que me puso en guardia sobre las limitaciones de los conocimientos de toda ciencia oficial. Extraigo el fragmento siguiente:

             Einstein trabajó en la llamada “teoría del campo unificado”, es decir, la teoría que unificaría los campos gravitatorios y electromagnéticos sobre una sencilla base geométrica. Pero, conforme pasaban los años, la tarea se fue haciendo cada vez más imposible. Constantemente publicaba nuevas fórmulas que, a su juicio, iban a resolver el enigma de la teoría del campo unificado... pero siempre resultaba que las fórmulas no eran adecuadas...”

             Fue, pues, tras la lectura y posterior reflexión del escrito anterior, cuando en mí se desmoronó el mito y con él, la fe ciega que hasta entonces dedicaba a la ciencia de la Ciencia. Comprendí que los genios no existen y que tienen sus limitaciones, que el problema de la búsqueda de lo que llamamos realidad era y es, simplemente, un problema de investigación y tesón, dentro de un marco subjetivo de intuición e imaginación. Es en este nivel donde hay que inventar nuevas concepciones. Luego el tomarlas o no como realidades, en cierto modo, es accesorio. Hasta la fecha, que yo sepa, nadie puede afirmar que su realidad científica es la realidad absoluta. Esto sólo se da en la dogmática religioso-política. En el conocimiento científico, actividad fundamental de algunos cerebros humanos, también hay dogmatismos de parecida raigambre en el fondo que los mitos religiosos. ¡Somos mitómanos por naturaleza! Al final los mitos también caen. Caen en individualidades que su genética predispone al escepticismo, frente a las grandes mayorías a las que no les gustan los cambios y mantienen, por tradición, los errores míticos heredados del pasado. Esta situación, digamos antropológica, hace que los dirigentes ortodoxos de cualquier disciplina, adopten una oposición contra todo lo nuevo que amenacé sus estatus respectivos, relegando al olvido creaciones conceptuales que podrían aportar nuevos vientos al saber filosófico y sofialógico de toda la humanidad. Con estos precedentes, un buen día, me armé de tesón e imaginación y me metí en esto de investigar. Había que buscar nuevas interpretaciones a los "avanzados conocimientos artesanales” de nuestro entorno físico, para explicar problemas transcendentales.

             Disponía de un campo inmenso por donde comenzar. Me decía:

           -Tenemos noticia exacta de la constitución de un átomo y, sin embargo, nadie puede decir cómo es realmente un átomo.

          -El llamado “efecto Doppler” descubre una desviaciones al rojo y, también, al azul del espectro, y deducen que si todo se expande, tuvo un principio y origen explosivo.

          -La ciencia sigue a vueltas con el espacio, que si está vacío o lleno; cantidad de materia;  Planck y sus “cuantos”;  el principio de incertidumbre; la luz y la curvatura del espacio, para justificar la gravedad...

             Desde aquel comienzo que decía antes, han pasado más de cuarenta años. Si esto no es tesón, ya me dirán lo que es. De estos largos años de dedicación y estudio, siempre siguiendo el sendero autodidacta de mi propia intuición, el resultado es que coseché el fruto y premio en la forma de una "nueva filosofía científica"  a la que puse por nombre, “Ontofísica”.

             Hoy día, la ciencia como sabe casi todo el mundo, vive a la sombra de dos teorías fundamentales. Cada una de las cuales explica, a su manera, las dos grandes parcelas del saber: el macrocosmos y el microcosmos; pero es evidente, al menos para mí, que, aunque son importantes sin embargo, no son capaces por sí solas, de abarcar el conjunto de fenómenos físicos, cayendo ambas en el vicio subjetivo de considerar al ser humano el centro de la existencia, separando, a causa de esta ubicación geográfica nuestra, las cosas según su posición a derecha o izquierda de ese centro universal humano, lo que subjetiva tanto sus propias explicaciones que a poco que uno objetive todas esas ortodoxias oficiales de las que se alimenta todo el género humano, salvo excepciones, le será fácil descubrir el cúmulo de contradicciones y, como dicen ellos, “anomalías” que todo su saber científico-teórico actual tiene.

             La sofialogía ontofísica desplaza a éste -al ser humano se entiende, como en su día Copérnico desplazó al planeta Tierra, también de su centro absoluto y universal- al lugar físico que le pertenece. Un lugar dentro de la gran progresión "matemática" que es el devenir físico de todo y explica, también, el origen y formación de los mundos y átomos, partiendo de unos postulados nuevos con los que no necesita, pues, ampararse en explosiones a lo "big-bang" y cataclismos universales. La Ontofísica explica por igual los elementos del macrocosmos y microcosmos, eliminando esa división artificiosa, en la que se incluye, evidentemente, el mismísimo “mesocosmos” en el que presuntuosamente parece reinar el auto-proclamado “Homo sapiens”.

             Mi teoría Ontofísica deja el parámetro luz de lado, situándolo en su justo valor: un efecto y, no una causa. Categoría a la que fue elevada por los científicos relativistas, principalmente por Albert Einstein, originando con ello toda una "metafísica de la ciencia". A pesar de que éste, seguidor en sus orígenes del positivista Mach, intentara mantenerse en la línea de un positivismo realista y que sus teorías relativistas, ¡oh paradoja!, nacieran para oponerse a espacios y mundos absolutos newtonianos.

             Mi sofialogía Ontofísica ha creado unas coordenadas -”Coordenadas ónticas” (ver figura adjunta)- que sitúan en un espacio y en un tiempo "sistemal" relativo, todas las "unidades-sistemales" que es como se organiza la materia en mi nueva mecánica llamada “Mecánica óntica”, sin tener que recurrir a complicados tensores métricos distorsionadores de la realidad objetiva y origen de complicadas fórmulas matemáticas; muy útiles, sobre todo, como juego ídem para alumnos avanzados.

             Mi sofialogía Ontofísica, objetiva todo el bagaje cultural humano, lo que significa que no hay apriorísticas revelaciones ni "eseidades" subjetivas, sino que todo ese bagaje cultural, es, nada más y nada menos, el esfuerzo de un homínido por tomar plena conciencia de su entorno mediato, inmediato y ultra-inmediato. Las culturas que perviven con nosotros son las ramas de ese “gran árbol” que va creciendo hacia un conocimiento positivo pleno y único.

             Cuesta mucho esfuerzo lograr avances en la ciencia humana, es cierto; pero uno cuenta con la voluntad y el tesón para lograrlo; pero ¡demonios!, cuesta mucho más que estas novedades sean reconocidas y admitidas porque contra lo que se enfrentan es contra la opinión establecida como ortodoxa. Cuanto más heterodoxas sean esas novedades científico-sofialógicas, mayor será la oposición natural. Gente como el que escribe, sólo cuenta con el providencial humano que tenga la capacidad sincera de entender lo nuevo y, además, los medios para facilitar su conocimiento a los demás, que es lo que me ha impulsado a escribir esta especie de petición de auxilio a un potencial mecenas. Un mecenas de razón fría y reflexiva que no la tengan contaminada con los prejuicios culturales que dan a las personas, sus muchos años vividos a las sombras de unas teorías asumidas desde la niñez.

(Barcelona 13 02 2004)

 

 

 

 

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Página nº 20:

 

Fundamentos de Hª de la estética

 

María Llopart Moreno  NIUB: 16477425

 

 

La Poética de Aristóteles y Peter Brook

Experiencia estética y lenguaje universal en el arte teatral.

El objetivo principal de mi trabajo es analizar la Poética de Aristóteles junto al trabajo de Peter Brook. Por lo tanto, no se trata de autores coetáneos ni tampoco sabemos si existe realmente relación entre ellos en tanto que Peter Brook parta o utilice Aristóteles en su trabajo. No tratamos, pues, de establecer una conexión directa sino de enriquecer lo que sabemos de los dos autores poniéndolos en relación para saber en qué se diferencian, en qué no y por qué.

Para el análisis del trabajo de Peter Brook nos encontraremos con la dificultad de que no podemos conocer su obra de primera mano por su naturaleza efímera y porqué sus trabajos más importantes se llevaron a cabo durante las décadas de los 70 y 60 del siglo pasado. Así pues, nos centraremos en las publicaciones Conversations with Peter Brook, 1970-2000  en la que Margaret Croyden recoge entrevistas hechas a lo largo de los años 1970 y 2000; y El espacio vacío, el libro más importante de Brook dónde realiza un análisis del teatro dividiéndolo en cuatro tipos.

En cuanto Aristóteles, nos centraremos en la Poética por lo que debemos destacar algunas cuestiones primeramente. Se trata de un texto que comporta dificultad en su interpretación motivo de que usemos otros autores modernos que analicen este texto y podamos, así, tener una visión más amplia.

Tal y como dice Trueba (2004:7), en el tratado de Aristóteles encontramos muchas de sus afirmaciones sin esclarecer razón que ha llevado a la discusión acerca de si se trata de una crítica literaria o un tratado de la poesía como lenguaje filosófico universal. Por esta razón, centraré el trabajo entorno al análisis de la experiencia estética por un lado y, por otro, de la posible filosofía o lenguaje universal detrás del teatro.

En referencia  a la experiencia estética, debemos hablar del término catarsis al que Aristóteles se refiere en el capítulo tercero de la Poética. Según el texto (1979:39), se dice que es “la representación de una acción memorable y perfecta, de magnitud competente, recitando cada una de las partes por sí separadamente, y que no por modo de narración, sino moviendo a compasión y terror, dispone a la moderación de las pasiones”.

Ahora bien, nos volvemos a encontrar con el problema de la traducción. Trueba (2004:44) dice que desde el Renacimiento se ha relacionado este término con las emociones como purgación de las propias emociones y aunque se trata de una lectura que ha sido revisada e incluso criticada, permanece por falta de conclusiones lo bastante sólidas. Para Trueba, la mejor interpretación es la de Kommerell que relaciona las confusiones con los problemas de los traductores antiguos y renacentistas que confundieron que las pasiones purifican las mismas pasiones en cambio de que las pasiones purifican de las pasiones.

Por otro lado, Trueba (2004:44) recoge algunas otras lecturas como la de Lessing de equilibrar las pasiones, Schelling que defiende la educación moral como objetivo, Bernays como cura de las emociones perturbadoras o Golden como una clarificación intelectual para poder analizar y comprender la condición humana.

Todas las lecturas tienen en común, por lo tanto, la emoción del espectador y la purgación pero no hay unidad en tanto qué es lo que se purga y su objetivo. En referencia a la emoción, no cabe duda que Aristóteles presenta la experiencia teatral como una preparación del terreno para llevar al espectador a un estado determinado mediante el terror y la compasión. Por lo tanto, la experiencia estética del teatro requiere lo que Brook llama “responsabilidad” (1973:49 y 50).  El teatro debe trabajar para crear un instante que debe ser aprovechado. En Aristóteles sólo podemos afirmar que se debe aprovechar con la catarsis y Brook tampoco termina de definir su objetivo último en la experiencia del espectador.

También en referencia a las emociones que se despiertan en el espectador, debemos tener en cuenta lo que Kosman dice en Acting: Drama as the Mimesis of Praxis (1992:63): la experiencia de las emociones es diferente en un contexto teatral de mímesis. Nuestras respuestas emocionales a eventos trágicos no serían “apropiadas” en un contexto real y hace hincapié en el placer que se siente al ver el hecho trágico.

En relación al placer, para Trueba (2004:57) es una respuesta sólo susceptible de producirse ante un hecho mímico por lo que no podemos comparar el placer sentido con lo trágico con el placer sentido ante una situación real.

Vemos por lo tanto, que tanto Trueba como Kosman hacen una diferenciación entre las emociones en un contexto teatral y en uno real. De hecho, para Aristóteles (1979:90) una obra no debe ser fiel a la realidad como lo hace la epopeya, sino que el hecho mimético es diferente en la tragedia; en ella la vida es abreviada, se hace una síntesis por lo que la experiencia resultante no parte de la realidad sino de una síntesis y las emociones resultantes no son las mismas.

Aunque Brook no habla directamente de la experiencia de placer a la que se refiere en la Poética, sí hay interés por el teatro como enseñanza de algo pero es una cuestión que analizaremos con detalle más adelante. Lo que sí es cierto es que Brook también se aleja de la idea de mímesis como “cuarta pared”. En su conocida puesta en escena de Midsummer night’sdream (Margaret Croyden, 2003:5), en la que el espacio escénico consistía en una gran sala cúbica blanca, se usaban acciones no fieles a la realidad para crear determinadas experiencias al público. Este es el caso de la escena en la que los personajes se balanceaban en unos columpios situado encima las cabezas del público, de esta manera, el público mezcla una reacción de la realidad (la tensión de sentir alguien balanceándose encima) con la emoción de la ficción (la fragilidad e incerteza del amor y la sexualidad).

Brook en referencia a la experiencia tiene muy en cuenta la predisposición del espectador y su clasificación de los cuatro tipos de teatro se basa en gran parte en lo que el espectador busca en el acto teatral. Por lo tanto, la experiencia estética en Brook responde a las necesidades del público y no a lo que cree el poeta que debe ofrecer como es el caso de Aristóteles. Como vemos en el capítulo sexto de la Poética(1979:87), es el público que debe adaptarse a la obra. En cambio, la epopeya es presentada como un arte menor porque se creó teniendo en cuenta un público razonable pero que busca un mensaje fácil de encontrar, más palpable.

En relación a esta última idea sobre la experiencia como la interpretación de un símbolo, encontramos también diferentes lecturas. Trueba (2004:87) diferencia dos vertientes, una pesimista y otra optimista. En la pesimista destaca Schopenhauer en el que lo trágico es un modo de revelación de la verdad de la experiencia humana, su amargura y futilidad. En la optimista encontramos a Nietzsche para el cual la tragedia es algo consolador en tanto que ofrece una visión sublime a través de la belleza de la magia y la poesía que produce en el espectador un sufrimiento que lo aleja de él mismo como individuo para llegar a la lucidez y reconciliación con la vida.

Que Trueba haga esta clasificación nos demuestra que son muchos los que relacionan la experiencia teatral con un conocimiento que además comporta lo que podríamos llamar “oscuridad” al dejar al descubierto la verdadera condición del hombre.

Tal y como dice Suñol(2012:194) para Aristóteles el espectador no debe ser “hacedor” sino ser espectador, esto es, llevar a cabo la actividad humana más alta: la contemplación. Al tratarse de la “actividad más alta”, el espectador necesita bajar, no mantenerse en un nivel constante de lo absoluto. Lo que Brook ejemplifica con las obras de Shakespeare. Tanto el conocimiento cómo el camino hacia él comportan un dolor o sufrimiento que veíamos tanto en la visión positiva como en la negativa. Como dice Brook, la conmoción posibilita al espectador la interpretación de un símbolo que el teatro ofrece y lo simbólico es siempre oscuro porqué sólo en la oscuridad, el espectador puede llegar a diferenciar la luz. Brook ejemplifica esta realidad con la obra Días felices de Beckett (1973:80):

“El optimismo de la mujer medio enterrada no es una virtud, sino el elemento que le ciega la verdad de su situación. Unos pocos y raros resplandores le permiten vislumbrar su condición, pero en seguida los borra con su buen ánimo. La influencia de Beckett sobre algunos espectadores es exactamente la misma ejercida por esta situación sobre su protagonista. […] Lamentablemente, el deseo de optimismo de algunos escritores les impide encontrar la esperanza”

Concluyendo con la experiencia estética, hemos podido ver que tanto en Aristóteles como en Brook, tiene el papel de llevar al espectador a un estado determinado que depende de la responsabilidad del espectador por llegar a un conocimiento o purgación. Por otro lado, Aristóteles analiza lo que él llama la “fábula”, aquello que se representa y cómo se hace, pero no tiene en cuenta la predisposición del público como hace Brook para poder llevar a cabo el objetivo del teatro.

Como decíamos al inicio, son muchas las afirmaciones de Aristóteles ambiguas y todavía hoy sin clarificar. Éste es el caso de las teorías de las que hemos hablado acerca de la diferenciación entre las emociones de la realidad y las del contexto teatral como el placer y también acerca de lo simbólico y su oscuridad.

En relación a la diferenciación de las emociones, Brook no habla de ello directamente pero deducimos de su trabajo (el ejemplo de la dirección de Midsummer Night’s Dream) que sí entiende esta diferenciación e incluso juega con ella en sus obras. Por último, la idea de lo simbólico también es muy presente en Brook y destacamos su defensa de la oscuridad en lo simbólico como hecho positivo.

En cuanto a la tragedia como un lenguaje filosófico universal, también encontramos diferentes posturas acerca de cuál es la idea que hay según Aristóteles y a través de qué elementos se desprende. Cabe destacar la visión de Trueba (2004:79) que defiende que originalmente las tragedias griegas en el contexto de Aristóteles no tendrían un sentido tan complejo como algunos filósofos de la modernidad han visto. Para la autora, las únicas verdades que los griegos pudieron haber reconocido en estas obras son la condición mortal y vulnerable de los héroes “irremediablemente expuesta al error, el dolor y la muerte”

En cualquier caso, partimos de la aceptación de una verdad filosófica en el teatro por lo que analizaremos cuál es el proceso de conocimiento de esta verdad y el tratamiento de lo particular a lo universal.

En relación a ésta última idea, Woodruff (1992:80) afirma que la acción se compone de pequeñas acciones que a su vez están en concordancia con un principio general. Dice que Aristóteles no defiende lo universal como objeto de la mímesis, sino que el objeto es la acción. Las acciones deben ser apropiadas a los personajes y mostrar la posibilidad de esas acciones pero en ningún momento relaciona de manera directa el objeto de mímesis con lo universal. Por esta razón, el autor ofrece su especulación y es que la mímesis en Aristóteles funciona alrededor de la acción del particular porqué sólo estas acciones pueden producir terror y compasión. Por lo tanto, establece una conexión entre el comportamiento humano y lo universal.

Woodruff(1992:86) pone el ejemplo de la muerte, ésta sin ser personificada, como concepto general, no puede causar la suficiente impresión para generar terror y miedo verdadero. No hay impresiones surgidas ante lo universal. El particular hace la función de ejemplificar lo universal.

Brook también hace distinción entre forma (particular) e idea (universal). Esto lo podemos ver en su análisis del Teatro Mortal en el Espacio vacío (1973:7-55) dónde se usan formas y actitudes que han desaparecido de la vida cotidiana por lo que han perdido su sentido. Se trata de formas que pertenecen al pasado y que el Teatro Mortal repite sin reparar en el significado de aquello que hace, un significado que nunca pertenece al pasado.

Además, para Brook (1973:46) el autor, igual que todos los hombres, observa un pequeño fragmento de la vida por lo que debe relacionarlo con una estructura más amplia. Poniendo el ejemplo de Shakespeare, Brook valora que el autor sepa describir algo además de saber escribir; las palabras sólo tienen fuerza en relación a lo que crea el lenguaje teatral.

Referente a la relación de lo teatral con lo universal, hay que destacar la afirmación de Aristóteles (1979:82): "la poesía es más filosófica que la historia". Tal y como dice Trueba (2004:65), esta afirmación es bastante ambigua ya que no se aclara su significado; por esta razón se han llevado a cabo numerosas hipótesis acerca del aspecto filosófico de la tragedia. Para Trueba, en la Poética se dice que lo universal en la tragedia se encuentra en lo que ella llama los "tipos humanos" (2004:78) representados por los héroes como Edipo o Jerjes.

La idea de “tipos humanos” nos conduce a la conceptualización de la realidad. Para Woodruff (1992:86) es necesario para la imitación el estudio de lo que se imita para representar justo aquello que interesa conocer, las formas que sintetizan el objeto. Además, la imagen imitativa permite al espectador el estudio “desapasionado” al tratarse de algo que no está ocurriendo y que no precisa respuesta real por parte del espectador.

En la Poética se hace hincapié en la idea de la síntesis de la realidad, por ejemplo en los capítulos 2.5 o en 3.6 (1979:34 y 43) dónde Aristóteles defiende la tragedia por su naturaleza limitada en cuanto las acciones y su capacidad, por lo tanto, de mantenerse en la memoria de los hombres. Así vemos que hay un conocimiento de la realidad en el acto teatral por su necesidad de síntesis pero también por permitir al espectador el estudio “desapasionado” de la realidad representada.

Ahora bien, acerca de cuál es el conocimiento de lo universal que se desprende del teatro, hay que destacar el concepto de “autonomía disciplinaria” de Suñol (2012:117); autonomía de la poesía respecto a lo metafísico y a los principios ético-políticos. En la poética, según la autora, se establecen unos criterios de corrección propios de la obra mimética. Suñol va más allá y afirma que en la Poética y las demás obras de Aristóteles, se establecen los cimientos para la emancipación de las artes con sus propios principios de producción y recepción.

Difícilmente encontraremos en Brook el concepto de Suñol teniendo en cuenta que se trata de un autor contemporáneo, por lo que la autonomía del arte es ya completa y no se plantea como novedad. Por otro lado, si tenemos en cuenta el trabajo de Brook con su International Centre of Theatre Research(Margaret Croyden, 2003:23), vemos que sí hay un interés por separar del teatro demás corrientes y lenguajes no estrictamente teatrales y que puedan condicionar tanto la experiencia del espectador como la mímesis de la acción en el actor. Prueba de esto es su trabajo por separar el actor de sus estereotipos culturales y de los sistemas básicos de comunicación para llegar, así, a una creación nueva alejada de un lenguaje específico ya existente fuera del escenario.

Brook investiga con su compañía a partir de las improvisaciones en lo que él llama el “Teatro de Crueldad” (1973:160). Con estos ejercicios se busca la reacción inmediata del actor por su impulso más profundo y creativo.

En el capítulo 3.3 de la Poética (1979:40), Aristóteles acentúa la importancia de las acciones en tanto que son las que realmente miman la realidad por encima de las costumbres, que sólo califican a los hombres. Por lo tanto, podemos decir que en este punto Brook y Aristóteles comparten la idea de la mímesis como forma e idea. La idea en la Poética, según la visión de Suñol, es autónoma en tanto que no se trata de una filosofía como tal sino un conocimiento diferente. Por otro lado, las investigaciones de Brook también siguen el camino para alejarse de demás disciplinas incluidas la filosofía.

En conclusión, aunque el campo de estudio ha sido resbaladizo por las problemáticas que comporta el texto de Aristóteles y la lejanía que existe entre los dos autores, hemos podido observar aspectos compartidos como el caso de la importancia del instante de conmoción y lucidez en el espectador, la diferenciación entre las emociones de la realidad y las del hecho mimético y el interés de crear las acciones a partir de una constante relacionada con lo universal. Por otro lado, los dos autores se acercan al teatro a través de aspectos diferentes: mientras que Aristóteles se preocupa por el autor como escritor de la obra y la fábula, Brook da importancia por encima de todo al espectador y al actor como verdaderos agentes del teatro. Por último, hemos formulado preguntas que no hemos podido responder como cuál es el conocimiento de lo universal que implica el teatro tanto para Aristóteles como para Brook o, lo que es lo mismo, la constante que hay detrás las acciones miméticas.

                                                                                                             María Llopart

                                                                                                                 11/05/2015

 

Bibliografía

1.    Aristóteles: El arte Poética. José Goya y Muniain (trad.), Ed. Espasa Calpe SA., Madrid, 1979 (1948)

2.    Brook, Peter: El espacio vacío. Arte y técnica del teatro. Ramón Gil Novales (trad.), Ed. Península, Barcelona, 1973.

3.    Kosman, Aryeh: “Acting: Drama as the Mimesis of Praxis” en Essays on Aristotle’s Poetics. (págs. 51-74) Ed. Amélie Oksenberg Rorty, Princeton, 1992.

4.    Royden, Margaret: Conversations with Peter Brook, 1970-2000. Ed. Faber and Faber, Londres, 2003.

5.    Suñol, Viviana: Más allá del arte: mimesis en Aristóteles. Ed. Edulp, La Plata, 2012.

6.    Trueba, Carmen: Ética y Tragedia en Aristóteles. Ed. Anthropos, Barcelona, 2004.

Woodruff, Paul: “Aristotle on Mimesis” en Essays on Aristotle’s Poetics. (págs. 73-96) Ed. Amélie Oksenberg Rorty, Princeton, 1992.

 

 

 

 

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Página nº 21:

"REFLEXIONES BREVES"

Presentación.

Inicio esta sección con una serie nueva llamada “Reflexiones breves”, consistente en ofrecer al lector una especie de soliloquios propios sobre los mil y un tema que son materia prima del vivir cotidiano del ser humano de hoy.

Cada una de estas "reflexiones breves" han sido  publicadas en la revista virtual, editada mensualmente en esta misma Web. Como cada mes cambia la revista y su contenido, esta sección se encargará de ir almacenando todas las "reflexiones breves" que se vayan publicando, para que las puedan leer los que lo deseen. 

 

 

Reflexión nº 1: “SOLILOQUIO DE UN JUBILADO”.

 

Ser jubilado es cargar sobre los hombros, como si fuera un sambenito, algo que te marca como un apestado ante el resto de la sociedad, aunque cínicamente hayan elegido la palabra “jubilado” porque se regocijan de que con la jubilación de uno, ellos dispondrán de un nuevo puesto de trabajo. Al jubilado se le aparca en esa especie de limbo en donde debe de esperar hasta que el “cielo de los justos” se apiade de él y… de la sociedad, porque al fin dejará de cobrar una pensión que por otro lado pagó a plazos durante treinta y más años.

Ante la sociedad, un jubilado no puede hacer nada de valor y todo lo que potencialmente pueda hacer, será simplemente para matar el tiempo. Da igual que el jubilado le comente al displicente ciudadano que acaba de terminar una novela o que ha desarrollado una nueva teoría científica con la que se explica una relación matemática entre las órbitas de los planetas, etcétera… ¡Es lo mismo! En la mirada del indiferente y conmiserativa del ciudadano se refleja, lo que luego confirmará la siguiente cantinela: -Algo hay que hacer para llenar el tiempo ¿verdad?

(Publicado en R. Pensador, mes de febrero, 2015.)

Reflexión nº 2: “A cualquier cosa llaman democracia”.

Dime de lo que presumes, dice un refrán, y te diré de lo que careces. Hoy en día, diría que la palabra “democracia” y la entrecomillo, por lo poco representativo que resulta este concepto, en cuanto a lo que se pretende significar con él.

 

Es anecdótico que para algo tan importante en la vida de cualquier ser humano como ser padre o madre y en la de ser votante para elegir al representante que administrará su vida, no se exija nada más que tener mayoría de edad, en incluso, en lo de ser padres, no hace falta ni ese requisito de la edad.

 

¿Entonces, en dónde está el problema? ¿Por qué falla en el ser humano, una fórmula de autogobernarse tan perfecta en teoría como la llamada “democrática” o “democracia”?

 

La respuesta está en la siguiente frase: El ser humano es un ser GREGARIO por naturaleza. Ser gregario significa que por mucho que se hable de igualdades es pura ficción y bajo la condición de gregarios hay dos clase bien diferenciadas dentro del colectivo humano: Los “jefes”, “líderes” o “dirigentes” que representan un porcentaje pequeño del total social que forma una comunidad  o  “grey” y el resto a los que con propiedad, se les puede aplicar el apelativo de “grey”. Y ya sabemos que todo rebaño necesita un pastor. De ahí la inclinación de las masas de todo tipo, religiosas, políticas, deportivas y artísticas, a la devoción o seguimiento de sus “pastores” respectivos. Estos ejercen un casi poder mágico o mítico sobre sus “devotos”. (Para que no haya dudas, grey y gregario, nombre y adjetivo tienen que ver con rebaño, aunque ahora muchos lo confundirán con algo peliculero, ¿verdad?)

En una sociedad no gregaria, la fórmula democrática de elección por la que se asigna un voto a cada individuo, tendría valor porque no se dejarían influenciar por los “jefes” puesto que al no ser gregarios, no habría ni grey ni pastores.

(Publicado en R. Pensador, mes de marzo, 2015.)

 

 

 

 

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